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Thianna

Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau

Parientes reunidos

Era la primera vez en milenios que actuaban abiertamente. Al mismo tiempo que el Puño de Vaul en el sistema de Cadia, La Esperanza de Lileath y el Corazón de Isha emergieron con su escolta desde la Telaraña. Las dos enormes Naves-Hogar de los Ëaressi dejaron que dos de los cuatro cruceros y varias de las fragatas que las rodeaban avanzasen cautelosamente delante de ellas. No esperaban un enfrentamiento, pero el Capitán Athareas no quería sorpresas.

El Viejo Capitán de Guardianes, mentor y amigo del Kano Ëaressi, observó el espacio desde el mirador principal de La Esperanza, en el Jardín del Silencio. Aún estaban demasiado lejos para ver nada a simple vista, ya que prefería que fuesen detectados e identificados con tiempo. Eso evitaría problemas.

- ¿Y las naves de Jeriah? - preguntó a un subordinado sin dejar de mirar a través del mirador.

- Partieron en cuanto salimos de la Telaraña, Señor... - dudó un momento - ¿Enviamos ya la señal? - el subordinado, un joven guardian, parecía nervioso.

- Seguramente ya sabrán que estamos aquí pero... - Athareas se volvió hacia su subordinado - Sí, enviadla. No quiero que nos consideren unos maleducados - El subordinado susurró algo a través del microtransmisor que llevaba en la mano.

- La señal ha sido enviada - seguía habiendo dudas en la voz del joven guardian.

- Tranquilízate. Seguramente nos esperan. No hay nada que temer - dijo el Viejo Guardian para tranquilizarlo.

- ¿Y si ellos también...? - el guardian no acabó la frase.

- ¿Ellos? No te preocupes - Athareas miró al joven - Lord Eldrad apreciaba al Kano Sayëan y no... - frunció el ceño. El joven guardian miraba fijamente hacia el gran ventanal que daba al espacio, tras Athareas. Sus ojos mostraban miedo. Athareas se giró.

Decenas de naves, incluidos varios grandes cruceros, aparecieron de la nada, en una obvia actitud hostil. Las estilizadas formas tomaban posiciones alrededor de la flota Ëaressi. Superaban ampliamente a la escolta de las dos Naves-Hogar.

- Abre un canal - dijo con firmeza el Viejo Guardián. El joven subordinado tecleó tembloroso en el pequeño teclado que llevaba unido a la muñeca. Un suave pitido en el oido de Athareas le indicó que podía hablar. Se ajustó el micrófono con calma y cogió aire.

- Saludos - empezó con tono tranquilo - Soy Athareas de Thianna, Capitán de los Ëaressi Falakiri. Solicito audiencia con el Concilio. - esperó. La respuesta no tardó en llegar, y la gigantesca mole de Ulthwé fue ocupando poco a poco todo el ventanal.

El Puño de Vaul

El plan seguía su curso. Las fragatas activaron sus sistemas de ocultación y desaparecieron de los sensores del Regos. A partir de ahora las fragatas serían invisibles para los Humanos y, al menos eso esperaba Sayëan, para las fuerzas del Caos. Sin embargo, en previsión de sorpresas desagradables, la segunda parte de su plan se pondría en marcha en breve.

- Kano, el Puño de Vaul está a punto de llegar - dijo el oficial de comunicaciones.

Sayëan se acercó al puesto del oficial de sensores y observó las runas en pantalla. Seamus se llevaría un buen susto. Sonrió ligeramente pensando en la cara que pondría su amigo.

- Entrada en... - el oficial volvió a hablar - ...3... ...2... ...1...

La pantalla principal del puesto de sensores mostró lo mismo que en estos momentos estarían percibiendo los augures del Regos, y con suerte, los de todas las naves imperiales y del Caos por todo el sistema.

El Puño de Vaul y su escolta emergieron desde la Telaraña, descarados y desafiantes. El crucero, no tan grande como sus contrapartidas humanas pero aun así imponente, cruzó el Espejo licuando el vacio a su alrededor. Las ondas producidas por el agujero en el tejido del espacio real se extendieron instantánemente por todo el sistema, aunque el resto de señales tuviesen que conformarse con viajar a la velocidad de la luz.

Por todas partes las alarmas saltaron avisando que algo había entrado en el espacio real. Las armas se cargaron, los sensores giraron para encarar al nuevo intruso, y los monstruosos motores de las naves, tanto imperiales como caóticas, las impulsaron para reordenar sus posiciones. En el Regos, Seamus Fansworth, aunque sorprendido en un principio, tardó apenas unos segundos en comprender lo que pasaba, y sonrió para sus adentros.

Durante varias horas el Puño de Vaul avanzó sin tratar de ocultarse a todo aquel que quiso observarle, dando tiempo a que los interesados en su presencia se acercasen. Sayëan siguió su avance y el de los perseguidores desde el puesto de sensores de la fragata mientras esta y sus dos acompañantes avanzaban a toda máquina hacia Cadia protegidos por sus sistemas de ocultación. La distracción estaba funcionando. Incluso mejor de lo esperado.

Cerca de Cadia un escuadrón de la Flota Imperial aprovechó la distracción de las fuerzas del Caos que acosaban el planeta para lanzar un contraataque, destruyendo un crucero pesado, parte de sus escuadrones de escolta y permitiendo que varios convoyes de ayuda descendiesen sobre la asediada superficie. En Kars Galedon agradecerían los primeros suministros que recibirían en meses.

El Puño de Vaul trabó contacto con las fuerzas del Caos cuando las fragatas de Sayëan ya tenían a la vista la superficie de Cadia. El Puño tenía órdenes de distraer tantas fuerzas navales como le fuese posible, de cualquiera de los dos bandos. Su objetivo secundario era aliviar, aunque fuese ligeramente, la presión sobre las fuerzas de Cadia. Sayëan y el capitán del Puño sabían que eso no supondría demasiada diferencia en el enfrentamiento. Una sola nave de guerra no iba a inclinar la balanza del lado Imperial, aunque a Sayëan le hubiese gustado que sí, pero de algo serviría.

De todos modos, el objetivo principal ya estaba casi cumplido. Sin oposición ni ser descubiertas las fragatas se acercaron a la atmósfera de Cadia y soltaron su carga. A continuación se alejaron a toda máquina tras avisar al Puño de Vaul de que, como hubiese dicho Seamus, el paquete había sido entregado.

Nada más salir de las bodegas de las fragatas los Transportes Rompedores realizaron un pequeño salto desde la alta atmósfera del planeta hasta unas decenas de metros de la superficie. En las pantallas del sistema de defensa cadiano y de las naves circundantes sólo apareció un leve destello que los pocos técnicos que lo llegaron a observar clasificaron como un eco fantasma.

En el espacio, el Puño de Vaul destruyó un crucero del Caos y dañó gravemente un acorazado antes de recibir la señal de las fragatas. Su capitán ordenó mantener la posición durante unos minutos más, dando tiempo a las fuerzas imperiales a aprovecharse de la situación. Cuando los escuadrones imperiales se acercaron para rematar al acorazado el Puño de Vaul viró y saltó de nuevo hacia la Telaraña. Su capitán supuso que los imperiales les considerarían unos cobardes por huir, pero tenía la esperanza de que alguno de ellos pensase "Al menos nos han echado una mano". Quien sabe, tal vez el Puño de Vaul volviese algún día para ofrecer su ayuda a Cadia.

En el límite del sistema, el Regos permaneció oculto un poco más, esperando algún indicio más de actividad. Al cabo de unas horas Seamus condujo su nave de nuevo al espacio disforme para encaminarse a un sistema más seguro, no sin antes desear silenciosamente suerte a su amigo Eldar. Sin embargo decidió que no se alejaría demasiado. Tal vez sus servicios fuesen requeridos de nuevo.

En Cadia, desde las portillas del transporte de mando Sayëan observó la devastada superficie mientras se dirigían a toda velocidad en vuelo rasante hacia su objetivo. Ahora empezaba la parte difícil.

Un paseo campestre

M'Yen observaba a los pilotos con desinterés. A su espalda las tropas del Shas'El se preparaban para desembarcar. Desde su sitio, normalmente reservado para un Etéreo, podía ver lo que ocurría tanto dentro como fuera del transporte Orca. Dentro, el Shas'El y los suyos revisaban las armas y el plan de despliegue, pero a M'Yen no le interesaban los preparativos militares. Así que poco le importaban tampoco el transporte Mantarraya y la cañonera Cabezamartillo que les escoltaban, o el Barracuda que iba delante, asegurándose de que no les esperaba ninguna sorpresa.

Lo que realmente le interesaba eran las señales recibidas después de colocarse en órbita. Se suponía que el mundo no estaba habitado. Sin embargo había signos de civilización en la superficie. No muy avanzada, a juzgar por las lecturas, pero civilización al fín y al cabo. ¿Habría llegado el Imperio Humano antes que los Tau a este remoto mundo?, se preguntaba M'Yen. Pero las señales no eran las propias de los asentamientos humanos. Eran más... "...refinadas", pensó M'Yen.

- Tres minutos para zona de aterrizaje - informó el piloto con profesionalidad - Lanza Uno informa que todo está despejado - Por las imágenes de las pantallas M'Yen dedujo que 'Lanza Uno' era el Barracuda que actuaba de explorador. Oyó al Shas'El ladrar las últimas órdenes a sus tropas en el compartimento de carga.

- Listos para el desembarco, Por'El - escuchó la voz del Shas'El por sus auriculares, siempre tan profesional... "y aburrido", pensó M'Yen.

- Bien, bien... adelante - respondió con desgana M'Yen.

Sintió la aceleración de la nave en estómago cuando esta empezó a seguir el terreno a baja altura. En las pantallas tácticas a su disposición observó como el Mantarraya y la Cabezamartillo se apartaban y aceleraban aún más para adelantarse y asegurar la zona mientras el Orca esperaba la señal de despejado.

El Mantarraya descendió al nivel del suelo y los exploradores saltaron de él, desplegándose rápidamente hasta los bordes del claro mientras el Cabezamartillo les cubría desde el aire. M'Yen escuchó más órdenes del Shas'El. La compuerta trasera del Orca se abrió y el rugido del viento llegó el compartimento de carga. Las tres primeras Crisis, junto a su apoyo de drones, saltaron de la nave desde más arriba de las copas de los árboles.

- Despejado - informaron los exploradores mientras las Crisis se desplegaban planeando hasta sus posiciones. M'Yen sintió cómo el estómago le subía a la garganta cuando el piloto del Orca lo hizo descender de golpe. Las Crisis tocaron el suelo al mismo tiempo que el Orca.

Cuando M'Yen descendió por la rampa las tropas del Shas'El ya habían asegurado todo el claro y los alrededores. Se cubrió los ojos para protegerlos del sol. La Crisis del Shas'El le esperaba al pie de la rampa mientras el Cabezamartillo daba vueltas sobre el claro. El zumbido de sus motores asustó las pocas bandadas de pájaros que quedaban en los alrededores.

- Posición asegurada, Honorable Por'El - informó el Shas'El, señalando lo obvio.

- Ya lo veo, ya... - Tanta demostración de eficiente inutilidad militar le repelía - ¿Cuándo podremos acercarnos al asentamiento?

- Su transporte está listo - La cabeza de la Crisis señaló el Mantarraya posado a unos metros del borde del claro, rodeado de exploradores que no dejaban de vigilar la espesura.

M'Yen se preguntó por un momento por qué no le dejarían bajar directamente en el Mantarraya en lugar de tener que montar todo este estrafalario espectáculo marcial, pero estaba seguro de que el Shas'El tendría una explicación muy completa y reglamentaria al respecto, así que se abstuvo de preguntar. En silencio caminó hasta el Mantarraya.

Un explorador bajó la pequeña rampa del transporte y M'Yen se dispuso a subir por ella. De pronto la Crisis del Shas'El, que hasta ese momento había caminado a su lado, se tensó y dio un giro brusco. Un instante después un crujido de árboles rotos llegó a los oidos de M'Yen. El Honorable Por'El sólo atisbó a ver el origen del sonido durante un segundo, antes de que uno de los exploradores le empujase dentro del compartimento de carga. Ni siquiera escuchó el 'Disculpe, Honorable Por'El' de disculpa del soldado que le empujó. En su mente sólo veía el enorme reptil que surgió de entre la espesura, y una armadura Crisis entre sus mandíbulas.

Leyes

Era la segunda vez que Seamus veía tantos Eldar juntos. Y la primera no le traía buenos recuerdos. No pudo reprimir un ligero temblor cuando empezó a sentir ese viejo hormigueo en el cuello. Esta vez fue descendiendo por su espalda, sin detenerse, y tuvo que recurrir al pequeño inyector de su muñeca para acallar los temblores. El sargento vessorita que le acompañaba ya estaba acostumbrado a ellos, pero se tensó cuando se dio cuenta de que esta vez eran más violentos.

- ¿Se encuentra bien Señor? - Era curioso ver al rudo hombretón preocupándose de ese modo.

- No es nada. Sólo una corriente de aire - Seamus dejó que el calmante se extendiese por su circulación, adormeciendo sus nervios.

- Siento todo esto, Seamus - El sargento se giró como el rayo, echando mano de su rifle láser recortado. Se sorprendió cuando vio al alto comandante de los Eldar y maldijo por lo bajo su sigilo.

- Tranquilo Jarr. Déjanos solos, por favor - El sargento saludó a su señor con un asentimiento y se marchó a regañadientes - Deberías intentar hacer un poco de ruido, Sayëan - dijo en un susurro - Los vessoritas pueden ser muy susceptibles, y no reaccionan bien a las sorpresas.

- Lo sé. Los conozco - Sayëan siguió con la mirada a soldado mientras se alejaba, y luego dirigió sus ojos hacia el pequeño inyector en la muñeca de Seamus. Por fín, miró a Seamus a la cara - Hicimos lo que pudimos - dijo con cierto reparo.

- ...lo sé, amigo mio. No es culpa tuya... bastante hicísteis - Seamus forzó una sonrisa para tranquilizar a Sayëan - Veo que tu gente se prepara para algo importante - dijo cambiando de tema y señalando con la cabeza la enorme bodega.

Bajo ellos, que estaban en una pasarela a media altura, podía verse la actividad del destacamento que Sayëan había hecho traer. Dos fragatas Ëaressi, además de la que trajo al Kano Ëaressi, descansaban agazapadas sobre el suelo metálico como aves rapaces. Seamus conocía aquellas naves, y las había visto actuar. Su delicado aspecto, típico de los Eldar, escondía una brutalidad abrumadora, incluso para los estándares Eldar.

Sin recursos suficientes para mantener una gran flota, los Ëaressi se habían visto obligados a concentrarse en unos pocos modelos de naves. De hecho, aparte de las fragatas y cruceros, unos pequeños cazas y las grandes naves-hogar (y factoría), Seamus sabía que no había ninguna más. Sin embargo, en contra de lo que se podría pensar, su capacidad naval era sorprendente.

Seamus sabía, porque lo había visto, que las fragatas podían enfrentarse con bastantes garantías y un buen capitán a naves del doble de su tamaño. Sólo había visto una vez un crucero, protegiendo una nave-hogar, pero a juzgar por su tamaño (casi el de su mercante, que tenía más de 2 kilómetros de longitud, y 15 veces superior a las fragatas) serían rival para cualquier nave imperial.

Y no eran sólo las naves. Seamus observó la actividad alrededor de las fragatas. Los casi doscientos guerreros eldar del destacamento se afanaban por prepararse. Unos revisaban sus armas, otros practicaban con ellas en una galería improvisada. Un pequeño grupo, sin duda los oficiales de Sayëan, se habían instalado bajo un ala de una fragata a deliberar sobre sus todavía enigmáticos planes. "¿Para qué vas a Cadia, Sayëan?", pensó Seamus.

Un tumulto llamó su atención. Su mayor sorpresa. Había oido a los comerciantes Tau hablar de ellos, pero nunca había tenido la oportunidad de verlos. Los eldar de Sayëan estaban reforzados por Kroot. El medio centenar que formaban el grupo ahora se agolpaban alrededor de lo que parecía una pelea. En un círculo vacío, dos de aquellos seres altos y fibrosos se gruñían (al menos eso parecía por los gestos) el uno al otro. Sayëan farfulló una maldición en su propio idioma. No quería altercados tribales entre sus aliados.

Seamus apenas sintió cómo su amigo eldar se apartaba de su lado como una exhalación hacia las escaleras. La velocidad del Kano Ëaressi era sorprendente, y en combate... durante un segundo Seamus recordó la primera vez que le vio combatir. Tuvo que administrarse otra dosis de calmante cuando los recuerdos pugnaron por salir de las profundidades de su mente, donde los había confinado desde entonces. Mientras el calmante hacía efecto caminó hacia las escaleras en pos de su amigo.

Cuando llegó abajo el tumulto ya había cesado. El corro de Kroot se había abierto para dejar paso al comandante Ëaressi, que estaba plantado entre ellos sin mostrar ningún temor. Seamus no estaba seguro de que él fuese capaz de eso. Pudo apreciar más de cerca (lo más que había estado hasta ahora) el aspecto de los Kroot. Brutales, salvajes, casi animales. Uno de ellos se giró y le vio observarles.

Todo sucedió muy deprisa, tanto que para que cuando fue consciente de lo que ocurría todo había terminado. Sayëan estaba inclinado junto al kroot, que estaba en el suelo. Y estaba muerto. El ángulo que su cabeza formaba con el cuerpo indicaba claramente que su cuello había sido partido. Sayëan se levantó lentamente y sin mirar alrededor dio dos pasos hacia Seamus. Los kroot que les rodeaban murmuraban.

- ¿Estás bien? - dijo Sayëan preocupado. Seamus aún miraba el cadaver, absorto - Seamus, ¿estás bien? - repitió Sayëan.

- Ssss... si - Seamus miró por fin a su amigo.

- Debiste quedarte arriba - susurró - Son peligrosos.

- Le... le... mataste - Seamus no salía de su estupor - Era de los tuyos y... lo mataste... - Seamus miró de nuevo el cadaver y luego a Sayëan.

- Patrón no matar - el gruñido procedía de la espalda de Seamus, que sin atreverse a volverse miró a Sayëan.

- Tranquilo - Sayëan señaló con la cabeza tras Seamus, que lentamente se volvió. El kroot sólo era ligeramente más alto que él, pero su complexión le recordó... "Orko...", se dijo mentalmente. Parecía claro que la dieta del kroot (Seamus conocía sus costumbres alimenticias por los Tau) había incluido a muchos de esos bestiales seres - Es un amigo.

Seamus hubiese retrocedido varios pasos para alejarse del kroot si no hubiese topado con Sayëan, que delicadamente le puso una mano en el hombro para calmarlo. Una punzada de dolor le atenazó al contacto, pero esta vez ni siquiera intentó tocar el inyector. Sólo tenía atención para los ojos del kroot, que le observaban con curiosidad, parpadeando rápidamente.

- ¿Amigo del Patrón estar bien? - dijo mirando a Sayëan.

- Si Brokaar, está bien. Sólo está algo asustado - respondió con calma sin levantar la mano del hombro de Seamus. Este empezó a reaccionar - Gracias por tu ayuda.

- Patrón ordenar no problemas en nave - Brokaar emitió un sonido impronunciable para un humano, una mezcla de chasquidos y chirridos - ...desobedecer - Otra vez los mismos chasquidos - ...muerto.

- Gra... gracias - Seamus tendió la mano hacia el kroot, que le miró extrañado - Me has salvado la vida.

- Ser Ley - Otra vez los chasquidos - ...romper Ley. Y ahora estar muerto - Hizo un brusco gesto con la cabeza y emitió más chasquidos, esta vez diferentes. Dos kroot rompieron el corro y se llevaron el cadaver. Seamus recordó su mano y la retiró. Parece que el kroot no conocía ese tipo de saludos - Ahora nosotros honrar a... - otra vez los chasquidos, dirigiéndose a Sayëan. Seamus acabó por comprender que los chasquidos eran el nombre del kroot muerto.

Sin más, los Kroot se dispersaron y Brokaar fue tras el cadaver junto a otro kroot que portaba un largo bastón muy adornado. Sayëan se quedó junto a Seamus, que de pronto hizo una mueca y miró la mano del eldar en su hombro. Este la retiró con delicadeza.

- Lo siento - Sayëan se miró la mano y se reprochó el descuido mientras Seamus se administraba otra dosis de calmante.

- No importa - dijo todavía aturdido, en parte por la impresión y en parte por las excesivas dosis de calmante - ¿Quién es? - señaló con la mirada a Brokaar, que se alejaba hacia el rincón que los Kroot habían tomado como su campamento.

- Un aliado... y un amigo.

- No parecía muy contento conmigo - dijo sin dejar de mirar al kroot.

- Acaba de matar a uno de sus guerreros, es lógico - dijo Sayëan gravemente - ..de todos nunca parece muy contento - trató de quitarle importancia para calmar la inquietud de Seamus.

- Dijo algo de su Ley...

- Un kroot nunca ha de dañar a sus patrones sin romper antes formalmente su vínculo contractual.

- Pero yo no soy su patrón... - replicó Seamus

- Pero sí mi amigo - Seamus aún no lo entendía - Y los Kroot identifican amistad con hermandad. Y el hermano del Patrón también es un patrón - aclaró por fin Sayëan.

- Comprendo... - Seamus meditó durante un momento - ¿Esto te traerá problemas con ellos? - No quería perjudicar a su amigo y... ¿hermano?

- No lo creo - Sayëan observó a los Kroot, que actuaban como si nada hubiese ocurrido - Sólo el líder del Clan puede romper un contrato, y matando él mismo a... - Sayëan dudó y optó por no intentar pronunciar el nombre. De todos modos no podría - ...a ese kroot, Brokaar ha dejado claro que hará lo necesario para que las normas se cumplan.

- Pero, ¿no podría alguno de ellos estar en contra y...? - Sayëan le detuvo con un gesto de la mano.

- Lo dudo mucho. Lo más probable es que entonces tendríamos dos kroot muertos... y un Brokaar muy enfadado - Seamus admiró la aparente confianza que el eldar y el kroot parecían tenerse mutuamente - Será mejor que subamos - claramente aludía a los aposentos de Seamus - Tanta tensión puede hacerte daño - otra alusión, esta vez al inyector.

- Tienes razón. Será mejor - Seamus se giró para dirigirse a las escaleras - ...recuerdame que a partir de ahora me quede en la pasarela...

Favores

Sayëan había aceptado la copa por cortesía, como siempre. Y como siempre, no la había probado, quedándose con ella en la mano mientras conversaban. La sala estaba suntuosamente amueblada y decorada. Obras de arte, sin duda tremendamente valiosas, cubrían dos de las paredes de la sala. Los otros dos estaban cubiertos de altas estanterías, que llegaban hasta el techo, formando dos niveles. En el superior, un servidor ordenaba viejos volúmenes sin interesarse por lo que ocurría a su alrededor. La Ejecutora, de pie junto a la puerta, lo vigilaba atentamente. No había ninguno de los guardias vessoritas de Seamus en la sala. Sayëan miraba con curiosidad algunas de las obras de arte mientras su interlocutor narraba algunos de sus últimos viajes por Ultima Segmentum.

- No son enemigos del Imperio, al menos no en el sentido de los orkos o el Caos - Sayëan giró levemente la cabeza hacia Seamus al escuchar la palabra 'Caos' - Son buenos comerciantes, y ya me gustaría que muchos humanos hiciesen gala de su educación.

- ¿Y qué opinaría vuestra Ordo Xenos si te escuchase decir eso, Seamus? - preguntó Sayëan con ironía mientras volvía a observar los detalles de una bella escultura talassana. A veces admiraba el sentido estético de los humanos.

- Supongo... - Seamus ya sabía por dónde iban los tiros, pero fingió que meditaba profundamente la respuesta - ...que lo mismo que si se enterasen de nuestras reuniones. - Seamus esbozó una burlona sonrisa.

- A veces me pregunto por qué nos ayudas - esta vez el tono era más serio.

- Incluso los comerciantes tenemos honor, amigo mío.

- Pero tu Imperio nos califica de Enemigos - Sayëan pasó su atención a la siguiente pieza: Un cuadro conservado en un campo de estasis.

- No sois todos iguales - Instintivamente Seamus se pasó la mano por el cuello, cubierto por un pañuelo de seda de Gudrun - Yo decido quien es mi enemigo y quien no lo es.

- Ojalá más pensasen como tú - Los trazos del cuadro, casi infantiles a los ojos de Sayëan, tenían una fuerza visual desconcertante.

- Mmmmm... ya sabes que siempre he sido un bicho raro.

- Ambos lo somos entre los nuestros - El cuadro tenía algo extraño. Sayëan se preguntó cómo sería el humano que lo pintó.

- Girasoles.

- ¿Qué? - Sayëan miró a Seamus con extrañeza. La Ejecutora se tensó.

- Esas flores. Se llamaban girasoles. Ya no existen.

- Una lástima - realmente había cierto tono de tristeza en la voz de Sayëan.

- Pero no has venido a admirar mis obras de arte, ¿verdad? - Sin embargo, Seamus sabía que Sayëan siempre se daba cuenta cuando, como ahora, había una nueva pieza en su colección.

- Necesito tu ayuda - dijo Sayëan sin dejar de observar el cuadro.

- ¿Y qué puede hacer por ti este humilde miembro del Gremio de Navegantes?

- Seamus Fansworth, no creo que 'humilde' sea un adjetivo que te describa adecuadamente - Sayëan abarcó la sala con un gesto de su mano.

- Bueno, no creo que el hecho de que posea una flota de mercantes y una considerable fortuna implique que no pueda ser humilde - ironizó Seamus.

- Y muy modesto - Ambos rieron.

- Necesito transporte al interior del Imperio - Ambos dejaron de reir.

- Tus naves... - Seamus levantó una ceja.

- No pueden llegar a donde quiero ir - Ambos se miraron - No puedo usar la Telaraña - dijo respondiendo a la pregunta que Seamus no hizo.

- ¿Y a dónde quieres ir? - Seamus estaba intrigado. Sabía que la Telaraña era el principal medio de tránsito de la gente de Sayëan. Vio que Sayëan dudaba un momento.

- ...a Cadia - La copa de Seamus tembló ligeramente en su mano durante un instante.

Extrañas Amistades

La fragata Ëaressi salió de la Telaraña a la negrura del espacio en los límites del sistema y maniobró hasta ocultarse tras una desolada luna. Tras asegurarse de que no había sido detectada envió la señal convenida y esperó.

- ¿Kano? - El oficial de comunicaciones llamó a su comandante - El Regos está contestando.

- Es puntual, como siempre - pensó Sayëan en voz alta - Envíale mis saludos y pídele sus coordenadas.

Treinta minutos más tarde.

- Kano, ahí está... - El capitán de la fragata señaló un punto entre las estrellas. Una sombra en movimiento tapando las estrellas advertía que algo se desplazaba lentamente hacia la fragata. Algo enorme.

Sayëan ya lo conocía, pero no dejaba de sorprenderle. Las construcciones Eldar, y por extensión las Ëaressi (aunque fuesen más funcionales), eran gráciles y delicadas, aunque ocultasen una resistencia mayor de la aparente. Pero aquello era distinto.

La descomunal mole del Regos iba llenando poco a poco la portilla principal del puente de la fragata. Sus siniestras líneas disgustaban a la mayoría de los Eldar, pero Sayëan sentía cierto interés, que algunos consideraban morboso, por las construcciones humanas. Las grandes estructuras góticas de sus naves, similares a catedrales, le fascinaban.

- Kano, el Regos se está colocando en posición - Sayëan vio como una enorme compuerta se abría en un lateral del mercante.

- Bien. Pide permiso al Regos para abordarlo - Sabía que no era necesario. La enorme boca de la bodega ya les esperaba.

- El Regos da su permiso.

- Entonces entremos - Sayëan señaló con la cabeza hacia la abertura.

El piloto manipuló los controles. Las velas solares de la fragata se plegaron, ocultándose en sus compartimentos dentro del casco. Lentamente la fragata fue desplazándose lateralmente hasta entrar en el interior de la gigantesca nave. Sayëan oyó como el tren de aterrizaje de la fragata se desplegaba. Un seco golpe anunció que acababan de tocar el suelo del mercante.

- Todo parado, Kano. La puerta de la bodega ya se está cerrando. Detectamos presurización del compartimento. Todo en orden.

- Bien. Voy a desembarcar. Solo - Inmediantemente escuchó un ligero murmullo a su espalda y giró levemente la cabeza. El murmullo cesó en cuanto miró a la Ejecutora - Tú vendrás conmigo - dijo con un leve tono de disgusto, sabiendo que nada de lo que dijese evitaría que le acompañase de todos modos.

Minutos más tarde, una compuerta en el lateral de la fragata se abrió mientras una rampa en forma de puente se extendía desde la bodega hasta detenerse a unos centímetros del casco de la nave Eldar. La diferencia de temperatura entre el interior de la bodega y el de la fragata provocó una ligera brisa, que arrastró el aliento helado de Sayëan. El aire de la bodega aún conservaba parte del frío del vacio del espacio.

Un hombre esperaba frente a la compuerta, sobre la rampa. Su sobria y gris indumentaria hacía juego con la cavernosa penumbra de la bodega, solamente rota por pequeños focos a lo largo de la rampa, y con los dos hombres de uniforme que le acompañaban, ambos armados con sendos rifles láser colgados del brazo. Al verse mutuamente, la Ejecutora y los guardaespaldas se tensaron. Sayëan hizo un gesto de calma a su guardiana, que hizo que todos se relajaran visiblemente, aunque sin perderse de vista.

- Bienvenido de nuevo al Regos, Sayëan de los Ëaressi. Es un placer volver a verte - dijo amistosamente el hombre mientras tendía su mano hacia Sayëan.

- Saludos, Seamus - Sayëan estrechó la mano con el humano, y ambos se dieron un fuerte apretón - Ha pasado mucho tiempo.