M'Yen observaba el espacio circundante desde la portilla principal. Estaba de pie, con su llamativa túnica azul y verde destacando sobre el fondo oscuro del espacio. A sus pies empezaba a verse la curvatura del desértico planeta al que se dirigían.
- Bonito lugar, ¿verdad Shas'El? - dijo sin volverse.
- No parece especialmente atractivo, Honorable Por'El - contestó a sus espaldas una voz con tono seco y... "Aburrido", pensó M'Yen. Como de costumbre su agregado militar no lo sorprendía. Se había acostumbrado ya al monótono y serio Yen, como él lo llamaba para sus adentros. Sonrió al preguntarse qué pensaría el comandante si se enterase que le llamaba con el antónimo de su propio nombre. "Bueno, él me llama Por'Fio, aunque no sepa que lo sé".
- Vamos, vamos, amigo mío. Nunca se sabe qué puede depararnos un nuevo mundo. Tal vez encontremos interesantes sorpresas - M'Yen sabía que el comandante odiaba las sorpresas, aunque irónicamente en combate se adaptase magistralmente a ellas. En la vida social era otro cantar.
- Entrando en órbita de vigilancia - Susurró mecánicamente el Piloto, que grácilmente manejaba los controles de la nave como si de una danza se tratase.
- Gracias Kais - Al Piloto si podía llamarlo por su nombre común. Llevaban mucho tiempo viajando juntos - ¿Qué puedes decirnos de...? - consultó el lector que tenía en la mano - ¿...por qué siempre les ponemos estos códigos tan complicados a los nuevos planetas? ¿Es que no podemos ponerles un nombre normal? - M'Yen fingió disgusto.
Sabía que nadie respondería a su por otro lado retórica pregunta. Su enésimo intento de hacer un chiste que 'despertase' a su agregado militar había fallado, como siempre. Después de seis meses de viaje seguía siendo el mismo duro e inexpresivo trozo de roca.
- Bien, que sus tropas se preparen, Shas'El. Vamos a descender... - M'Yen se volvió para mirar al comandante - ...porque supongo que no me dejará bajar solo, ¿verdad? - Fingió ansiedad, como un niño que espera un regalo sorpresa.
- Por supuesto que no, Honorable Por'El. Prepararé mis tropas - "Al menos siempre es sincero", suspiró resignado M'Yen mientras volvía a mirar por el ventanal. El Shas'El giró sobre sus talones y salió del puente para dirigirse a la zona de tropas. En cuanto la puerta se cerró M'Yen pudo oir la suave risita del Piloto.
- No te rías de nuestro protector, Kais, sólo hace su trabajo... - el tono era obviamente burlón.
- Como tú, M'Yen... como tú - contestó el Piloto sin apartar los ojos de los controles de la nave, y el Crucero Kor Run'Al empezó a maniobrar obedientemente mientras sus dedos le ordenaban colocarse sobre el planeta.
- ¿Kano? ¿Os encontráis bien? - El rostro del sanador mostraba una gran preocupación.
- ¿Qué... qué ha pasado? - Sayëan miró a su alrededor, reconociendo la sala médica de una de sus naves - ¿Por qué me habéis traido a la Flota? - Su mal humor asustó al sanador.
- Kano... yo... - El sanador miró hacia la puerta, como si esperase la llegada de alguien.
- ¡Habla! - Sayëan se apoyó fatigosamente en el codo, sobre la cama. Su cuerpo estaba adormilado y se negaba a obedecer correctamente.
- Kano, tranquilizaos - Sayëan se giró brúscamente, mirando a su espalda. Durante un instante la oscura figura de la Ejecutora hizo que se asustase - Os trajeron aquí cuando no lograron despertaros. Esto es más seguro, y las instalaciones médicas son más avanzadas - La voz de la Ejecutora sonaba monótona y carente de emociones a través de su máscara, pero aún así Sayëan notó cierto tono de preocupación mezclado con alivio.
La puerta de la sala se abrió para dejar paso al veterano Capitán de Guardianes, que entró en tropel. Durante un instante Sayëan pudo ver a través de la puerta a otra Ejecutora que vigilaba la entrada. Empezó a comprender.
- ¡Sayëan! ¡Khaine sea loado! ¡Empezaba a pensar que no despertarías! - El viejo mentor de Sayëan usó un tono alegre y despreocupado para restar importancia al comentario, pero era obvio que se sentía muy aliviado de que su pupilo hubiese despertado.
- Seguro que ya estabas pensando en un sustituto... - Sayëan forzó una sonrisa para seguir con el chiste, aunque seguramente estuviese en lo cierto.
- Bueno, no sería difícil encontrar a alguien - mintió el viejo Capitán. La elección del Primer Guardián nunca era tarea fácil - ¿Cómo te encuentras? - El Capitán dejó que un atisbo de preocupación asomase a sus ojos.
- Estoy bien, Viejo - Sayëan intentó incorporarse. El sanador trató de impedírselo y miró al Capitán como esperando órdenes - ...aunque algo agarrotado. ¿Cuánto tiempo he estado... inconsciente? - Vió como el Capitán asentía al sanador y este le ayudaba a sentarse en la cama.
- 3 días, Kano - El sanador respondió mientras se concentraba en los monitores que controlaban las constantes de su Comandante - ...todo parece en orden - El tono indicaba que hasta hace bien poco no todo estaba en orden.
- Bien. Déjanos sólos. El Kano y yo debemos hablar - El sanador echó una última ojeada al monitor y se fue, obediente. Con un gesto, el Capitán también hizo marchar a la Ejecutora, aunque sabía que no se iría muy lejos.
- ¿Qué ha pasado? - Sayëan se alcanzó un vaso y una jarra de agua que había junto a la cama.
- Dímelo tú. Cuando te encontramos estabas inconsciente y helado, como muerto. Los sanadores apenas lograron encontrar tus constantes vitales. ¿Qué pasó allí dentro?
Sayëan miró a su viejo mentor, y este comprendió que la explicación no sería sencilla. Decidió dejar que Sayëan se lo callase, por el momento. Ya se lo explicaría en su momento.
- Registramos el Templo, pero no encontramos nada extraño. Las Ejecutoras estaban muy alteradas.
- No les gusta no encontrar algo que golpear - ironizó Sayëan. Conocía el celo con que las Ejecutoras llevaban a cabo su trabajo. Y de paso dió a entender a su Capitán que no le extrañaba que las Ejecutoras no encontrasen nada, lo cual no contribuyó precisamente a tranquilizar al Viejo Guardián.
- Se preocupan por tu seguridad.
- Sé cuidarme... - El Viejo levantó una ceja, y Sayëan se dió cuenta de que esta vez eso no era del todo exacto - ...bueno, puede que esta vez... - sacudió la cabeza, para despejarse. ¿Habría sido un sueño? Lentamente puso los pies en el cálido suelo (los sanadores se cuidaban de esos detalles) y empezó a levantarse.
- Deberías descansar - dijo con tono paternal.
- Estoy bien - Sayëan vio cierto excepticismo en la mirada de su mentor - Lo ha dicho el sanador - dijo como para justificarse. Resultaba curioso ver como el líder de los Ëaressi parecía pedir permiso a un subordinado para levantarse de la cama. Si no hubiesen estado solos ninguno de los dos hubiese usado un tono tan familiar.
- Está bien. La verdad es que hay mucho que hacer - Sayëan leyó "Problemas".
- ¿El Escorpión? - El tono ya no era tan familiar.
- Y los Videntes. Cada cual por sus razones, ya los conoces - El impulsivo Capitán de Escorpiones no era demasiado reflexivo en los momentos de crisis, y los Videntes... Sayëan hizo una mueca que su mentor entendió al instante.
- Sospechan de alguna... 'influencia', ¿verdad?
- El Escorpión está muy disgustado. Que su gente vigilase cuando te... bueno, no le deja en muy buen lugar. Ni que decir tiene que a las Ejecutoras tampoco les ha hecho gracia. Ahora no dejan que ningún escorpión se acerque, acusándoles de incompetencia para protegerte - Ladeó la cabeza señalando a la puerta. Las Ejecutoras estaban vigilando al otro lado.
Sayëan hizo un ademán con la mano, desestimando el tema. Odiaba las luchas internas entre sus subordinados. Además, le preocupaba más el tema de los Videntes.
- Los Videntes... ¿tienen alguna teoría? - El Viejo sabía que se refería al incidente del Templo, y que esto preocupaba mucho a su pupilo.
- Aún no se han puesto de acuerdo, por suerte, pero tienen varias ocurrencias, algunas... - Sayëan sabía a dónde quería llegar.
- No fue desde la Disformidad. Era... otra cosa - Sayëan miró fijamente al Viejo, y este asintió, aceptando la palabra de su Comandante - No estoy seguro de qué era, pero no era una amenaza - El Viejo sabía que había algo más, pero no preguntó.
Sayëan empezó a vestirse, espabilando poco a poco y recuperando la compostura propia de su cargo. El Viejo Capitán no dijo nada mientras su Comandante terminaba de colocarse la armadura. Sus armas no estaban, y Sayëan miró con el ceño fruncido al Viejo.
- Las Ejecutoras las guardan. No querían que hubiese nada en la habitación que alguien pudiese usar como arma - Sayëan levantó una ceja. En un hospital había multitud de cosas potencialmente mortales - Al menos nada obvio - Ambos sonrieron mientras Sayëan se dirigía a la puerta. Antes de abrirla se puso serio.
- Traed mis armas - dijo con tono autoritario a las Ejecutoras que vigilaban su habitación. Inmediatamente una de ellas hizo un gesto, que Sayëan interpretó, correctamente, como una conversación a través de la radio incorporada a su casco. El Viejo salió también de la habitación.
- ¿Y bien? ¿Ahora qué? - preguntó el Viejo Capitán mientras dos Ejecutoras más aparecían con las armas de Sayëan.
El Kano meditó la respuesta mientras se colocaba las armas. Cogió su casco, que una Ejecutora sostenía, y miró a su subordinado durante un momento. Parecía no estar seguro de que lo que iba a decir gustase al Viejo Capitán.
- Vamos a buscar a un humano - dijo con resolución. Hasta las Ejecutoras salieron de su aparente indiferencia y miraron sorprendidas a su Comandante. La jefa de la escuadra se alegraría más tarde de que la máscara ocultase su expresión.
La presencia continuaba observándole, dando vueltas a su alrededor. Sayëan sentía algo familiar en ella, una extraña sensación de dejá vu. Paciéntemente dejó que la presencia venciese su timidez, y sintió que esta se acercaba poco a poco, oculta entre las sombras. El aire se enfrió cada vez más, y el aliento de Sayëan empezó a condensarse al salir de su boca.
Las sombras parecieron moverse. Un girón de niebla gris se separó de ellas y se movió libremente a pocos metros, dudando. Sayëan ladeó la cabeza con curiosidad, mirando la etérea figura. Esta también le miró, o al menos eso le pareció a Sayëan. La presencia no tenía rostro ni cuerpo, y sólo parecía formada por una ligera nube de polvo gris que se mantenía inmóvil a un metro de altura. Sayëan dió un paso hacia la presencia, y esta se revolvió intranquila, retirándose unos metros.
- No voy a hacerte daño - Sayëan casi se sorprendió de haber dicho eso.
La presencia pareció entender, porque avanzó unos metros, quedando a unos pasos de Sayëan. Este pudo escuchar un leve murmullo procedente de la presencia. Dió otro paso, pero esta vez la presencia no se retiró. El murmullo aumentó poco a poco, y pasó de un susurro a lo que parecía una lejana discusión. La presencia se movió adelante y atrás varias veces, como si no se decidiese a acercarse.
Sayëan extendió el brazo lentamente, hasta que la punta de sus dedos rozaron la nubecilla. Sintió frio, y la presencia se estremeció al contacto. Inmediantemente los murmullos cesaron y la nube quedó inmóvil, como congelada en un campo de estasis.
De pronto una especie de rugido surgió de la informe presencia y se abalanzó sobre Sayëan. Este apenas pudo reaccionar, y sólo fue capaz de sentir como el gélido contacto de la presencia lo atravesaba mientras el atronador rugido se convertía en un poderoso grito que inundó la sala. Sayëan cayó inconsciente antes de darse cuenta que era su propia voz la que gritaba.
Sayëan conocía aquel símbolo. Recordaba su descripción de algún viejo cuento, pero siempre lo había considerado eso, un cuento. Pero de algún modo ese 'cuento' había llegado a este mundo Exodita. Considerando que según todos los indicios este mundo había permanecido aislado durante siglos el hecho era, como mínimo, desconcertante.
Ahora estaba solo en el templo. Había enviado a Brokaar a explorar una zona de las montañas, al norte, esperando encontrar más indicios sobre los desaparecidos habitantes del asentamiento. Mientras tanto Sayëan continuaba examinando las ruinas en busca de otras pistas. De todos modos, la presencia del kroot no habría servido de mucho. Su aliado apenas conocía la historia de los Eldar, así que era dudoso que pudiese aportar gran cosa sobre el misterio que ahora intrigaba a Sayëan.
Aquello no era posible, pero allí estaba. Siguió con los dedos la media luna, como para asegurarse de que era real y no lo estaba imaginando. Sintió un escalofrío cuando rozó la fría roca. "Sólo es un viejo cuento para asustar a los niños", se dijo. Aun así, a juzgar por los grabados de los muros, los Exoditas que habitaron este asentamiento se lo tomaron muy en serio.
De pronto, Sayëan se sintió observado, como si algo hubiese despertado de pronto dentro del Templo. Con cautela miró a su alrededor. Su gente había registrado palmo a palmo las ruinas sin encontrar nada, y custodiaban férreamente los alrededores para evitar que nada se acercase sin ser detectado. Pero la presencia persistía. Algo o alguien había despertado entre esos muros, y ahora acechaba al Señor de los Ëaressi.
Sin embargo, no se sentía amenazado. Fuera lo que fuese, la presencia se limitaba a observarle con curiosidad. Sayëan podía sentir una 'mirada' clavándose en él, inquisitiva, pero tan desconcertada como él, puede que más. Lentamente caminó hasta el centro de la sala, dejándose ver pero manteniéndose en guardia. El misterioso observador parecía tener más miedo de Sayëan que él de la presencia.
Sayëan observaba las ruinas con curiosidad. Los rastreadores de Brokaar habían tardado dos meses en encontrarlas, a casi trecientos kilómetros del punto inicial. Ya habían examinado el portal que daba acceso a la Telaraña, sellado hace siglos. Los sellos estaban intactos, así que nadie había abandonado el planeta a través del portal. Entonces... "¿Dónde están los colonos?", se preguntaba Sayëan.
Los Arlequines habían confirmado que nadie había cruzado sus dominios procedente de este planeta, y el grupo exodita no tenía otros medios de abandonarlo. A través de la Telaraña apenas habían podido traer unas pocas pertenencias y suministros. Al menos eso decían sus informaciones.
Hizo una mueca. Llamar 'informaciones' a unas cuantas historias y rumores transmitidos de generación en generación era conceder mucho crédito a las leyendas. Parte de su gente opinaba así. Sin embargo habían iniciado la búsqueda. Exoditas procedentes de Bieltan habían llegado a este planeta, antepasados de Sayëan y los suyos, los Ëaressi. Y ahora sólo unas ruinas entre la maleza de la selva lo atestiguaban.
- Esto llevar mucho tiempo abandonado, Patrón - Brokaar sacó súbitamente a Sayëan de sus cavilaciones - Al menos cincuenta soles - Los Baakun llamaban 'soles' a cada rotación alrededor de un sol, es decir, a los años.
- ¿Tu gente ha encontrado algo más? - Conocía la respuesta, pero a Brokaar le gustaba que se le consultase y Sayëan sabía que Brokaar estaba algo frustrado por no encontrar algo más para su Patrón.
- No cuerpos, no tumbas, no marcas de lucha. Sólo vacio. Hermanos del Patrón recoger todo y marchar - Un chasquido de disgusto salió de la garganta del kroot. No le gustaba perder el rastro de una presa, aunque en este caso el objetivo no fuese la caza.
- Si, ¿pero a dónde? - Dejar Bieltan para venir aquí, construir una ciudad y luego abandonarla no tenía mucho sentido... "Nosotros lo hacemos", se recordó Sayëan con disgusto.
Pero aquello era distinto. Los Ëaressi nunca construían nada permanente. Sus 'ciudades' eran en realidad campamentos militares temporales. Podían levantarlos y desmantelarlos en cuestión de horas. En los mundos que ocupaban, fuera el tiempo que fuera, no quedaba rastro alguno cuando los abandonaban.
Todas sus instalaciones fabriles estaban en sus naves. Sayëan, por cierto, se alegraba de que ya hubiesen llegado desde su anterior asentamiento. Ahora vigilaban la órbita, por si las tropas del Saqueador decidían regresar a investigar la desaparición de su destacamento.
Volvió a mirar las ruinas. Esto no era temporal. Los exoditas que buscaba habían construido templos y edificaciones a la antigua usanza del Imperio Eldar. Sayëan se maravilló ante las construcciones, a pesar de estar cubiertas de vegetación. "Esta ciudad se hizo para durar pero, ¿entonces por qué la abandonaron?", se lamentó. "Tanto esfuerzo para nada".
- Nos quedaremos algún tiempo más - decidió Sayëan - Que tu gente busque un asentamiento a dos noches de viaje de aquí - Sayëan siempre intentaba hablar a Brokaar en términos Baakun, así que se refería a la distancia recorrida a pié por un kroot, no un eldar (bastante mayor la del primero por cierto). Eso significaba que en los vehículos de los Ëaressi las ruinas estarían bastante cerca del campamento, pero no lo bastante para ser descubiertos facilmente.
- ¿Nosotros quedar mucho tiempo? - Brokaar y su gente también eran nómadas, incluso antes de conocer a los Ëaress, así que estaban acostumbrados a no tomar cariño a ningún lugar.
- Tal vez, amigo mio. Quiero estudiar estas ruinas - Brokaar hizo una mueca que Sayëan ya se había acostumbrado a identificar como levantar una ceja.
- Baakun rastrear ruinas - Brokaar fingió ofenderse por la insinuación de que su gente habría pasado algo por alto. Aun así, se extrañó del deseo de su patrón.
- Tranquilo amigo mio. Sólo es curiosidad - A pesar de las diferencias culturales Sayëan había aprendido a diferenciar cuando Brokaar estaba ofendido realmente y cuando no. En realidad era algo imprescindible para su relación.
- Sólo ser piedras - A pesar de su camaradería, Brokaar seguía sin comprender algunas de las 'rarezas' de sus patrones. Para él esta y cualquier otra construcción sólo eran posibles escondites para cazador y presa.
- Estas ruinas son parte de nuestra Historia, amigo mio - Sabía que al kroot le costaría comprenderlo, pero aún así trató de explicárselo. - Los Baakun guardan su Historia en los cuentos y leyendas cantados de padres a hijos. A veces, nosotros construimos esto - Sayëan hizo un gesto abarcando los alrededores - también para guardar nuestra Historia.
- ¿Ruinas saber cantar historias? - Brokaar parecía realmente interesado, y también desconcertado.
- No cantan como los Baakun, pero su silencio también puede ser escuchado - Sayëan esperó pacientemente a que el kroot meditase las palabras.
- Presas dejar huellas. Huellas también pequeña historia de Presas - razonó Brokaar - ¿Patrón esperar ruinas ser huellas de rastro de sus Hermanos?
- Si, algo así - Sayëan sonrió satisfecho. El kroot nunca dejaba de sorprenderlo. A pesar de su aparente primitivismo, los kroot demostraban siempre una gran intuición.
- Entonces Baakun esperar Presa con Patrón - Sayëan sabía que en este caso Brokaar no se refería a 'presa' literalmente, sino como un objetivo a alcanzar.
- Si, amigo mio. Esperaremos para poder cazar nuestro Pasado. - Sabía que los Baakun, como la mayoría de los kroot, apenas tenían un concepto de pasado o de futuro más allá de la acumulación de recursos para la supervivencia de la tribu, así que seguramente Brokaar no sería capaz de entender el juego de palabras.
- ¿Pasado saber bien? - Brokaar 'levantó las cejas' de nuevo, algo confuso.
- A veces, amigo mio, a veces - Sayëan soltó una carcajada para sorpresa de Brokaar y la escolta ëaressi y kroot que les acompañaba. Era la primera vez que reía en meses.
Los Arlequines cumplieron su palabra... a su manera. Sayëan observó el campo de batalla. Aún resonaban disparos esporádicos mientras sus Guardianes eliminaban los últimos focos de resistencia. Su escolta observaba atentamente los alrededores mientras él caminaba con aparente descuido entre los cadáveres y los restos de vehículos. Las torres de los dos Falcon que le acompañaban giraban de un lado a otro en busca de blancos.
Las tropas del Caos habían sido cogidas por sorpresa. No esperaban un asalto desde la Telaraña. En realidad no lo esperaban desde ninguna parte. Sayëan conocía lo suficiente a los Arlequines como para saber que en cuanto sus tropas saliesen de la Telaraña se encontrarían con alguna desagradable sorpresa. Y así fué. Sin embargo, la previsión de Sayëan había convertido el traslado de sus tropas en un asalto contra las tropas de marines traidores.
Aunque mucho habían tenido que ver sus aliados, sin embargo. A su lado caminaba el líder de los Baakun. Tras varios años de alianza el veterano kroot había aprendido a respetar los silencios pensativos de su patrón. La escaramuza guerrillera de Brokaar se había convertido en una batalla en toda regla cuando los transportes de los Ëaressi rompieron la Telaraña, irrumpiendo en medio del combate entre kroot y la avanzadilla del Caos. Ambas fuerzas, combinadas, exterminaron en pocas horas el destacamento renegado.
Varios Falcon zumbaron por encima de la selva, atrayendo la atención del grupo. Sayëan levantó la cabeza y recordó que sus naves aún no habían llegado. El Vidente Arlequín dijo que se reunirían con él cuando llegase el momento. Apretó los labios, reprimiendo su disgusto por las manipulaciones de los Arlequines, y la visión que presidía el cielo, como fondo de las patrullas Ëaressi que ahora sobrevolaban la zona controlada por sus tropas, no hizo sino aumentar su desasosiego. El Ojo del Terror ocupaba todo el firmamento.
- ¡Silencio! - La voz del Kano Ëaressi se impuso sobre la de sus subordinados. No le gustaba levantar la voz ante ellos, pero la discusión se había acalorado más de lo necesario. Como para reafirmar la exclamación de su patrón, Brokaar gruñó ligeramente tras Sayëan.
Varios de los exarcas del Consejo miraron con recelo tras su comandante, donde el kroot permanecía de pié escuchando las discusiones de sus aliados con cierta condescendencia. Sayëan retomó la palabra para encauzar de nuevo el debate.
- Está claro que los Arlequines nos trajeron aquí por alguna razón. Que no alcancemos aún a verla no implica que sea un capricho sin sentido.
- Pero Kano, en cuanto llegamos desaparecieron. Ni siquiera se quedaron a ayudar en la lucha - El capitán de Purificadores sacudió la cabeza con disgusto una vez más en aquella noche. Había perdido algunos guerreros durante el asalto inicial, y la espantada de los Arlequines le había disgustado mucho.
- No los necesitábamos. Un puñado de renegados monkeigh no son rivales para nuestros soldados - Gruñó el capitán de los Escorpiones, tan agresivo como siempre.
- He dicho que ya basta - Sayëan no necesitó levantar la voz esta vez para hacer silencio - El destacamento de marines traidores estaba aquí por alguna razón, y los Arlequines nos trajeron aquí por ello. Si hubiesen dudado de nuestra capacidad para hacerles frente se hubiesen quedado. Ahora debemos averiguar esa razón, no discutir sobre si debieron o no quedarse.
- Un mundo deshabitado, con un pequeño destacamento de las Legiones Traidoras. El Saqueador no enviaría un grupo tan reducido si no quisiera mantener en secreto su presencia aquí - Los miembros del Consejo asintieron ante el comentario del viejo Guardián Veterano, que había permanecido en silencio hasta ahora - Es posible que tuviese algo que ver con la misión de nuestro viejo Brokaar.
Sayëan miró por encima de su hombro para observar la reacción del Kroot. Como esperaba, no hubo tal reacción.
- Brokaar fué enviado aquí en busca de nuestros Hermanos, y de un posible nuevo asentamiento...
- ¡Pero no ha encontrado nada especial! - Sayëan miró fijamente al capitán Escorpión, disgustado por sus contínuas salidas de tono.
- Pero debería. Sabíamos que en este mundo hubo un asentamiento Exodita. Sin embargo no encontramos rastro de él - El Guardián Veterano acalló la protesta de su impetuoso colega para evitar que el Kano tuviese que reprenderle de nuevo. Sayëan asintió levemente al Veterano, dándole las gracias.
- Es obvio que alguien ocultó el rastro del asentamiento - Sayëan habló sin dejar de observar por el rabillo del ojo al kroot - Y lo hizo francamente bien.
- Pero eso no explica la presencia de las tropas del Caos. ¿Por qué iban ellos a buscar Exoditas? - Razonó el Purificador.
- Ambos hechos han de estar relacionados forzosamente. Nosotros buscamos un asentamiento de nuestros Hermanos Perdidos en un mundo en el que el Caos tiene una avanzadilla secreta. No existen casualidades, y menos tan cerca del Ojo de Terror - Sentenció el Kano, volviéndose hacia Brokaar - Haz que tus partidas de caza amplíen su radio de exploración. Nos quedaremos aquí durante un tiempo.
Sin decir una palabra, el kroot rodeó la mesa caminando hacia la salida, pasando tras los miembros del Consejo. Algunos se revolvieron nerviosos en sus sillas. Todos habían visto alguna vez lo que Brokaar y su gente hacía a los enemigos, y los silencios del kroot siempre eran motivo de nerviosismo.
- Ahora que estamos aquí deberíamos buscar nosotros mismos - Protestó el Escorpión.
- Los Baakun son nuestros mejores exploradores. Si no han encontrado nada hasta ahora, es que nada ahí aquí, así que ampliaremos la búsqueda - Sayëan zanjó cualquier posible réplica - Ahora debemos alejarnos de esta zona. Tal vez el Saqueador se pregunte qué ha pasado con sus guerreros. Preparen todo para trasladarnos a las montañas.
El Kano se levantó de su silla, dando por concluida la reunión del Consejo, para disgusto de algunos de sus miembros, pero no se oyó protesta alguna. Caminó lentamente fuera de la tienda, seguido por su escolta, a la que despidió con un gesto.
- No te ofendas, viejo amigo. Ya sé que has hecho cuanto has podido - Sayëan susurró a las sombras que rodeaban el campamento.
- Si Baakun no encontrar Hermanos de Patrón, Hermanos de Patrón no estar aquí. No ser culpa de Baakun - A Sayëan siempre le resultaba extraño escuchar la voz de Brokaar. Nunca se acostumbraba a la especie de chillido susurrante del kroot.
- Lo sé, lo sé. Pero han de estar en alguna parte. Debe quedar algún rastro - Al Baakun no le gustaban las alusiones a un posible fallo en sus habilidades - Tal vez nos equivocamos con la zona.
- Historias del Patrón decir que estar aquí, y aquí buscar. ¿Historias del Patrón equivocadas?
- Tal vez, viejo amigo. Ha pasado mucho tiempo. Las leyendas a veces son demasiado vagas y ambiguas... - El kroot gruñó entre dientes. Algunas palabras se le escapaban - ...quiero decir... las leyendas a veces cambian con el tiempo y la gente que las cuenta. Al final no son exactamente como fueron contadas por primera vez - Sayëan sonrió a medias cuando vió que el kroot comprendía.
- Baakun buscar más lejos - Dijo por fín Brokaar tras pensárselo un rato - Si Hermanos de Patrón estar aquí, Baakun encontrar - Brokaar hizo una mueca, supuestamente una sonrisa (si es que los kroot podían sonreir), satisfecho.
Sayëan observaba como sus transportes entraban en la Telaraña, precedidos por los vehículos de los Arlequines que les hacían de guía. Los seguidores del Dios Que Ríe dejaron claro que no permitirían que se hiciesen nuevos túneles, y se empeñaron en usar un camino ya conocido... por ellos.
Al Kano Ëaressi no le gustaba enviar a su gente sin conocer su lugar de destino, pero había aprendido (o no había tenido otro remedio) a confiar en los Arlequines. Al fin y al cabo también eran Eldar. Tampoco le gustaba tener que enviar la mayor parte de sus tropas, dejando el equipo pesado para ser transportado por sus naves, ya que no podría ser transportado a través de la delicada Telaraña.
- Kano, los últimos transportes han salido dijo uno de los exarcas de su consejo de guerra, interrumpiendo sus pensamientos Sólo queda vuestra escolta, y la Flota a la espera de órdenes.
- La Flota debe esperar a la señal de los Arlequines A su subordinado eso le gustaba tan poco como a él Vámonos.
El Kano Ëaressi se dejó guiar por su exarca hasta su trasporte personal, rodeado de varias naves de escolta y dos motos de los Arlequines, que les guiarían junto al resto del convoy. Echó una última mirada a la superficie del planeta. Llevaban dos años instalados aquí, y el lugar había acabado por gustarle. Siempre era una lástima abandonar un lugar tranquilo, pero estaba acostumbrado. Rara vez permanecían más que unos meses en un lugar.
La puerta del transporte se cerró a su espalda con un siseo, presurizando la cabina, y mientras se sentaba en su lugar sintió la suave vibración del campo que se activó para rodear el vehículo, permitiéndole atravesar la Telaraña como si de agua se tratase. Cuando el vehículo se adentró en el portal, nada más quedó en la superficie. Segundos más tarde el propio portal se consumiría, sellándose gracias al campo del vehículo, devolviendo ese mundo al silencio al que pertenecía cuando los Ëaressi llegaron a él.