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29/01/2006

Recta final

Mil fragmentos. Mil almas... Mil veces mil nombres. A oidos de cualquiera las voces sólo entonaban cantos sin sentido, galimatías incomprensibles que se alzaban desde el cónclave reunido en la sala del antiguo templo.

Las retorcidas columnas que sostenían la bóveda parecían mirar hacia abajo, hacia los cantores. Cada pliegue de la roca parecía mecerse al incomprensible ritmo. Durante miles de años nada había perturbado el descanso del impío edificio, y ahora este parecía disfrutar de la presencia de sus visitantes.

La figura de aquel a quien estaba consagrado el templo, presidiendo la sala, observaba atentamente con sus pétreos ojos. Su indefinido cuerpo se extendía por las paredes, indistinguible del resto de la barroca decoración, como abrazando a los cantores y escuchando con deleite su extraña cacofonía. Su sueño milenario estaba a punto de finalizar.

Fila tras fila se extendían a sus pies formando un hemiciclo que abarcaba toda la sala. Cada pequeño pedestal sobre el que se sentaban estaba unido a otro y a otro y a otro hasta converger en un único altar frente a la figura. Cada linea seguía su propio camino, formando sinuosas figuras sobre el suelo hasta llegar a los cantores de la última fila, sentados junto a la pared.

Tras estos, observando su obra en silencio, el maestro de ceremonias caminaba siguiendo el perímetro de la sala, mientras miraba fugazmente los múltiples ojos de su señor y que pronto se abrirían para mostrarle un nuevo mundo.

Habían pasado décadas desde que recibió de su padre la primera tablilla. Qué ciego estaba aquel anciano erudito. Años y años de su vida desperdiciados tratando de comprender algo que su hijo apenas tardó unos segundos en asimilar. La llamada fue tan fuerte cuando rozó la pulida superficie cubierta de aquella extraña escritura que se quedó sin aliento y su respiración se detuvo durante un instante.

El triste viejo no llegó a saber que la aparente congoja de su hijo poco tenía que ver con su inminente muerte. Una vida desaparecía y una nueva, renovada y visionaria, despertaba en pos de una misión. Décadas buscando una por una las demás tablillas, reuniendo indicios y encajando piezas.

Luego tuvo que encontrar el origen, el hogar donde descansaba aquel que se le había revelado y le había guiado mundo tras mundo recuperando cada eslabón de la cadena. Las puertas se abrieron como reconociendo el regreso de un hijo pródigo.

Por último tuvo que reunir a los cantores. Cada uno fue cuidadosamente seleccionado. El estigma que generación tras generación había pasado de padres a hijos le permitió reconocer a aquellos que debían interpretar su obra y traerlos al templo. Cada uno fue aleccionado para llevar a cabo su papel.

Ahora todos estaban aquí, entonando la canción y alimentando con cada nota, cada sonido y vibración de su garganta el regreso de El Que Espera con la promesa de formar parte de algo más grande que ellos mismos.

Algunos, los más débiles, comenzaban a mostrar las consecuencias de sus cánticos. Una mujer apenas a un par de pasos del director que orquestaba la cacofonía había perdido ya sus ojos, los cuales yacían a medio descomponer en el suelo en un pequeño charco de pus y sangre. A pesar de que sus cuencas estaban vacías la mujer seguía leyendo.

Las marcas que cubrían ya casi la mitad del cuerpo se desplazaban lentamente a través de la piel desde la tablilla a través de los dedos, en busca de su lugar, reescribiéndose y organizándose con cada nueva linea de texto entonada por los resecos labios de la mujer.

Al mismo tiempo la tablilla se oscurecía, apagándose mientras cada palabra entonada desaparecía de su superficie para unirse a sus compañeras sobre la piel de la mujer. Sólo unas manchas de sangre oscura bajo sus dedos descarnados iban quedando ya como única prueba de que algo hubo escrito sobre la piedra.

El niño a su derecha, obviamente más débil, no era más que un reseco saco de huesos y sólo el movimiento de su boca denotaba que algo de vida quedaba en él. Sin embargo su voz continuaba sonando igual que en un principio, clara y segura de sí misma, decidida a llevar a cabo su misión hasta su inevitable fin.

Más allá un robusto joven sujetaba extasiado otra tablilla, cantando con fuerza los compases de la partitura que le correspondían mientras las palabras se escurrían de la tablilla hacia su piel. Él también se convertiría en una carcasa sin vida, pero no importaba. Entonaría su canción hasta el final.

Levantando la vista el director contempló su obra. Un alma tras otra, fila tras fila, tablilla tras tablilla, se desplegaban ante él con un único objetivo. Terminar el cántico y pronunciar todos los nombres de El Que Espera.

"Pronto, pronto acabará todo", pensó el director, satisfecho. "No, no acabará", se corrigió. "Es un nuevo comienzo", se dijo orgulloso de la caótica sinfonía que sus ’músicos’ estaban interpretando. Mientras tanto, sobre su cabeza, más allá de donde podían llegar los sonidos de su obra, otros actores, esta vez involuntarios, entraban en escena.

(...)

Athareas no dijo nada cuando llegaron al sistema. Las dos fragatas Ëaressi, ocultas por sus campos de camuflaje, se mantuvieron a distancia de la enorme flota que acompañaba al Justicia del Tau’Va. Sospechaban que podían ser detectados. Al fin y al cabo esa nave monstruosa debería tener unos sensores acordes con su tamaño.

En cualquier caso eso ya no importaba. Se limitarían a observar. Esa era la parte fácil del plan. La difícil llegó varias horas más tarde desde el otro extremo del sistema en la forma del Kor Run’Al emergiendo al espacio real y dirigiéndose descaradamente hacia la flota Tau. Su traspondedor, como los sensores de las naves de Athareas confirmaban, emitían su identificación como nave exploradora Tau.

Casi instantáneamente un pequeño escuadrón de naves se separó del grupo principal y tomó rumbo hacia el Kor Run’Al, desplegándose para proteger a su nave capitana de cualquier posible ataque. Ninguna nave se destacó para interceptar a las naves Ëaressi, lo cual no significaba que no hubiesen sido detectadas. Athareas intuía que el comandante de la flota Tau no quería descubrir que sabía que estaba siendo observado.

Mientras tanto, a bordo del Kor Run’Al se recibían los primeros mensajes de los cazas que se dirigían a interceptarlo demandando el motivo de su aparición.

- Nave en vector 825 punto 23. Identifíquese - El piloto parecía muy seguro de si mismo. - Repito. Identifíquese o será derribada.

Kais miró a M’Yen y esperó a que asintiera. Entonces abrió el canal de comunicación y con igual calma que su hermano de la Casta del Aire respondió.

- Aquí el crucero de exploración Kor Run’Al, procedente de Vior’La y transportando al Honorable Embajador Dal’Yth M’Yen Kauyon J’Kaara Fio. - M’Yen frunció el ceño. Odiaba escuchar su nombre completo, pero el protocolo era ineludible.

- Recibido Kor Run’Al. - Se hizo una pausa que Kais sabía significaba que el piloto, también miembro de la Casta del Aire como él, estaba consultando con sus superiores. - Indique cual es su misión, Kor Run’Al. - Los cazas no habían abandonado sus posiciones agresivas.

- El Honorable Por’El desea hablar con el Capitán del Justicia del Tau’Va... personalmente. - La parte difícil.

- Recibido. Mantenga su rumbo y espere. - La única respuesta adicional fue que los cazas se colocaron alrededor del Kor Run’Al, escoltándolo.

- Ahora viene lo difícil... - susurró M’Yen pensando en voz alta. - Espero que el plan de nuestros invitados funcione...

Dos cubiertas más abajo, en una pequeña bodega de carga los ’invitados’ se disponían a hacer su parte en caso de que la treta funcionase. Los trajes sellados y las armas listas, y sólo una compuerta separándoles del vacío del espacio. Cada guerrero revisó el voluminoso generador que el compañero de al lado portaba a la espalda.

Por último Jeriah se giró y revisó a su vez el generador de Aryadel como ella había hecho con el suyo. En silencio se miraron a través de los visores de sus cascos y rezaron a sus ancestros para que todo saliera bien mientras el zumbido de la energía disforme inundaba poco a poco el compartimento.

Varios millones de kilómetros más lejos, Athareas se unió a sus plegarias mientras les deseaba suerte.

(...)

El negro transporte de asalto se deslizó entre las torres de la ciudad casi rozando las construcciones. El piloto volaba como si de una misión de combate se tratase para susto de los ciudadanos que ocupaban tranquilamente las terrazas de sus residencias y disgusto de los controladores aeroespaciales que le habían dado permiso para aterrizar.

Tras seguirlo desde su nave nodriza lo habían perdido cuando alcanzó la superficie y se internó entre los edificios. Desoyendo los avisos de los controladores el piloto había iniciado su aproximación sólo indicando la confirmación de la pista que le habían asignado, pero los controladores no se atrevieron a tomar ninguna iniciativa dado el rango de su pasajero.

En la angosta y espartana bodega del transporte, con la puerta lateral abierta, el O’Shas’o observaba las torres, puentes y plazas que conformaban la capital de Da’Fio mientras permanecía de pie tras el artillero de estribor. Este observaba atentamente cada terraza, tejado y ventana en busca de inexistentes amenazas como su adiestramiento le ordenaba.

Tras ellos, la escolta, todos veteranos bajo el mando del O’Shas’o en Damocles, aprestaba su equipo y armas como si sobrevolasen territorio enemigo. El O’Shas’o los miró de reojo y suspiró ante semejante pensamiento. De improviso sintió el tirón del arnés de seguridad que le sujetaba al fuselaje para impedir que cayese al vacío.

El transporte ascendió casi en vertical siguiendo la pared de un gran edificio en el centro de la ciudad, y pudo ver fugazmente grandes salas de enormes ventanales y jardines en las terrazas. Su entrenada vista, aumentada por los filtros de su casco, pudo distinguir multitud de compatriotas ataviados con ostentosas y chillonas vestiduras caminando de un lado a otro o platicando en grupos en lo que obviamente era un importante centro administrativo.

Por fin la nave se detuvo en el aire y pudo ver la pista de aterrizaje. El transporte se había detenido a escasos metros del borde de la pista, con varios cientos de metros de vacío bajo ella. Un enorme acantilado de cristal y roca, repleto de terrazas y repisas ajardinadas se extendía bajo la nave.

Instintivamente los artilleros barrieron con sus visores conectados a las armas la pequeña pista, seleccionando blancos y estableciendo prioridades de tiro mientras el piloto desplazaba el transporte lateralmente inspeccionando cada metro y dirigiendo a su vez el cañón de la nave, que seguia cada movimiento de su cabeza. Sin embargo, los únicos ’blancos’ a la vista eran tres sorprendidas e inmóviles figuras junto al pavimento.

Una vez se cercioró de que la pista era segura el piloto acercó el transporte a la superficie de la pista sin extender el tren de aterrizaje e inmediatamente los miembros de la escolta saltaron al suelo tomando posiciones defensivas. Por un instante el O’Shas’o temió que los tres ocupantes de la plataforma saliesen huyendo o, peor aún, que comenzasen a disparar, pero los tres se mantuvieron inmóviles, probablemente absortos ante la repentina y teatral aparición de la nave.

Tras unos segundos el piloto extendió el tren de aterrizaje y la nave se posó suavemente a pocos metros del grupo, apagando los motores. El O’Shas’o soltó su arnés de seguridad y bajó de un pequeño salto seguido por su lugarteniente. Lentamente se acercó al comité de recepción dándole tiempo a que se recuperase del susto.

- Bienvenido O’Shas’o... Es un honor recibir a... tan importante defensor del Bien Supremo. - El tono balbuceante del miembro de la Casta del Agua sonaba tan falso a oídos del Comandante de Comandantes como la sonrisa que lo acompañaba. - Una entrada... digna de vuestra fama ¿Qué asuntos os han sacado de vuestro merecido... retiro? - La palabra ’retiro’ sonó más bien como ’exilio’ a los oidos del O’Shas’o, pero no hizo ademán de inmutarse.

El Chambelán miró de reojo la escolta negra y escarlata que estaba apostada alrededor del transporte y del O’Shas’o y luego miró a los dos guardias que le acompañaban, que asían sus armas como si pensasen tirarlas al suelo y salir corriendo de un momento a otro.

El O’Shas’o esbozó una siniestra sonrisa que inquietó aún más al Chambelán, el cual tuvo que recurrir a todo su adiestramiento para fingir cordialidad y mantener la calma. La visita resultaba preocupante, incluso inquietante, en estos momentos.

Varias embajadas de distintas razas discutían en Da’Fio sobre el siguiente paso que debía dar el Justicia del Tau’Va y su flota. Lo último que necesitaban era la intrusión de una vieja gloria de la Campaña de Damocles contra los Humanos. El equilibrio entre aliados ya era bastante precario.

- Deseo ver al Aun - dijo simplemente el O’Shas’o.

- Y... ¿el motivo de vuestra... petición? - El Chambelán sabía que no sería nada bueno. Conocía la lobuna sonrisa del O’Shas’o.

- Quiero que ordene al Justicia del Tau’Va que regrese a Da’Fio para ser desmantelado.

(...)

- Lord Fansworth, no podemos permanecer aquí eternamente - Jarr no parecía nervioso. Simplemente señalaba algo obvio. - Esas naves nos detectarán en cualquier momento - dijo señalando con un gesto de la cabeza la flota que orbitaba alrededor de Cadia.

- Por el momento están entretenidos bombardeando la superficie - A pesar de su pragmatismo Seamus no pudo evitar sentir lástima por las fuerzas imperiales que sufrían el continuo bombardeo de las naves del Caos. - Mantendremos nuestra posición entre los asteroides un rato más.

Seamus sabía que el mercenario vessorita tenía razón. Tarde o temprano uno de esos mostruosos cruceros se daría cuenta de que vigilaban el planeta al amparo de las rocas del cinturón de asteroides y se lanzarían tras ellos. Al fin y al cabo el Regos era un mercante del Imperio. Sin embargo se resistía a abandonar el sistema.

Había traído hasta aquí a las fuerzas de Sayëan, su amigo eldar, para que se internaran en medio del infierno que era ahora Cadia bajo el asedio del Caos. Aunque sabía que su amigo sabía lo que hacía (o al menos eso esperaba), no podía evitar sentir una gran preocupación por él y su misión.

- Está bien... - decidió por fin. - Preparados para abandonar el sistema. Volvemos a casa. - Había hecho cuanto podía.

Respondiendo a su orden, la mole del Regos maniobró lentamente entre las rocas para abandonar su improvisado observatorio y se dirigió al extremo más alejado del cinturón para evitar ser visto cuando saliese a campo abierto y realizar el salto a la Disformidad.

Ya fuera de la vista de las naves del Caos el enorme mercante salió de entre los asteroides y se dispuso a abandonar el sistema. El zumbido de los reactores inundó todo el casco mientras los acumuladores se cargaban. La tripulación, concentrada en las labores presalto, ni siquiera se dio cuenta de que no estaban solos.

La explosión detuvo por completo los motores de la nave, dejándola a la deriva. Seamus recibió un torrente de señales de emergencia a través de los cables que le unían al Regos como una extensión de su propio cuerpo. El dolor le hizo gritar hasta el punto que sus dientes crujieron amenazando con romperse.

Tras el Regos, el siniestro responsable del ataque salió a la luz emergiendo tambien desde las rocas. El escondite había resultado un arma de doble filo. Además de ocultar sus señales a las fuerzas que asediaban Cadia también habían ocultado a la nave que les acechaba. Un negro crucero con las inconfundibles marcas de la Inquisición se acercó para rematar a su presa.

(...)

En medio de las ruinas, un impasible Sayëan observaba a la mujer y sus guerreros mientras estos le rodeaban a él y su padre. A su vez, desconcertados y tensos, los guerreros de Sayëan rodeaban al pequeño grupo de intrusos en espera de una orden de su comandante.

- ¿Y bien? ¿Vamos a comportarnos como seres civilizados o empezamos a dispararnos? - El tono, entre risueño y seductor, no daba pistas sobre cual de las dos opciones prefería. Sayëan temía que pudiesen ser ambas.

- Tal vez debiera disparar... - gruñó el Señor Espectral alzando el cañón shúriken.

- ¿Dispararías a tu propia hija, Viejo? ¿O es que tu estancia en ese ataud de Hueso Espectral ha deshecho todos los lazos de sangre que nos unen?

- ¡Tú no eres...! - El Señor Espectral dio un paso amenazador haciendo que la escolta de la mujer se pusiese en guardia.

- ¡Basta Padre! - Sayëan reprimió la ira del Viejo Haq alzando la mano - ¡Y tú, sé más respetuosa o seré yo quien olvide esos lazos! - A pesar del aire despreocupado de la mujer, esta se tensó al oir el tono de Sayëan. Lentamente se acercó a él mientras con un gesto indicaba a sus guerreros que bajasen las armas.

- Veo que has cambiado, Hermano... - Sayëan frunció el ceño, alegrándose de que su yelmo le ocultase el rostro. - Mis disculpas, Padre. No quería ofenderos - dijo respetuosamente al Señor Espectral.

- ¿Qué haces aquí? No creo que hayas venido para presentar tus ’respetos’ - preguntó Sayëan en un claro tono de reproche. - Deja esas vacías disculpas y habla.

- Sabes muy bien para qué he venido, Sayëan. No eres el único que habla con los Danzarines - Sayëan apretó los dientes. ¿Con qué derecho mezclaban a su hermana?

- ¿Intentas decirme que vienes a ayudar después de... de eso en lo que te has convertido? - Sayëan abarcó con un gesto al grupo de intrusos. - Los tuyos no destacan por su generosidad para con los demás.

- Estos a los que tanto desprecias también son tus congéneres... - se interrumpió cuando Sayëan la hizo callar alzando la mano bruscamente.

- No somos como ellos...

- ¿Entonces para qué estás aquí? - preguntó con sorna.

- Los Humanos...

- ...los Humanos no están preparados para controlar el Talismán - le interrumpió su hermana. - Y has venido a arrebatárselo. - Sayëan vaciló un instante. - ¿Lo ves? Estamos aquí por las mismas razones.

- No comparto tus métodos...

- No puedes culparme por disfrutar con lo que hago. En el fondo tú también lo haces, Primer Guardián.

- No permitiré que te hagas con el Talismán.

- Por supuesto que no, puedes quedártelo. Es lo que quieres, ¿no? Al fin y al cabo yo sólo quiero que los Humanos no se hagan con él.

- ¿Y por qué habría de creerte?

- Porque tienes mi palabra... y porque me necesitas.

- ¿Necesitarte? ¿Para qué?

Súbitamente el Cielo respondió a Sayëan. Los truenos hicieron retumbar su cuerpo y miró hacia arriba. Sin embargo en lugar de relampagos y nubes negras fueron otros signos de tormenta los que pudo contemplar. Inconfundibles estelas de fuego atravesaban la atmósfera provinientes del espacio mientras el espeso aire transmitía la onda de choque provocada por la reentrada atmosférica. Al cabo de unos segundos sintieron los primeros impactos contra el suelo.

29/01/2006 19:13 Autor: thianna. Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

11/10/2005

Viejos Guerreros

- Estamos listos, O’Shas’o - dijo respetuosamente el asistente.

Con una leve inclinación de cabeza Kauyon Shi le indicó que había oido y continuó vistiéndose con calma. Su asistente colocó algunos discos de datos sobre la mesa del despacho y se acercó a su superior para ayudarle con la casaca del uniforme.

- La edad me está venciendo, T’Arkan... - dijo Kauyon con un fingido tono lastimero.

- Aún le quedan muchas batallas, O’Shas’o - El tono del asistente indicaba que Kauyon tenía parte de razón.

Habían pasado muchos años desde que se había vestido de uniforme para algo más que las formalidades propias del retiro, y aunque el viejo Comandante de Comandantes estaba todavía en forma, el peso de los años, demasiados para un miembro de la Casta de Fuego, se notaba en sus ojos.

- Esta es la última, T’Arkan - dijo Kauyon en un tono más serio. El asistente tomó acertadamente la expresión de su comandante como un indicativo de que era hora de trabajar y se acercó a la mesa del despacho mientras Kauyon terminaba de abotonarse la casaca.

- Han llegado los últimos informes - dijo mientras introducía un disco en la consola y activaba la computadora. - Nuestras fuerzas en órbita están avitualladas y preparadas para partir. El resto de tropas en cada guarnición esperan las órdenes para ponerse en marcha.

- ¿Hemos recibido algo del Kor Run’Al? - preguntó con interés mientras fruncía el ceño a un botón rebelde.

- Sólo la señal convenida y una escueta nota. - Pasó una hoja de papel a Kauyon, que la leyó lentamente mientras el asistente le ayudaba con el botón.

- ¿Eldar? - preguntó al asistente levantando una ceja, que se limitó a encogerse de hombros y volver a la mesa cuando colocó el botón en su sitio. - M’Yen tiene extraños amigos.

- Según Inteligencia el Por’El tuvo contactos diplomáticos con una embajada Eldar después de Damocles - Ambos se miraron un instante.

- Los Eldar que describe el Shas’El no tienen nada de embajadores o comerciantes. ¿Bieltan? - preguntó sabiendo la respuesta.

- Apenas tenemos datos de ellos, pero parte de la iconografía parece coincidir. Tal vez sean una rama escindida o un destacamenteo formado especialmente. En cualquier caso son Guerreros. El representante del grupo parece ser un oficial de alto rango.

- Están muy lejos de su casa... - musitó mientras se colocaba el cinturón.

A modo de respuesta el asistente encendió una gran pantalla que representaba un mapa del Imperio Tau. Con unos leves ajustes el mapa se amplió hasta abarcar practicamente toda la Galaxia. Un icono cerca del Ojo del Terror indicó la posición de Bieltan y una línea cruzó el mapa hasta la posición del Kor Run’Al.

- Muy lejos, ciertamente - El asistente también sentía curiosidad.

- ¿Y qué hay del Shas’ar’tol? - Esa respuesta también la conocía. El asistente negó con la cabeza y Kauyon suspiró levemente. - Sabía que esto pasaría - dijo resignado mientras buscaba el peto.

- No es culpa suya, O’Shas’o. Intentó convencerles... - El asistente le alcanzó la pieza principal de la armadura corporal.

- No seas condescendiente - cortó en seco a su asistente - Debí oponerme con más fuerza, evitar que construyeran esa... esa... - Cerró los ojos un momento, intentando calmarse. - ¿Dónde está ahora?

- El Kor Run’Al y las naves Eldar siguen al Justicia - Una mueca cruzó el rostro de Kauyon al escuchar la palabra ’justicia’. - Saben que los siguen, pero no parece que hayan iniciado intento alguno de evitar el seguimiento. - Ajustó la parte trasera de la armadura.

- No tienen miedo a un puñado de naves - Por un momento miró la descripción del Shas’El sobre las naves Eldar. - No son rival para esa nave ni su escolta. Ni siquiera nosotros lo somos.

- El Shas’El ha dicho que los Eldar tienen una posible solución para eso... - El asistente sabía que su comandante estaba tan sorprendido por ese plan como él mismo.

- ...que es tan estúpida que hasta podría funcionar - dijo Kauyon con un suspiro. - El chico es igual que su padre, ¿verdad? - miró a su asistente al mismo tiempo que comprobaba los ajustes de la armadura.

- Incluso mejor. O’shovah ha hecho un buen trabajo. - asintió el asistente dando por terminados los preparativos.

- Dejémosle hacer entonces. Nosotros ya tenemos lo nuestro - dijo el O’Shas’o mientras se observaba en el espejo. Esperaba no haber tenido que vestirse de nuevo ese uniforme, al igual que muchos otros que consideraban la roja y negra armadura como poco apropiada para un defensor del Bien Supremo.

Con un gesto rápido y preciso, fruto de la experiencia y la rutina de los años, enfundó la pistola de inducción negra en su pistolera mientras el asistente recogía sus carabinas de un armero junto a la mesa del despacho, pasándole una.

Kauyon echó una última mirada a su alrededor. Aquella casa había sido su refugio desde su retirada tras la Campaña Damocles. Muchos guerreros habían muerto bajo su mando protegiendo el Bien Supremo en esa guerra contra el Imperio Humano, un alto precio para una raza amante de la Vida y la Paz como eran los Tau... y a pesar de todo habían construido el Justicia del Tau’Va
11/10/2005 12:20 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

02/10/2005

Brillante Pasado. Tenebroso Futuro

Sayëan miraba con el ceño fruncido las colinas que les rodeaban. Los vehículos estaban estacionados formando un perímetro defensivo y sus motores zumbaban ligeramente en espera de acelerar en caso de emergencia. Los guardianes y demás tropas estaban apostados protegiéndose tras los vehículos y la escasa cobertura que les rodeaba.

- Entonces, ¿no habéis encontrado nada? - El Kano parecía contrariado, pero más por la expresión de Brokaar que la situación en sí.

- Nada. No haber ojos. Ya no oler. - Brokaar usaba un tono que Sayëan sabía significaba que estaba enfadado.

- Tal vez hayan huído al vernos... - trató de tranquilizar a su jefe de rastreadores.

- No huir. No haber miedo en el aire - Brokaar estaba realmente enfadado... consigo mismo - Oler ojos y luego no oler nada. Desaparecer olor en viento.

Sayëan comprendía la frustración de Brokaar. Nadie discutía ni dudaba de las habilidades de rastreador del líder Kroot y su tribu. Sin embargo esta vez había percibido una presencia pero no habían sido capaces de encontrar ni un rastro de ella. Lo peor es que Sayëan sabía que esa presencia estaba ahí y no era una ilusión, pero el kroot no sería capaz de comprender que algo podía estar y 'no estar' ahí al mismo tiempo.

- Volver a buscar. Encontrar... - Sayëan levantó la mano para acallar al Kroot. Sabía que no le gustaría el gesto. Siempre intentaba tratarlo como aliado, no como un subordinado mercenario. Pero esta vez tenía que ser pragmático. Sabía que no encontrarían nada por el momento. La presencia no deseaba ser encontrada, así de simple.

- Seguiremos adelante. No tenemos otro remedio. - El tono fue tajante, cosa que no gustó a Brokaar, pero el Kroot se calló y asintió esperando las nuevas órdenes - Envía a tus guerreros delante del grupo principal. Tenemos que llegar a las ruinas antes de que anochezca.

A pesar de su aplomo Sayëan miró alrededor tratando de imaginar la noche de este oscuro mundo. No le gustó lo que imaginó. Durante un instante sintió en la nuca el escalofrío de la presencia que Brokaar había 'olido'.

Con un gesto indicó al destacamento que seguían adelante. Odiaba llevar a su gente tan a ciegas, pero no había tiempo que perder. Si el Imperio se hacía con el Talismán, a pesar del supuesto bien que podía hacer por la causa imperial en Cadia y los alrededores del Ojo Sayëan sabía que representaría un importante desequilibrio en el delicado tejido de la realidad.

Además en su interior Sayëan sentía, aunque se lo reprochaba, cierta reticencia a permitir que los humanos se hiciesen con el artefacto Eldar. Pertenecía para bien o para mal a su pueblo, aunque los Ëaressi se hubiesen autoexiliado del grueso de la población Eldar. Era su responsabilidad, en particular si llegaba a ser utilizado, algo que el Kano Ëaressi no estaba dispuesto a permitir sobre todo después de la muerte de Eldrad.

Sin más, en silencio y ordenadamente el destacamento reanudó su camino precedido por los guerreros de Brokaar y los exploradores Eldar que les acompañaban.

(...)

Casi no se veía nada ya. Por suerte habían alcanzado las ruinas antes de que fuese noche cerrada. Los Kroot habían examinado la zona y tampoco habían encontrado nada esta vez. Brokaar no había vuelto a sentir la presencia misteriosa y se había tranquilizado un poco. Parecía empezar a comprender que este mundo no era como los que había conocido antes.

El destacamento se había instalado entre los restos de los edificios que formaban una de las entradas de la ciudad. El arco de la enorme puerta aún se mantenía en pie. Los soldados no se alejaron de sus vehículos y trataron de descansar un poco. El viaje, tanto por tierra como por el espacio, había sido agotador, y lo peor aún estaba por llegar, por lo que cada momento de descanso era una bendición por corto que fuera.

- Es hermoso, ¿verdad hijo? - La susurrante voz del Viejo Haq trataba de tranquilizar a Sayëan.

- Si, muy hermoso... - respondió sin ganas mientras miraba a su alrededor. - Lástima que esté muerto - Sayëan se acuclilló al pie del arco y apartó la capa de polvo que lo cubría mientras su padre le observaba. Una inscripción en la roca apareció bajo el polvo acumulado.

- "Que este Sello proteja nuestras almas de la Oscuridad" - Sayëan miró a su padre, algo sorprendido.

- Los arcos eran más que una entrada, ¿verdad? - Sayëan se quitó un guante y lentamente pasó la mano sobre la roca, recorriendo con la punta de los dedos la inscripción que había ocultado el polvo durante milenios.

- Cerraban el campo que protegía la ciudad permitiendo el tráfico con el exterior... - El tono tenía un deje nostálgico.

- Parece que no les sirvió de mucho... - Sayëan frunció el ceño levemente al contacto con la roca. Una extraña sensación le recorrió el brazo. - ¿Qué...?

El flash de luz lo dejó aturdido un instante. Ante sus ojos el arco se tornó brillante y pulido, desapareciendo todo rastro del desgaste producido por el tiempo. El aire se aclaró y le llenó los pulmones con un agradable frescor de flores y vida.

Sayëan sabía que instantes antes llevaba el casco puesto y su traje, aparte del guante que se había quitado, estaba sellado al aire del exterior. Aquello era imposible. La explosión de vida y luminosidad que ahora le cubría tenía que ser una ilusión.

Asustado miró a su alrededor. El enorme cuerpo de Señor Espectral de su padre no estaba a su lado como instantes antes. En su lugar una reluciente calzada pasaba bajo el arco de entrada y para su sorpresa sus tropas allí acampadas habían sido sustituidas por... "¡Khaine!", pensó Sayëan.

Los habitantes de la ciudad entraban y salían de entre los edificios. Caminantes y vehículos pasaban sin cesar bajo el arco con tranquilidad. La mente de Sayëan le gritaba que lo que veía no podía ser real, pero era tan... tangible. Extendió la mano como para tocarlos algo pero no pudo ver su propio brazo. Era como si no tuviese cuerpo. De pronto sintió cómo era levantado en el aire por una fuerza incontenible.

Segun tomaba altura pudo ver cada vez más lejos. Los edificios de la ciudad se extendían hasta el horizonte, a su derecha. Frente a él la puerta formaba parte de un interminable muro de piedra que se alzaba muchos metros alrededor de las edificaciones separándolas de los verdes campos a su izquierda.

La fuerza que le sostenía en el aire le empujó sobre la ciudad, atravesando el campo transparente que la cubría. Hervía de vida y actividad. Por su tamaño debía tener millones de habitantes. Edificio tras edificio cubrían la superficie de manera interminable. Las hermosas construcciones de su raza embargaron su corazón y por un momento sintió que las lágrimas acudían raudas a sus ojos.

Estaba viendo un mundo Eldar. No un mundo-astronave, ni siquiera una de las colonias exoditas que había visitado. Era uno de los mundos originales, tal y como eran en tiempos del Imperio Eldar. Altas torres, gigantescos templos, lugares de estudio, descanso y meditación. Expresiones artísticas de los Eldar que Sayëan sabía habían desaparecido hace milenios, durante la Caída. Pero allí estaban, alzándose ante él en todo su esplendor.

La fuerza actuó de nuevo, apartándole de los edificios. "¡No! ¡Quiero verlo! ¡Aún no!", trató de gritar. Pero la fuerza tenía sus propios planes. Le arrastró fuera de la ciudad y lo llevó sobre los campos. Máquinas de inconfundible manufactura Eldar sembraban y recolectaban multitud de cultivos para proveer de alimentos a la ciudad. Pero la fuerza no se detuvo aquí.

Con rapidez se desplazó más y más. Reconoció las colinas que habían visto al llegar, pero estaban cubiertas de árboles y vegetación. Poco a poco fue deteniéndose hasta llegar al suelo y Sayëan se sintió sobrecogido.

Estaba en lo alto de un inmeso acantilado cortado a cuchillo. A sus pies el océano rompía contra las rocas. Un océano inmenso e inacabable hasta donde llegaba su vista. Inmensos veleros solares se deslizaban por su superficie sin apenas rozar las olas rodeados de multitud de otros pequeños barcos.

- Hermoso, ¿verdad? - Una suave y seductora voz surgió de la nada, sobresaltando a Sayëan.

Otro deslumbrante flash cegó a Sayëan durante un instante. Poco a poco fué recuperando la visión y pudo ver a su padre, alzado en toda su altura, junto a él en actitud protectora, como si algo amenazase a su hijo. Sayëan miró en la misma dirección que su padre.

- Lamento haber interrumpido tu sueño... pero no hay mucho tiempo. - La voz cubrió a Sayëan con un casi ponzoñoso halo de sopor que lo dejó aturdido. - Ha pasado mucho tiempo...

Sayëan miró sin decir nada. Ante él, rodeada de varios guerreros, una mujer le miraba con ojos cariñosos y amables a pesar de la ferocidad de su aspecto. La armadura de hueso espectral, metal y cuero cubría su hermoso cuerpo ciñendo cada una de sus curvas. Su delicada mirada contrastaba con las cuchillas y ornamentos macabros que cubrían la armadura.

- ¿Qué haces aquí? - gruñó el viejo Señor Espectral mientras daba un paso para interponerse entre Sayëan y la intrusa y su escolta alzando el cañón shúriken.

- Mmmm, tranquilo, no voy a hacerle daño - La intrusa alzó las manos enguantadas en negro a modo de disculpa - Sabes cuanto le quiero... además, deberías alegrarte de verme... Padre.
02/10/2005 21:08 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

30/09/2005

Extraños Aliados

El Shas'El había conocido otras razas, casi todas en el seno del Bien Supremo, pero ninguna tan antigua como los Eldar. A pesar de su disciplina y adiestramiento, no podía evitar sentir cierta curiosidad por estos seres ancestrales, casi tan viejos como la Vida en la Galaxia.

La inesperada aparición de los Eldar también había despertado en él ciertos temores. Sin duda tenían la capacidad tecnológica para causar la desaparición de Upsila, o al menos la tuvieron. Sin embargo sabía que era algo que no concordaba con su manera de actuar, más sutil y manipuladora.

Con curiosidad siguió observando cómo el enviado de los... ¿cómo se habían llamado?, pensó: "Ëaressi". Era la primera vez que escuchaba ese nombre. Conocía otros por múltiples informes, pero nada recordaba de estos desconocidos. El caso es que el enviado de los Ëaressi había solicitado permiso para subir a bordo del Kor Run'Al, sin escolta, para hablar con el Por'El M'Yen. Ahora el Shas'El era el tercer ocupante de una pequeña sala donde silencioso escuchaba la conversación entre M'Yen y Athareas.

- Esa nave debe ser destruida - decía con vehemencia en ese momento M'Yen. - Es una amenaza para todas las razas.

- Lo sabemos - El eldar hablaba con una frialdad que preocupaba al Shas'El. M'Yen estaba demasiado alterado para darse cuenta, o al menos no lo demostraba. - Pero los Ëaressi no tenemos capacidad para hacerlo - Athareas levantó una ceja como si de un guiño a M'Yen se tratase.

- Nosotros tampoco podemos, podríamos iniciar una guerra civil - De pronto M'Yen cayó en la cuenta de a qué se refería Athareas. - ¿El... Imperio? ¡Eso supondría traicionar a nuestros hermanos! ¡Por equivocados que estén...! - Athareas levantó una mano tranquilamente, haciendo callar a M'Yen, que pareció algo disgustado a pesar de acatar el gesto. El Shas'El se sorprendió de la facilidad con que el eldar manipulaba a M'Yen, que siempre había destacado por su arrojo y descaro. "...a no ser que M'Yen esté fingiendo", pensó de pronto el Shas'El.

- Es el único modo. - Athareas bajó la mano - Y lo sabes.

- ¿Me han traido para que contemple esta pantomima? - dijo inesperadamente el Shas'El. - Es bastante obvio que ambos ya han llegado a la misma conclusión. - El Shas'El miró ceñudo a M'Yen - No es necesario que finja estar abrumado por la sugerencia de traicionar a nuestros compatriotas, que han creado esa... cosa.

Athareas miró al Shas'El, el cual le devolvió y mantuvo la mirada. Durante un largo minuto se observaron fijamente mientras M'Yen, desconcertado por el silencio de ambos, los miraba alternativamente.

- Shas'El, le aseguro que Athareas no haría semejante sugeren... - El Shas'el cortó la frase con un ademán de la mano, pero sin apartar la mirada de Athareas. M'Yen miró también a Athareas sin comprender lo que ocurría, y para su sorpresa este esbozó una ligera sonrisa que por desgracia sólo mostraba amargura, y no alegría.

Acostumbrado a la diplomacia, el diálogo y en ocasiones la demagogia y la palabrería, M'Yen tardó en comprender que no siempre eran necesarias las palabras. Tanto Athareas como el Shas'El eran guerreros, y ambos comprendían mejor que M'Yen la situación. En un cruce de miradas habían evaluado las opciones y llegado a la misma conclusión.

- ¿Cómo lo haremos? - preguntó el Shas'El - El Imperio no nos creería si nosotros los Tau les contamos lo sucedido, o pensarían que es una trampa. Y mucho me temo que tampoco los Eldar...

- Tenemos medios para hacer llegar la información al Imperio Humano - tranquilizó Athareas al Shas'El - De hecho...

- ...ya les han informado, ¿verdad? - terminó el Shas'El.

- Apenas tenemos tiempo, y los humanos tardarán aún en reunir fuerzas para enfrentarse a esa flota. Era necesario darse prisa.

- ¿¡Entonces a qué ha venido todo esto!? - exclamó M'Yen contrariado. - ¡Si ya tenían tomada la decisión, ¿por qué nos han informado?!

- Porque nos necesitan para ayudar a los Humanos retrasando a la flota, Por'El - respondió el Shas'El en lugar de Athareas, que lo confirmó con un leve asentimiento. - Si nuestros hermanos intuyen que el Imperio les busca, desaparecerán. Debemos distraerles mientras los humanos se preparan. Además, estoy seguro que Athareas ha pensado algo más...

- Es necesario tener un seguro. No podemos permitir que esa nave escape de los humanos.

- ¿Qué quiere decir con eso? - M'Yen sabía que las consideraciones militares no eran lo suyo.

- Que sabotearemos el Justicia de Tau'Va para facilitarles la tarea. Y llegado el caso, destruirlo desde dentro antes de que huya, ¿no es así?

- ¿Y cómo vamos a hacer eso? - M'Yen estaba disgustado porque el plan se esbozase sin su intervención.

- Supongo que nuestro... aliado también habrá pensado en eso - El Shas'El miró a Athareas esperando la respuesta.

- Si me permite, desearía que viniesen a bordo los capitanes Aryadel y Jeriah. Ellos le explicarán los detalles.
30/09/2005 20:38 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

Descubrimiento

++++++ Informe Inquisitorial Ref. 8250-4332/Alfa
De: Inquisidor Darius Iacobi
Para: Cadia - Maestre Ordo Xenos

Pensamiento del Día:
"El servidor del Emperador es sabio en su ignorancia"

Venerado Maestre,

Han llegado a mi conocimiento hechos de trascendental importancia para nuestra lucha contra el Caos en el Sector Cadiano. Es posible que haya localizado un instrumento que con la ayuda del Divino Emperador incline a nuestro favor la desigual lucha que libramos a las puertas del Ojo del Terror.

Durante una investigación por cobardía de un alto oficial de la Armada del Sector (que ya ha sido ejecutado por su vil actuación) obtuvimos datos sobre la localización de un artefacto alienígena de gran poder por cuyas descripciones he identificado como una Fortaleza Negra (Ref. Cruzada: Eldar - Talismán de Vaul). A continuación le adjunto un extracto del diario de a bordo del crucero del citado oficial.

+++++++ Crucero Imperial CLASIFICADO
+++++++ Capitán CLASIFICADO

Fecha: CLASIFICADO
"Hemos completado el viaje por la Disformidad a duras penas. Los daños sufridos en la batalla sobre Cadia han dañado el reactor principal y nuestro corto viaje, aunque nos ha salvado de la destrucción total ante el enemigo, nos han llevado a un sistema desconocido en el interior del Ojo del Terror.

El Oficial de Ingeniería y el representante del Adeptus Mechánicus a bordo han examinado los daños y han llegado a la conclusión de que tardaremos al menos tres semanas en estar en condiciones de realizar un nuevo viaje por la Disformidad.

Para agravar la situación nuestro Navegante me ha informado que la señal del Astronomicón, imprescindible para determinar nuestra posición y rumbo y poder regresar a Cadia, es errática y difusa. El Navegante achaca este fenómeno a las interferencias y distorsiones provocadas por viajar en el interior del Ojo. En cualquier caso aún no ha sido capaz de determinar con exactitud nuestra posición y trazar un rumbo seguro a casa.

Mientras se inician las reparaciones, que espero el Divino Emperador permita acaben cuanto antes, he ordenado que se examine el sistema en busca de fuerzas enemigas. Se trata de un sistema formado por una única estrella amarilla, un pequeño mundo helado y un extenso cinturón de asteroides que según mi astrónomo podría ser el último vestigio de un planeta ya desaparecido. Sin embargo dicho cinturón podría esconder fuerzas desconocidas, por lo que nuestros cazas lo examinarán en detalle"

(...)

"Llevamos ya aquí una semana. El sistema está vacío y sin el menor rastro de vida. Las reparaciones no avanzan como estaba previsto debido a la falta de repuestos. Todos nuestros intentos de comunicarnos con la Flota han sido infructuosos y nuestra localización sigue siendo una conjetura.

Algunos de los oficiales han sugerido adentrarnos en el espacio profundo a velocidad normal, pero he desestimado la opción. Ahí fuera estaremos en 'campo abierto', sin lugar donde ocultarnos, y la nave no está en condiciones de combatir. Como alternativa hemos trazado planes para ocultarnos en el cinturón de asteroides en caso de detectar presencia enemiga."

(...)

"El oficial de guardia ha realizado un descubrimiento asombroso. Durante su turno de vigilancia afirmó que, al mirar por los ventanales del puente, la estrella del sistema le 'saludó con un guiño' (textualmente). Lo que habría quedado en una simple anécdota debida al cansancio y el tedio de estar varados en este sistema se convirtió en un entretenimiento para la oficialidad que, dirigiendo los instrumentos de la nave hacia la estrella del sistema descubrieron una extraña anomalía gravimétrica."

(...)

"¡Es un mundo! ¡Sagrado Emperador! ¡Un mundo invisible! ¡La anomalía que detectamos es la gravedad provocada por un mundo oculto delante de nuestras narices! ¡Al acercarnos todos hemos podido ver como su silueta cubría la superficie solar!"

(...)

"Estamos en órbita sobre el extraño planeta. Lo llamo planeta porque estoy seguro de que lo es. Los demás siguen refiriéndose a él como 'La Anomalía'. Su superficie absorve la luz y las otras ondas electromagnéticas ocultándolo de la vista y los sensores. Su aspecto es... desconcertante. Parece formado de oscuridad, algo que no debería sorprendernos dado que estamos en el interior del Ojo. Sin embargo algo me dice que su naturaleza no es demoníaca. No ha habido ninguna reacción a nuestra presencia. Mis consejeros se han enfrentado unos a otros tratando de encontrar una explicación ante semejante fenómeno. Algunos sostienen que realmente es un agujero negro, pero apenas ejerce la gravedad de un pequeño asteroide. Otros mantienen que es un 'canto de sirena', una ilusión, para atraer naves perdidas y han sugerido bombardearlo. Yo digo que es un planeta. Mañana enviaré cazas a confirmarlo."

(...)

"Ha sido emocionante. Hemos enviado una pareja de cazas a investigar el planeta. Sus sensores indicaron que la negrura ante nosotros no era sólida, por lo que les ordené atravesarla. Perdimos la comunicación cuando desaparecieron en ella y temí haberlos perdido. Sin embargo, Loado sea el Emperador, ambos cazas remontaron su vuelo hacia el espacio, apareciendo de nuevo bajo nosotros. Los pilotos han descrito una superficie desolada y yerma, no sabemos si de manera natural o por alguna catástrofe. Las imágenes tomadas desde los sensores confirman su relato. También han indicado que no dejaron de detectarnos cuando se internaron en la negrura y que conservaron el enlace de radio entre ellos. Parece que las señales pueden atravesar la oscuridad de fuera hacia adentro, pero no a la inversa."

(...)

"He tenido una idea brillante. Descenderemos con el crucero hasta quedar bajo la Oscuridad, en una órbita baja. Eso nos mantendrá ocultos del exterior mientras terminamos las reparaciones."

(...)

"He examinado las imágenes tomadas por los cazas y las que hemos obtenido en la última semana bajo la Oscuridad. He hecho un descubrimiento aún más sorprendente si cabe: Ruinas. Los restos de una ciudad. El estilo de construcción no se parece en nada que haya visto antes. Es grácil y delicado a pesar del maltrato a que les ha sometido el tiempo. Desearía explorar las ruinas, pero las reparaciones están a punto de terminar."

(...)

"Las reparaciones han terminado. Debo cumplir con mi deber y regresar a Cadia cuanto antes así que lamentablemente no podré iniciar la exploración de los restos que hemos encontrado. Sólo hemos sobrevolado el área para tomar mejores imágenes que acompañarán mi informe. Sin embargo, tras informar del hallazgo al Mando Imperial si el Emperador y el Destino lo permiten, volveremos."

16/09/2005

Destino

Poco a poco el tejido de la Telaraña fue cambiando, al principio de manera imperceptible, luego acusadamente tiñendo el camino entre mundos de la oscuridad más penetrante que Sayëan había contemplado nunca. Sabía que su padre también lo sentía a través de los sentidos de su cuerpo de Hueso Espectral.

- Estamos llegando - susurró el Señor Espectral sacando de sus cavilaciones a Sayëan.

- Yo también lo noto, padre... la Telaraña se muere - dijo señalando con la mirada hacia el exterior.

- La Oscuridad la destruye, como a cualquier otra cosa que trate de florecer aquí... - Incluso a través del extraño tono producido por los circuitos de hueso espectral Sayëan podía notar la tristeza en la voz de su padre.

- Estamos llegando, Kano - confirmó el navegante del transporte. - Saldremos de la Telaraña en 5... 4... - Sayëan se limitó a sujetarse con calma mientras la cuenta atrás llegaba a su fin.

El habitual fogonazo al que estaban acostumbrados al romper la Telaraña esta vez no se produjo. En su lugar un cielo negro recibió las naves una a una, que parecieron detenerse en el espacio. Sin embargo, sabían que estaban sobre la superficie de un planeta, un planeta que no veían.

- Estamos a cien kilómetros sobre la superficie, Kano. - A pesar de su tono calmado el piloto parecía nervioso. Volaba a ciegas, sólo guiado por los instrumentos de la nave. - Iniciamos salto a la superficie.

Esta vez sí se produjo el fogonazo, aunque tremendamente amortiguado por las sombras que les rodeaban. Un instante más tarde un segundo fogonazo rasgó el espeso aire sobre la superficie colocando las naves bajo la siniestra capa de nubes que parecía cubrir todo el planeta.

Sobre ellos podían distinguir las nubes, oscuras e inmóviles, que desde arriba absorvían toda la luz impidiendo ver el planeta desde el espacio. Por debajo la luz absorvida se convertía en una perpetua penumbra apenas perceptible rota únicamente por algunos remolinos viscosos que iluminaban la desolada superficie.

Bajo las naves el suelo se movía a gran velocidad, cubierto de tremendas grietas y cañones aún más negros que la tierra muerta de la que parecía estar hecho. No había nada más. Ninguna construcción, ni montañas, nada vivo o que lo hubiese estado en el pasado. Sólo una piel oscura agrietada por el paso del tiempo y la presencia de la Oscuridad.

- ¿Dónde estamos? - preguntó Sayëan a través de su casco. Al otro lado del enlace la habitual respuesta inmediata fué sustituida por un silencio lleno de dudas.

- Creo... creo que volamos hacia el norte, a unos doscientos kilómetros del blanco - Obviamente el piloto no estaba seguro de su posición sin referencias seguras ni más guía que unas coordenadas casi tan antiguas como el propio planeta.

- Sigue la ruta prevista - dijo Sayëan en un tono lo más calmado posible tratando de contagiar dicha tranquilidad al piloto.

- Tranquilo, el camino es correcto - le susurró su padre mirándole de soslayo.

Confirmando sus palabras apareció ante ellos una ligera elevación en el horizonte que poco a poco fue creciendo hasta convertirse en una meseta que abarcaba toda la superficie delante de ellos como si un muro dividiese el mundo. Las naves se elevaron ligeramente para alcanzar la meseta y continuaron su vuelo apenas unos metros sobre el suelo.

Al diferencia del resto de la superficie, la meseta parecía estar cubierta de colinas y otros accidentes en el terreno. Sin embargo, el suelo seguía siendo oscuro y muerto.

- Descendamos - dijo repentinamente el Señor Espectral - Ahora.

- Descended - ordenó Sayëan al piloto, que transmitió la orden al resto de naves con cierto alivio en su voz.

Con un siseo apenas perceptible las naves se posaron en la superficie levantando una ligera polvareda. En unos segundos las primeras escuadras se desplegaron formando un perímetro de seguridad. Cada guerrero dejaba un camino de huellas en el polvo desde las compuertas hasta su posición.

Incluso con los cascos puestos cada uno podía sentir el aire seco y caluroso que les rodeaba. Sin duda nada vivo podría soportar mucho tiempo la sofocante y espesa atmósfera del planeta.

Sayëan descendió del transporte escoltado por una escuadra de Ejecutoras y esperó junto a la compuerta a que desembarcase su padre. Este bajó con cuidado de la nave, irguiéndose cuan alto era mientras contemplaba sin ojos el terreno circundante. Sayëan lo observó recorriendo el enorme cuerpo con la mirada.

Durante el viaje por la Telaraña los técnicos habían terminado de ensamblar y ajustar las armas del Señor Espectral, revisando cada detalle en busca de desperfectos o averías. El hueso espectral estaba desgastado por el tiempo en muchos lugares que habían sido delicadamente reparados y protegidos con materiales más mundanos formando una segunda coraza. Sayëan lamentó que los arreglos tuviesen que ser tan poco elegantes, pero hacía mucho que los Ëaressi apenas disponían de la tecnología necesaria para mantener un señor espectral en perfecto estado.

- Estoy bien, hijo mío - dijo su padre intuyendo sus pensamientos. - Soy viejo, pero aún puedo luchar.

Como recalcando sus palabras, el Señor Espectral sopesó el arma principal que portaba, un enorme cañón shúriken que al contrario que los de otros señores espectrales sostenía con sus propias manos. Por un momento, con la coraza improvisada y sus armas, Sayëan vió en su padre lo que fué en vida: Un guardian sosteniendo su catapulta, listo para el combate. En el fondo, la intención de quienes habían cuidado del cuerpo del Señor Espectral había sido precisamente esa. Un enorme guardian.

- Haremos el resto del camino por la superficie - No tenía sentido arriesgar las naves. - Sacad los vehículos.

Obedeciendo sus órdenes, los vehículos del destacamento fueron sacados con cuidado de las bodegas de los transportes. Falcones, serpientes, motos y otros vehículos fueron formando dentro del perímetro mientras los guerreros esperaban para abordarlos. Una vyper modificada para el transporte, copiada de las usadas por los Arlequines, se detuvo junto al Señor Espectral, dispuesta para transportarlo.

Un ligero siseo a su espalda llamó la atención de Sayëan, que se giró lentamente.

- ¿Te encuentras bien? - preguntó preocupado.

- Estar bien... Aire raro... No vida. Pero estar bien. - La gutural voz de Brokaar denotaba el esfuerzo que le estaba suponiendo cada bocanada de aire. Sin embargo a cada segundo que pasaba su pecho parecía respirar con más facilidad. La proverbial adaptabilidad de los Kroot nunca dejaba de sorprender a Sayëan. - Oler ojos. - dijo de repente el jefe Kroot mirando a su alrededor.
16/09/2005 16:59 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

15/09/2005

Encuentro

El Kor Run'Al llegó sin novedad a Upsila Tartarus tras reavituallarse y reforzar su dotación en Vior'La. M'Yen estaba en su camarote cuando le informaron que estaban llegando, desde donde se dirigió al puente. Por el camino, al ver a las tropas prepararse vió confirmados sus temores: Esta misión ya no era una excursión arqueológica o una embajada. Ahora el Shas'El estaba al mando y M'Yen sólo era un observador. Sin embargo, lo peor aún estaba por llegar.

Entró dubitativo en el puente. Si el Shas'El estaba al mando, no tenía muy claro cual sería su papel en la misión. Tal vez ahora podría preguntárselo. Lo encontró mirando al espacio por el ventanal principal del puente, de espaldas a la puerta.

- Ejem... - carraspeó para llamar la atención del Shas'El, pero este no se volvió. "Maleducado", pensó - ...pensé que ya habíamos llegado... - Un gran campo de estrellas ocupaba todo el ventanal.

- ...y así es - respondió para su sorpresa Kais, el piloto, que también miraba hacia el ventanal en lugar de sus instrumentos y pantallas, de los que rara vez levantaba la vista.

- Entonces, ¿hay algún problema con la navegación? - Algo iba mal.

- Las coordenadas son correctas - El tono de Kais fue mecánico, pero tenía un deje extraño, casi de miedo.

- ¿Y dónde demonios está el sistema? - Tanto misterio empezaba a exasperar a M'Yen.

- Simplemente... - El Shas'El habló por fin - ...simplemente no está, Por'El - dijo volviéndose hacia M'Yen. Tenía la misma mirada que cuando salió del despacho del Comandante Farsight.

- Eso no es posible. Ya deberíamos tener contacto visual - caminó hasta la consola del piloto y observó las pantallas - ¿...qué es eso? - señaló con el dedo un punto en el centro de la pantalla de navegación.

- Una estrella enana - Dijo Kais como si resultase obvio.

- El sol de Upsila Tartarus es una estrella amarilla, he leido los informes. - El Shas'El y el piloto permanecieron callados, dejando que M'Yen llegara a sus propias conclusiones - No puede haber mundos habitados orbitando una estrella enana... - miró sucesivamente al Shas'El, al piloto, la pantalla y el ventanal, perplejo - ...no... no puede... ¡Bien Supremo!

Por su mente fueron pasando apresuradamente distintas teorías, cada cual más rocambolesta, que fue descartando sucesivamente. Sabía que no podía ser casualidad. Si no, no estarían aquí.

- No han podido... ni siquiera ellos serían tan... - Volvió a mirar al Shas'El - Conozco a los humanos. Estuve en las negociaciones después de Damocles. Ni siquiera ellos decretarían un exterminatus a todo un sistema... ¡Ni siquiera tienen tecnología para hacerlo! - De pronto M'Yen abrió mucho los ojos, llegándo él mismo a la terrible respuesta.

- No ha sido un Exterminatus Imperial, Por'El - Confirmó por desgracia el Shas'El.

- Es imposible... - M'Yen repasó mentalmente la lista de posibles causantes una y otra vez, llegando siempre a la misma conclusión - ...no han podido... no pueden hacer eso... Por el Bien Supremo... es imposible... - tanteó una consola hasta apoyarse en ella, aturdido.

- No, Por'El, no es imposible... - El Shas'El le miró como si compartiese su perplejidad y sus temores - Hemos sido nosotros, M'Yen.

Trató de recuperar la compostura. Respiró hondo y cerró los ojos un momento, como esperando que al abrirlos Upsila estuviese donde debería. Por desgracia, al abrir los ojos el espacio permanecía vacío.

- Los informes decían... - trataba de recordar, pero estaba demasiado aturdido para encontrar un dato concreto.

- Treinta mil millones, M'Yen, hemos matado a treinta mil millones de humanos.

Sin embargo la sorpresa de M'Yen se vió interrumpida por otro evento inesperado, cayendo sobre él como un jarro de agua fría. El Puño de Vaul rompió la Telaraña justo frente al Kor Run'Al, llenando el ventanal del puente de la nave Tau. Atónito, M'Yen no era capaz de articular palabra cuando el enorme crucero, inconfundiblemente Eldar, se detuvo ante la pequeña nave de exploración.

- ¡Piloto! ¡Maniobras evasivas! ¡Calcule un salto de emergencia de inmediato! - El Shas'El, como militar, estaba mucho mejor preparado para reaccionar, y había evaluado correctamente la situación. No podía enfrentarse a una nave de guerra con más de diez veces el tamaño de la suya.

- Ejecutando - respondió mecánicamente el Piloto mientras manipulaba los controles. En unos instantes el enorme crucero desapareció del ventanal mientras el Kor Run'Al maniobraba desesperadamente para alejarse de él. - Salto en 5, 4,...

- ¡Espera! - gritó M'Yen de pronto. Kais detuvo la cuenta por un instante.

- ¡Piloto! ¡Ejecute! - increpó el Shas'El al Piloto - ¡Esto es una misión militar! ¡Yo estoy al mando!

- ¡Shas'El, conozco esa nave! - M'Yen parecía suplicar.

- Salto abortado - dijo el Piloto.

- ¡He ordenado que ejecute el sal...! - las palabras murieron en la boca del Shas'El cuando se dió cuenta que el Piloto no había abortado el salto por el ruego de M'Yen. Otras dos naves de similar diseño, pero más pequeñas, flanqueaban al Kor Run'Al, bloqueando el rumbo por el que debían saltar.

- Shas'El... - El tono de M'Yen era más tranquilo ahora, más diplomático. - Si nos quisieran muertos, ya lo estaríamos. - Señaló con la cabeza las dos naves más pequeñas. - Esas ya estaban ahí, ocultas, o habríamos detectado su entrada en el espacio normal.

- No se ha detectado ninguna ruptura del espacio - dijo el Piloto como para confirmar, y reforzar, las palabras de M'Yen. Kais también había reconocido las naves. - Mensaje entrante.

- Páselo - gruñó el Shas'El, sabiéndose atrapado. - Sólo audio.

- Soy Athareas de los Ëaressi, al mando del Puño de Vaul. Quiero hablar con el Por'El Dal'Yth M'Yen Kauyon J'Kaara Fio. - Incluso el propio M'Yen se sorprendió de escuchar su nombre completo. La voz que lo había pronunciado inspiraba a la vez autoridad y calma, como si supiese, lo cual era seguro, la impresión y temor que reinaba en la nave Tau.
15/09/2005 19:05 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

07/06/2005

Razones para luchar

A pesar de la extraña voz procedente de la enorma máquina, Sayëan podía apreciar el tono paternal que su padre utilizaba. El Señor Espectral, el Viejo Haq, como lo llamaban informalmente los jóvenes (casi todos los Ëaressi, dicho sea de paso) había pasado las últimas horas preguntando a su hijo sobre los acontecimientos de las últimas décadas durante las cuales había permanecido dormido.

Los circuitos a los que estaba conectado le proporcionaban datos y energía, pero el antiguo Kano prefería escucharlo todo de viva voz. Durante un momento Sayëan pensó que su padre símplemente disfrutaba escuchando a su hijo.

Fuera del transporte, la Telaraña se extendía infinita. Hacía horas que habían atravesado el portal alojado en la base del Megalito de Cadia, cerca de Kars Galedon. Segundos más tarde de hacerlo, cargas explosivas habían vuelto a enterrar el portal para ocultarlo de ojos indiscretos. Por ese camino no podrían regresar. Sayëan tampoco había esperado hacerlo.

El Viejo Haq no hizo comentario alguno mientras su hijo hablaba. Sólo preguntaba, sin cuestionar las decisiones tomadas y los caminos seguidos. Un Kano hacía lo que debía hacer, sin esperar aprobación u oposición. Representaba a los Ëaressi, y ellos lo aceptaban. Y ante todo, el Viejo Haq aún era un Ëaressi, y no iba a cuestionar las decisiones de su hijo.

Era extraño observar a la enorme máquina sentada y encorvada casi cómicamente dentro de la bodega del transporte, escuchando atentamente cada palabra. Cuando llegaron al asunto del Talismán y los Arlequines, que habían desembocado en su nuevo despertar, la lisa y normalmente inexpresiva faz del Señor Espectral pareció fruncir el ceño. Sayëan sabía que no era posible, pero tal vez el espíritu del antiguo Kano era capaz de alterar el Hueso Espectral que conformaba su enorme cuerpo.

El Señor Espectral escuchó incluso con mayor atención cada palabra, meditando cada frase de Sayëan, que no omitió detalle alguno. Al final, Sayëan quedó callado mirando a su padre como esperando consejo o una palabra de ánimo. El Viejo Haq permaneció en silencio, reflexionando.

- ¿Cómo está tu madre? - dijo sin más la máquina, sorprendiendo a Sayëan.

Los Ëaressi no se casaban formalmente, siguiendo su costumbre de evitar ceremonias y protocolos innecesarios y poco prácticos. Sin embargo Sayëan sabía lo mucho que su padre y su madre se habían querido. Él era el mejor ejemplo de ello. Sin embargo, no acertaba a encontrar relación alguna entre la pregunta y la situación actual.

- Está bien, en la Esperanza. Continua con su trabajo de sanadora. - Durante un momento Sayëan añoró su despreocupada vida anterior a la de Kano - Los envié a Ulthwé - recordó a su padre.

- Athareas sabrá lidiar con los Videntes. Hubiese sido un buen Kano si no se hubiese empeñado en defender mi candidatura. - De nuevo otro cambio de tema... ¿o no? - Cuida bien de tu madre, espero - Obviamente, todo iba relacionado, incluso la informalidad de los Ëaressi en las relaciones.

- La hace sonreir - dijo Sayëan sin pensar.

- Eso es bueno. No es bueno estar sólo durante siglos - Durante un momento Sayëan se sintió culpable por despertar a su padre después de tanto tiempo, hasta que cayó en la cuenta de que el comentario de su padre tenía una doble intención - Incluso el Kano tiene derecho a una vida - La enorme cabeza del Señor Espectral se ladeó un poco, esperando.

- Tal vez más tarde. Ahora hay mucho que hacer - Sayëan trató de evitar el tema. Ahora no era momento para sentimientos.

- Entonces, ¿por qué luchas? - El Viejo se inclinó sobre su hijo, como si le mirase fijamente con unos ojos que realmente no tenía. - Recuerda lo que significa ser Kano, hijo mío. Los Ëaressi seguimos teniendo corazón - El Señor se golpeó ligeramente en el pecho con un monstruoso puño de combate mientras un extraño sonido salía de su cuerpo. Sayëan reconoció una extraña forma de risa y por fín captó la ironía.

El Viejo Haq, el último de los Señores Espectrales de los Ëaressi, y por tanto, último pedazo de Hueso Espectral que los Ëaressi habían conservado. Hueso Espectral, la materia de la que estaba hecha la civilización Eldar, y el núcleo de su mundo de origen, Bieltan. Por un momento, Sayëan recordó Bieltan, aunque nunca lo había visto con sus propios ojos, y recordó el símbolo de su mundo.

Sin embargo, durante un instante, su mente voló hasta Ulthwé. Entonces, la risa del Señor Espectral aumentó durante un instante hasta que apartó la 'mirada' de su hijo. "Ya sé por qué luchas, hijo", pensó el Viejo Haq.
07/06/2005 18:28 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

02/06/2005

Medidas desesperadas

El informe detallado había tardado algo más en llegar. Athareas había leído y releído los detalles. La estrella se había convertido en una pequeña nova tras la desestabilización de su núcleo, destruyendo los planetas en su catastrófica expasión. Luego se había colapsado sobre si misma hasta quedar convertida en enana. Ningún resto había quedado en órbita.

Ni los humanos habían sido tan locos como para construir algo así. Incluso ellos meditaban hasta el extremo sus 'Exterminatus'. Y no tenían unas consecuencias tan graves, dadas las circunstancias. Sólo las bestias tiránidas destruían con esa voracidad y aparente despreocupación.

Athareas, después de informar al Consejo de Ulthwé, había tomado el mando del Puño de Vaul sin esperar decisión alguna de los Videntes. Tampoco creía que llegasen a ninguna conclusión práctica, al menos no en un tiempo razonable. Las cosas ahora sucedían en cuestión de días y horas, no de los siglos con los que estaban acostumbrados a lidiar los longevos Eldar.

También había ordenado a las naves-hogar y su escolta abandonar la órbita del mundo astronave rumbo a un refugio en el espacio profundo, lejos de toda posible amenaza inmediata. Ante todo, el pueblo Ëaressi debía sobrevivir. Una vez arreglado eso, podría tomar otras iniciativas.

Una de ellas había sido ordenar a Jeriah que siguiese al 'Destructor de estrellas', como lo había llamado Jeriah, tras recoger un contingente de tropas eldar y kroot bajo el mando de la Capitana Aryadel. Athareas sabía que Jeriah y Aryadel eran amigos, y ambos, como guardianes purificadores, serían capaces de hacer lo que se temía iban a verse obligados a hacer. Ahora, el Puño de Vaul debía reunirse con Jeriah, para proporcionarle ayuda si era, que sería, necesario.

Por un momento pensó en el Kano. No habían recibido señales de él y su grupo, lo cual quería decir que o bien habían fracasado o ya habían cruzado el megalito en busca del Talismán. En cualquier caso, era inalcanzable. El pragmatismo ëaressi se impuso y apartó esos pensamientos de su mente. Si nada podía hacer, no debía pensar en ello.

(...)

Aryadel también estaba atónita ante el informe. La escala a la que se desarrollaban las cosas la superaba. Sólo era una guardiana. ¿Para qué quería el Kano, a través de Athareas, que ella interviniese? Reflexionó sobre cual sería su papel, y poco a poco, uniendo piezas, consiguió hacerse a la idea de lo que se esperaba de ella.

La nave de Jeriah, camuflada y siguiendo discretamente a la extraña flota que acompañaba a esa mostruosidad, su contingente de purificadores y kroot, la espera de órdenes... Sabía que el Puño no sería rival para esa flota, ni siquiera para esa nave en solitario, y mucho menos la pequeña fragata en la que viajaban, así que Athareas no esperaba un enfrentamiento directo... El suave pitido de la puerta de su camarote la sacó de sus cavilaciones.

- Pase - Dijo sin levantar la vista de las notas de Jeriah. Oyó el siseo de la puerta al abrirse, pero quien fuera permaneció en silencio, lo que llamó su atención haciendo que levantara la vista - ¿Qué ocurre? - miro ceñuda al suboficial.

- El Capitán Jeriah la llama al puente - El suboficial parecía tenso y asustado - Están... están volviendo a hacerlo.

Aryadel parpadeó varias veces antes de comprender a qué se refería el suboficial. Sin esperar a que dijese nada más, se levantó rápidamente y salió del camarote casi atropellando al suboficial, dejando los informes desparramados sobre su camastro.

(...)

M'Yen estaba indignado. Llevaba una hora sentado esperando ser recibido por el Comandante Farsight. Sin embargo, este había hecho entrar al Shas'El y había dejado a M'Yen esperando fuera. Era un diplomático, ¡el Comandante no podía hacerle eso!

De pronto, mientras refunfuñaba para sus adentros, oyó la puerta abrirse y los marciales pasos del Shas'El, los cuales había aprendido a reconocer tras meses de viaje juntos. Se levantó dispuesto a entrar en tropel en el despacho del Comandante para comunicarle su indignación, pero sólo pudo llegar a ver cómo la puerta se cerraba ante sus narices.

- Debemos volver al Kor Run'Al. Tenemos una nueva misión - Dijo sin más el Shas'El, con su habitual tono marcial e impersonal.

- ¡Pero aún no he hablado con el Comandante! ¡Esto es indignante! - Se dirigió a la puerta, dispuesto a llamar a ella aunque fuese a golpes. El Shas'El le detuvo cogiéndole firmemente del brazo, aunque sin violencia.

- No, M'Yen - M'Yen se sorprendió de escuchar su nombre en boca del Shas'El, y del tono, casi un susurro, que era de todo menos impersonal - Es grave, muy grave. Debemos irnos.

M'Yen sacudió la cabeza, contrariado. Era la primera vez que el Shas'El se dirigía a él de un modo tan informal. Pero si el tono y las palabras podían dejar alguna duda, la mirada del Shas'El disipó cualquier confusión. En verdad algo realmente grave ocurría. El Shas'El parecía asustado.

- ¿A... a dónde vamos? - Acertó a preguntar M'Yen mientras se dejaba casi arrastrar por el Shas'El a través de los pasillos que les conducían al puerto.

- A Upsila Tartarus - El Shas'El recuperó su tono inflexible y mecánico.
02/06/2005 11:51 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

12/05/2005

Mensajes

* Transporte Regos
Borde exterior del Sistema Cadia

- ¡Lord Fansworth! - El astrópata parecía muy alterado. Perlas de sudor caían por su pálido rostro, mostrando el gran esfuerzo que le suponía mantener la concentración... y posiblemente la cordura. - ¡Lord Fansworth! - Volvió a llamar con insistencia.

La compleja maquinaria que albergaba el cuerpo del Navegante, permitiéndole sentir cada pulsación de energía de la nave, giró para encarar el cubículo del astrópata, encastrado en una pared protegida del puente.

- Tranquilo Julius, ¿qué ocurre? - Seamus sospechaba lo que pasaba.

- Un... un mensaje, Milord... - La concentración amenazaba con quemar su cerebro. - Demasiado poderoso... duele... - Seamus sabía lo que significaba.

- ¡Vuélcalo! ¡Deprisa! - Si no desconectaba a su astrópata de las comunicaciones de la nave la retroalimentación lo mataría. - ¡Vuélcalo y desconecta!

- Mensaje... - Julius apretó los dientes - ...volcado... - Su cabeza cayó a un lado, inerte.

Para alivio de Seamus, los sensores que monitorizaban las constantes vitales de Julius indicaban que sólo estaba inconsciente. Con un leve pensamiento ordenó al cogitador que había recibido la transmisión a través de la mente de Julius le mostró el mensaje recibido, directamente en su cerebro.

Aún sin comprender en contenido, reconoció de inmediato el lenguaje de batalla de los Ëaressi. El Kano Sayëan utilizaba una versión simplificada, mezclada con gótico alto, para comunicarse con el propio Seamus. Pero esta vez no había gótico, y el cifrado impedía saber de qué se trataba. Sólo una nota al principio era comprensible para Seamus: "Transmitir al Kano".

- ¡Oficial de cubierta! ¡Prepare la nave para regresar a Cadia!

* Kor Run'Al
Última Segmentum

- ¿Regresar? ¿Ahora? - M'Yen estaba indignado, pero el Shas'El permanecía imperturbable. - ¡Apenas he empezado a examinar las ruinas del asentamiento!

- La orden procede del Comandante Farsight en persona. Hemos de regresar a Vior'La de inmediato. El Kor Run'Al ha sido reasignado a la flota, bajo control militar.

- ¡Esto es indignante! ¡El Comandante me prometió que podría investigar los asentamientos Exoditas con libertad! - Sabía que sus protestas caerían en saco roto, pero no por ello dejaría de intentarlo.

- Eso ha cambiado. Estamos en alerta militar. Y ahora estoy al mando. Permaneceréis a bordo como asesor. - Ni siquiera esperó respuesta, volviéndose hacia el Piloto. - Prepare y ejecute un salto a Vior'La. Máxima velocidad. - Kais dudó un momento, mirando a M'Yen. - ¡El Por'El ya no está al mando! ¡Obedezca! - Con un suspiro, Kais introdujo las instrucciones correspondientes en la consola de navegación.

- ¡El Comandante recibirá una queja formal! ¡Esto no quedará así, Shas'El! - M'Yen salió del puente hacia su camarote, dejando al Shas'El plantado en el centro del puente, mirando por la portilla principal como el mundo que estaba bajo sus pies desaparecía para dar paso a las estrellas del espacio profundo, en dirección a Vior'La.

- Salto en 3... 2... 1... - Dijo mecánicamente Kais. Y el Kor Run'Al rasgó el espacio de camino a su destino.

* Esperanza de Lileath
En órbita alrededor del mundo astronave de Ulthwé

- ¿Está confirmado? - Preguntó Athareas.

- Sí, Capitán. Jeriah también ha indicado que ha enviado el mismo mensaje al Kano a través del Regos - Eso no pareció gustar a Athareas - Codificado - Se apresuró a añadir el lugarteniente.

- Está bien... - Meditó un momento, tratando de decidir que haría el Kano. - Informa al Puño de Vaul, Jeriah necesitará ayuda para detener esa nave Tau. Yo informaré al Consejo de Videntes.
12/05/2005 14:06 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

Giro inesperado

- ¿Qué hacemos, Capitán? - El Oficial Ejecutivo parecía nervioso.

- Mantenemos la posición. Alerta en todas las cubiertas. Y que comprueben el campo de ocultación - Jeriah trató de parecer tranquilo, pero un sentimiento de miedo recorría a toda la tripulación tras lo que acababan de ver. - Quiero todo lo que nuestros sensores puedan averiguar sobre esa... cosa. Sin descubrirnos.

- Sí, Capitán - Respondió el Oficial, que empezó a dar órdenes al resto de puestos.

- Capitán, ¿avisamos al Kano? - Su lugarteniente había permanecido en silencio hasta entonces.

- No podríamos aunque quisiéramos. A estas alturas estará ya en el interior del Ojo. - Jeriah recuperaba poco a poco la calma. - Quiero un informe sobre la estrella. Necesitamos saber qué le han hecho con ese arma. Al menos informaremos a Athareas.

- Capitán, no somos rival para esa flota - Señaló con la cabeza la nave insignia. Los sensores indicaban más de siete kilómetros, erizados de armamento.

- Por eso nuestro trabajo ahora es recabar toda la información que podamos. - Sacudió la cabeza, contrariado, mientras trataba de decidir cual sería su siguiente paso. - La naturaleza de nuestra misión ha cambiado. Parece que los Tau han tomado la iniciativa.

- Capitán, pero lo que han hecho... - Temía terminar la frase.

- Lo sé. Si es lo que nos tememos, no sólo habremos fracasado, si no que la situación habrá empeorado. Esa nave podría rivalizar con el Talismán. No podemos permitir eso.

- Pero los Tau son...

- ¿Aliados? Sólo circunstancialmente, y lo sabes. Son jóvenes e inmaduros. Y a juzgar por lo que han hecho, demasiado impulsivos. - Odiaba el camino que estaban tomando las cosas. - Informad a Athareas.

- ¿Y si no responde? - El lugarteniente temía la respuesta.

- No tenemos alternativa. Sin el Kano, tenemos que seguir con el plan. Actuaremos como si el "Justicia del Tau'va" fuese otro Talismán.
12/05/2005 14:05 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

Alguien dijo una vez "golpea con suficiente fuerza y alguien acabará abriendo la puerta... o la puerta caerá". Athareas sonrió bajo su casco mientras observaba al Gran Consejo cuchichear en sus asientos. Individualmente sabios, supuestamente, como colectivo eran como cualquier otra organización política. Athareas podía distinguir los distintos grupos de presión, partidistas, que sabía defenderían sus respectivas posturas por insostenibles que fuesen. Pero como todo en política, eran manipulables. Resultaba irónico que los manipuladores por excelencia estuviesen siendo manejados por un simple... soldado.

Uno de los videntes se levantó y trató de hacer callar al resto para iniciar la sesión, sin demasiado éxito al principio. Poco a poco se fue haciendo el silencio en la sala, y la atención de cada grupo se fue centrando en el estrado que presidía la reunión, donde un sillón vacío estaba rodeado de otros cuatro, ocupados. El resto, decenas de videntes y los brujos que les asistían, ocupaban las gradas en un gran semicírculo. Cuando todos se hubieron callado, el vidente a la derecha del sillón vacío se levantó y se dispuso a hablar.

- ¡Hermanos Videntes! - Athareas enseguida reconoció la voz del vidente que había tratado de evitar que hablase con el Consejo. - ¡Corren tiempos aciagos para Ulthwé y toda nuestra Raza! ¡Hemos recibido nuevas y preocupantes noticias que deben llamar nuestra atención! - "Noticias que tú pretendías evitar que comunicase al Consejo", pensó Athareas. "Y ahora quieres apuntarte el tanto".

- ¿Y cuales son esas noticias? - Preguntó un vidente anónimo desde las gradas. Sin embargo, todos conocían ya la noticia.

- Otro Talismán de Vaul ha sido descubierto por los Mon-keigh, y corremos el riesgo de que caiga en sus manos... - "Y eso te asusta, ¿verdad?" - ...o en las de los Servidores del Caos. - "Y eso, para asustar a los demás miembros del Consejo".

Un fingido murmullo de sorpresa inundó la sala. Hacía dos días que el rumor corría por todo el Mundo Astronave, fruto de la declaración a voz en grito de Athareas. Dos días esperando el resultado previsible. "Dos días perdidos", se lamentó Athareas desde su asiento destinado a los invitados.

- ¡Debemos recuperarlo! - Increpó un miembro del Consejo - ¡No podemos permitir que caiga en malas manos! - "Cualesquiera que no sean las vuestras, ¿no es así?".

- ¡Eldrad murió por causa de otro Talismán! - Recordó por algún motivo otro miembro. Y la discusión estalló.

Los partidarios de una intervención directa discutieron con los partidarios de mantenerse al margen, como siempre. Osados contra conservadores. Todos sin darse cuenta de que las cosas ya estaban en marcha, decidiesen lo que decidiesen. Por una vez, sus poderes precognitivos no les habían servido de nada. Planes y previsiones de milenios soslayados por un acontecimiento que no supieron prever. Todos esos planes truncados con la muerte de Eldrad. Sin él no eran nada, y ahora peleaban como niños.

Diez minutos más tarde la discusión continuaba, para frustración de Athareas. Nadie pensaba hacer nada. Todos se enfrentaban sin llegar a ninguna conclusión. "Al menos en Bieltan ya se habrían levantado en armas", pensó el Viejo Capitán con lástima. Era suficiente para él, y no podía permitirse más retrasos. Lentamente se levantó de su asiento y bajó de la grada de visitantes. Sólo el Vidente con el que había hablado dos días antes le siguió con la mirada, permaneciendo en silencio mientras los demás discutían.

Tras descender al nivel del suelo, caminó lentamente hacia el centro del hemiciclo, frente al estrado principal. Poco a poco percibió como la discusión se apagaba y las miradas comenzaban a centrarse en él. Varios Vengadores se dirigieron a interceptarle camino del estrado, pero la mano levantada del Vidente les detuvo. Cuando llegó al centro de la sala, giró en redondo, observando a todos los presentes.

- ¿Este es el Gran Consejo de Ulthwé? - Habló sin levantar la voz, pero todos pudieron escucharle. - ¿Este es el concilio que pretende llevar a la Raza Eldar a un nuevo renacer?

- ¿Quién osa hablar así al Consejo de Ulthwé? - Increpó alguien.

- Sin Eldrad no sois nada... - Dijo casi con un susurro. - Sólo él supo tener la suficiente visión, y sin él ahora estáis ciegos... - Continuó levantando la voz - ...salvo para lo que queréis ver. - Esto último lo dijo mirando hacia el estrado.

- No es más que uno de esos renegados, ¡que lo saquen de aquí! - Dijo alguien a su espalda.

- ¿Para que podáis seguir discutiendo inútilmente? - Dijo girándose para encarar al que había hablado. - Mientras vosotros perdéis el tiempo el resto del universo sigue su curso, con o sin vosotros. Ahora no hay miles de años para trazar vuestros planes y manipulaciones. Las cosas suceden, y suceden ya, sin esperar a que toméis una decisión.

La sala estalló en nuevas acusaciones. Las facciones volvieron a gritarse, esta vez echándose la culpa unas a otras de su pasividad. El Vidente a la derecha del sillón vacio se levantó lentamente y miró durante unos segundos a Athareas. Luego miró al resto de videntes y lentamente bajó la mirada, negando para sí.

- ¿Qué sugiere el representante de los Ëaressi? - Muchos de los presentes ni siquiera conocían ese nombre, pero todos interpretaron que se refería al soldado que estaba plantado en el centro de la sala, sobre el cual se posaron todas las miradas.

Athareas sintió por un instante el peso de las mentes de todos los Videntes. A pesar de su comportamiento, todos eran poseedores de mentes poderosas, que ahora trataban de escudriñar su cerebro. A duras penas levantó sus defensas mentales, que resistieron el silencioso interrogatorio. A pesar de la escasez de psíquicos entre sus filas, los Ëaressi tenían una innata resistencia a sus poderes. De nuevo esperó, y poco a poco la presión cedió mientras los Videntes se iban calmando. Athareas intuyó que la mente del Vidente del estrado tenía algo que ver en la retirada del asalto mental de los demás miembros.

- ¿Acaso ese... renegado tiene más voz que los miembros del Consejo, Fadhral? - Preguntó uno de los portavoces de una facción.

- Ese... renegado, como tú lo llamas, es quien ha traido las noticias sobre el Talismán, y representa a su pueblo, los Ëaressi - "¿Está proponiendo una tregua?", se preguntó Athareas.

- ¿Ëaressi? No son más que piratas y vagabundos, marginados de fuera de los Mundos Astronave - Afirmó el portavoz.

- Esos 'marginados' mantienen una flota de guerra frente a Ulthwé - Recordó alguien de una facción opuesta.

- ¡Eldar amenazando a otros Eldar! - Remarcó uno de sus compañeros.

- Los Ëaressi no han amenazado a nadie - Cortó en seco Athareas. - Hemos venido con el fin de ayudar a recuperar el Talismán, e impedir que este caiga en malas manos. Pero está claro que tendremos que seguir solos...

- ¿Seguir? ¿Qué...? - Fadhral miró fijamente a Athareas - ¿...qué habéis hecho? - Esta vez el asalto mental fue decidido e implacable, pero Athareas lo dejó penetrar en su mente sin resistirse.

- Conocemos la localización del Talismán, y ya hemos tomado las medidas necesarias para hacernos, si es posible, con su control - Confirmó de palabra Athareas. - O destruirlo.

Athareas sintió de nuevo la presión. "¿Dónde? ¡¿Dónde?!", preguntaba dentro de su cabeza Fadhral. Pero no obtuvo respuesta. Deliberadamente, Athareas desconocía esa información. Ni siquiera sabía dónde encontrar a su Kano. Por eso este había usado el Regos como transporte, en lugar de los medios de los Ëaressi. Sólo el propio Sayëan sabía dónde iban a buscar el Talismán.

- Las tropas fueron enviadas antes de llegar a Ulthwé. - "¿O esperábais que confiásemos en recibir vuestra ayuda?", dejó leer Athareas a Fadhral en su mente.
12/05/2005 14:02 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

Despertares

- ¿La zona está asegurada, Capitán? - Sayëan miró a su alrededor, deduciendo la respuesta.

- Sí, Mi Kano - La respiración acelerada del Capitán de los Escorpiones aún era apreciable a través del intercomunicador.

El paisaje corroboraba la afirmación del Escorpión. Nada vivo, excepto las tropas Ëaressi, permanecía en pie alrededor del Megalito. Decenas de cadáveres rodeaban la base del enorme artefacto. Los Escorpiones se habían empleado bien, y aunque las víctimas del ataque eran tropas traidoras, a Sayëan le disgustaba el excesivo salvajismo que caracterizaba los ataques del Capitán Escorpión.

- ¿Bajas? - A pesar de todo, sus soldados eran lo primero.

- Tres, y media docena de heridos. Los Kroot han sido de mucha ayuda - Era extraño que el Capitán concediese mérito a los aliados de los Ëaressi, pero tal vez deseaba complacer a su Kano. Sabía que la carnicería disgustaba a Sayëan.

- ¿Eso incluye las bajas Kroot? - Sayëan también sabía que el Capitán no los habría contado. No los consideraba tan importantes.

- No lo sé. Son muy celosos con sus muertos - Respondió evasivo.

En respuesta a la pregunta de Sayëan, tras un recodo apareció Brokaar, acompañado por varios de sus guerreros y el shamán de la tribu. Sus expresiones, enigmáticas como siempre, no mostraban emoción alguna por el resultado de la incursión. El grupo se detuvo a unos metros, y Brokaar avanzó en solitario.

- Humanos no resistir mucho. Ser tropas débiles - Eso quería decir que no había Marines Traidores entre el destacamento, sólo milicianos renegados. - De todos modos, no saber bien. Estar podridos.

- ¿Cuántos guerreros has perdido? - Sayëan trató de cambiar de tema.

- Dos puños - "Dos veces cuatro", se tradujo Sayëan a si mismo.

- Kano - Un oficial les interrumpió - Estamos listos. - Dijo señalando la base del Megalito.

- Está bien, vamos - A un gesto de Sayëan, Brokaar, el Capitán Escorpión y el resto le siguieron hacia el Megalito.

Parte de la base había sido excavada rápidamente por un grupo de Ëaressi, que ahora esperaban junto a lo que habían dejado al descubierto. El arco encastrado en la roca del Megalito conservaba todos los detalles. Al estar enterrado, ni la erosión ni otros elementos habían causado daño alguno. Un par de soldados terminaban de limpiar cuidadosamente algo junto al arco.

- ¿Funcionará? - Preguntó Sayëan. Uno de los soldados se volvió.

- Creemos que si, Mi Kano - Se giró de nuevo hacia lo que estaban limpiando, pero siguió hablando. - Los circuitos de Hueso parecen intactos. Sólo falta la fuente de energía.

- Bien, terminad con eso y preparaos. No queda mucho tiempo. - Sayëna hizo un gesto, y un Vidente se acercó a él - Ahora hemos de despertar al Viejo - Dijo con un susurro al Vidente, que asintió con gravedad.

Lentamente caminaron hasta uno de los Transportes Rompedores, estacionado junto al Megalito. Otros dos esperaban algo más alejados, con parte de las tropas del destacamento formadas a su alrededor. El cuarto sobrevolaba la zona, vigilando desde el cielo por si aparecía algún intruso.

Sayëan y el Vidente se detuvieron junto a uno de los portones laterales del Transporte. En silencio, sabiendo lo que tenían que hacer, uno de los Veteranos que guardaban el portón manipuló los controles y este se abrió con un siseo. Cuando el portón se abrió completamente se apartaron dejando pasar al Vidente. El interior de la bodega estaba oscuro, pero un suave zumbido indicaba que algo esperaba en su interior.

El Vidente se giró y miró a Sayëan, como esperando una confirmación. Sayëan asintió, y el Vidente hurgó en su bolsa ceremonial en busca de algo. Con cuidado sacó un objeto ovoide, de color rojo sangre, apagado y sin brillo, que sostuvo entre sus manos. Durante un momento se lo mostró a Sayëan, que lo miró con una extraña sonrisa.

- Hazlo - Dijo sin más.

El Vidente entró en la bodega, desapareciendo entre las sombras. Sayëan y el resto esperaron fuera durante unos minutos. Mientras tanto, el soldado que había estado limpiando el artefacto de la base del Megalito se acercó tras Sayëan, pero no dijo nada por temor a interrumpir la curiosa ceremonia.

- Habla - Dijo Sayëan sin dejar de mirar hacia la bodega.

- El... - dudó un momento, mirando también hacia la bodega - ...el Portal está listo.

- Bien. Que todos aborden los transportes. Partiremos en cuanto... - El Vidente salió de la bodega, con las manos libres, e hizo un gesto de asentimiento a Sayëan. - Partiremos ahora. Ve a tu transporte. - El soldado salió a toda prisa hacia el transporte más cercano.

El Vidente se reunió con Sayëan y los Veteranos, a unos metros del transporte. El Kano se adelantó hasta quedar a unos pasos de la entrada de la bodega e hincó una rodilla en el suelo, bajando la mirada. El zumbido procedente del interior de la bodega aumentó ligeramente.

- No debes hacer eso - La voz, grave y susurrante, procedía del transporte, como una prolongación del zumbido.

- Lamento... - Sayëan buscaba las palabras adecuadas. - ...lamento perturbar tu descanso - Parecía apenado de veras.

- No lo habrías hecho de no ser necesario. Levántate - Sayëan obedeció lentamente, pero no levantó la cabeza. - ¿Cuán grave es la situación?

- El Ojo se extiende, engullendo un mundo tras otro. Los Humanos han encontrado un Talismán. Planean utilizarlo para detener a los Servidores del Caos.

- No son conscientes de lo que hacen. Debemos recuperarlo.

- Sabemos donde está, pero el Caos también lo sabe. Vamos... - Un crujido interrumpió a Sayëan, que levantó la cabeza.

- ...vamos a adelantarnos - El Viejo miró sin ojos a Sayëan. La pulida superficie gris-azulada reflejó la tenebrosa luz del cielo de Cadia mientras la cabeza giraba observando los alrededores. - Aaaaah, es agradable sentir de nuevo el aire - El Viejo abrió los brazos ligeramente, dejándose acariciar por la gélida brisa. Poco a poco sacó su estilizado pero enorme cuerpo del transporte, irguiéndose en toda su altura.

- Saludos, Haq'aldharion - Dijo solemnemente Sayëan mientras hacía una reverencia.

- Saludos... Hijo. Deja que vea tu rostro - Sayëan obedeció, y lentamente se quitó el casco para mirar al Señor Espectral que antaño fuera Kano de los Ëaressi... y su padre. El Último de los Señores Espectrales de los Ëaressi.
12/05/2005 14:03 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

Interludio

Interludio

Dentro de tres días tenían que regresar para reunirse con la Flota. La Esperanza de Lileath les esperaría en Ulthwé. La situación debía ser grave para que el Kano reuniese a toda la Flota y además se presentase abiertamente ante los Videntes. Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos y poder concentrarse en su tarea.

Aryadel y el resto de su grupo avanzaron lenta y cautamente entre los árboles. Solicitó un informe a los grupos de avanzada, que fue rápidamente respondido con sendos 'Todo despejado' por parte de los exploradores. Igual que todos los informes de las últimas dos semanas.

Esta vez no habían encontrado el puesto Exodita abandonado. Estaba arrasado. Los edificios estaban en ruinas, cubiertos por la maleza desde hace años, aunque todavía eran claros los restos de la lucha. Templos, casas, todo. Destruido hasta los cimientos. Los monkeigh habían sido muy metódicos en su tarea.

Con disgusto se reprochó el término. Al Kano no le gustaba que su gente se refiriese a los Humanos con ese apelativo despectivo. Pero esta vez estaba justificado, e incluso el Kano se habría sentido furioso ante la destrucción que habían provocado los soldados del Imperio. De pronto algo llamó su atención. Uno de sus subordinados le hacía señas.

- Capitana -dijo en un susurro el oficial de comunicaciones- Tenemos comunicación con nuestra fragata. Tenemos visita.

- ¿Humanos? -algo en su interior deseaba una revancha.

- ... -el oficial dudó un segundo- Caos. Una barcaza. No han identificado la Legión. Se dirigen a la superficie. Su trayectoria les llevará a unos cientos de kilómetros de aquí.

- Bien. Llama a nuestros transportes. -Tendría que conformarse con los traidores que una vez fueron humanos.
12/05/2005 13:59 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

13/01/2005

Ayuda inesperada

"Tres meses", pensó el teniente. Tres meses de bombardeo casi ininterrumpido, de intentos de asalto, de hambre, frío y falta de sueño. Incluso un cadiano se resentía. Pero cansado, helado y hambriento, seguía cumpliendo con su deber. Apretando los dientes el teniente apartó esos sentimientos y se concentró en la pequeña ranura que le mostraba el mundo exterior.

Frente al búnker aún humeaban los restos calcinados y hechos pedazos del último intento, hacía unas horas, bajo un cielo gris oscuro, como si una tormenta fuese inminente. Las tropas del Caos seguían estrellándose contra las defensas de Kars Galedon día tras día, sin descanso. Sólo unas horas de respiro entre oleada y oleada daban algo de descanso a las tropas. Bombardeo, asalto, pausa. Bombardeo, asalto, pausa... así desde hacía tres meses. La radio emitió un chasquido.

- Puesto Norte Eco Dos. Informe - Su oficial de comunicaciones le pasó la radio.

- Aquí puesto Norte Eco Dos. Sin Novedad - respondió sin mucho entusiasmo.

- ¿Señales del enemigo? - Al otro lado de la línea de comunicaciones parecían impacientes.

- Negativo Puesto de Mando. Todo despejado desde... - miró su reloj de pulsera - ...hace 6 horas - Lo cual ya era casi un record. El Puesto de Mando permaneció en silencio unos segundos.

- Teniente, ponga en alerta a sus hombres - "¿Otro ataque?", se preguntó - En trece minutos llegará un convoy. Estén preparados para asegurar una zona de aterrizaje en el perímetro exterior para descargar suministros - El teniente se quedó con la boca abierta, sorprendido. A su lado el oficial de comunicaciones tenía la misma cara de sorpresa.

- Confirme órdenes, Puesto de Mando - no estaba seguro de haber oído bien - ¿Asegurar una zona de aterrizaje en el perímetro exterior? - No se fiaba. Hacía meses que no llegaba ninguna nave. Los primeros bombardeos destruyeron la pista de aterrizaje del kars, y de todos modos tampoco habían recibido ninguna nave a causa del bloqueo. Llamó por señas a su sargento primero.

- Correcto. Un perímetro de quinientos metros alrededor de su puesto - ¿Cómo diablos iba a cubrir quinientos metros con apenas setenta hombres, en terreno descubierto? ¿Es que el Puesto de Mando había olvidado que las tropas del Caos estaban ahí fuera? - Asegure la zona para que puedan descargar. Tiene once minutos. Corto.

- Recibido. Once minutos - El Sargento llegó a su lado.

- ¿Están de broma? - preguntó el Sargento, que tampoco se lo creía.

- Parece que no - miró al oficial de comunicaciones - Habla con Eco Uno y Eco Tres, a ver si les han dicho algo - No iba a salir ahí fuera sin tener en cuenta los otros dos puntos fuertes que conformaban la línea norte de las defensas de Kars Galedon - Que todos se preparen - le dijo al Sargento, que salió ladrando órdenes escaleras abajo, hacia la zona de barracones.

- Señor, Eco Uno y Tres informan que les han ordenado cubrirnos con sus baterías - "Algo es algo", pensó el teniente. - Pero les han ordenado permanecer dentro de sus bunkers - Por supuesto, el Puesto de Mando no arriesgaría toda la línea. Si perdían Eco Dos los otros dos fortines de defensa podrían mantener, aunque debilitados, la defensa. El teniente suspiró.

- De acuerdo. Avisa a nuestras baterías. Que se coordinen con las de Eco Uno y Tres para darnos cobertura - Bajó las escaleras hasta los barracones, donde el sargento ya había levantado a lo que quedaba de su compañía. Los soldados le miraron suspicaces. Aún no se habían acostumbrado a su mando, después de la muerte del capitán. Sin preámbulos les informó rápidamente de la situación - Bien caballeros, tenemos... nueve minutos.

- ¡Primer Pelotón! - ladró el sargento - ¡Vosotros delante! ¡El Segundo treinta segundos después! ¡El Tercero cubrirá las puertas! ¡Vamos vamos vamos! - Los soldados se fueron agolpando ordenadamente frente a las grandes puertas de metal que daban al exterior - Listos, mi teniente.

El despliegue fue de libro. Sus hombres fueron abriéndose en abanico frente a las puertas, tomando posiciones en los cráteres y restos de los combates anteriores. Mientras avanzaba, junto al Segundo Pelotón, pudo ver a su espalda, por encima del hombro, como las baterías del fortín bajo su cargo giraban en busca de blancos. Un kilómetro a su derecha y a su izquierda los cañones de Eco Uno y Tres estarían haciendo lo mismo. Quedaban cuatro minutos.

Un minuto. La impaciencia hacía que los soldados mirasen a su alrededor con temor. En cualquier momento las tropas del Caos podrían darse cuenta de su despliegue y organizar un asalto. Y en campo abierto eso...

- ¡Allí! - uno de los soldados señaló hacia el cielo. Tres puntos se perfilaban sobre el fondo de nubes. Descendían velozmente.

En otra parte, varios kilómetros al norte, más ojos vieron los tres puntos. Los oficiales gruñeron órdenes apresuradamente. Las tropas se prepararon para el combate. Una leve sonrisa asomó en el pálido rostro del comandante del destacamento. Sus desiguales y amarillentos dientes asomaron entre los deformados labios, y su garganta emitió un gorgoteante sonido en una extraña parodia de risa que retumbó dentro del casco metálico color rojo y bronce.

Frente a Eco Dos los soldados vieron descender el primer transporte. Cuando tocó el suelo un grito de alegría y alivio fue ahogado por el ruido de los motores. En cuanto el tren de aterrizaje tocó el suelo las compuertas principales se abrieron y comenzaron a escupir tropas de refuerzo y suministros. Varios sentinels de carga se afanaron en apilar caja tras caja alrededor de las puertas del fortín mientras los soldados las metían apresuradamente en las instalaciones. El segundo transporte aterrizó cuando el primero casi había despachado toda su carga. El tercero no tuvo oportunidad de hacerlo.

Sucedió casi a cámara lenta. El teniente y su escolta oyeron el primer silbido. Otros soldados también lo escucharon, y casi medio centenar de pares de ojos siguieron la aparentemente lenta trayectoria del misil. Impactó en el lado de babor. Un destello iluminó el transporte, y durante un momento pareció que no había ocurrido nada. Luego se desató el infierno.

El casco se abrió desde el lugar del impacto, y la fuerza de la explosión de las municiones que transportaba desmenuzó la nave en millones de pedazos. Un enorme paraguas de fuego cubrió la zona. Los soldados en tierra se vieron aplastados contra el suelo por la fuerza de la onda expansiva. Los que estaban justo debajo murieron instantáneamente cuando los restos de la explosión les alcanzaron.

El primer transporte, ya vacío, alzó el vuelo en medio de una lluvia de cascotes incandescentes, sólo para ser alcanzado por otra andanada de misiles mientras trataba de huir hacia el espacio. Dando bandazos y soltando humo se perdió en el horizonte, donde poco más tarde se estrellaría.

El segundo transporte ni siquiera llegó a alzar el vuelo, y en verdad fue una suerte. Otra andanada de misiles inutilizó sus motores, dejándolo varado en tierra. Parte de los soldados que lo descargaban murieron al detonar parte de su carga. En menos de treinta segundos los tres transportes habían desaparecido o estaban inutilizados.

El teniente vio como su sargento trataba de poner orden entre los soldados, aún aturdidos igual que él. Poco a poco el pitido que atronaba sus oídos fue cediendo. Durante un segundo deseó que continuase. El pitido fue cambiando, volviéndose más grave y retumbante. El suelo temblaba por la vibración. Al norte, saliendo de entre los cráteres y escombros que formaban el terreno circundante, una marea viviente llenó el horizonte.

A derecha e izquierda las baterías de Eco Uno y Tres comenzaron a escupir líneas de proyectiles trazadores y misiles, impactando contra la oleada de tropas enemigas. El teniente se giró para mirar su propio fortín, preguntándose por qué sus baterías no se unían al fuego. Al menos una de ellas había sido arrancada completamente. Un fragmento del transporte que estalló supuso. Otra echaba humo a causa de los daños causados por la lluvia de cascotes. La tercera permanecía simplemente en silencio.

- ¡Señor! ¡Señor! - no oyó a su sargento - ¡Teniente! ¡Maldita sea, se nos echan encima! - por fin, reaccionó, mirando hacia donde señalaba el veterano suboficial. La marea de tropas del Caos estaba a punto de trabar contacto con la primera línea del perímetro que habían formado sus soldados para proteger los transportes.

- Que se replieguen... - dijo vacilante - ...tenemos... ¡Maldita sea, todos adentro! ¡Al fortín! - La orden tampoco hacía falta, ya que la mayoría de las tropas habían iniciado ya la carrera hacia las puertas. Sólo la primera línea permanecía en su puesto, ya que sabían que no podrían alcanzar los muros del puesto Eco Dos antes de que los soldados del Caos se les echaran encima. "No... un momento...", pensó el teniente.

- ¡Sargento! - su suboficial le miró - ¡Que no entren! ¡Hay que mantener la línea! ¡Necesitamos esos suministros dentro, y hay que ayudar a aquellos soldados! - dijo señalando la primera línea, que ya intercambiaba disparos con los soldados del Caos.

- ¡Tercer Pelotón! ¡Conmigo! - y sin esperar respuesta, el sargento corrió a reforzar la primera línea. El Tercer Pelotón, tras un segundo de vacilación, corrió tras él.

- ¡Segundo Pelotón! ¡Terminen de descargar los suministros! - Rogó al Emperador para que el Primero y el Tercero aguantasen el embate del enemigo lo suficiente como para poder replegarse ordenadamente.

En lo alto de un promontorio, a una distancia relativamente segura, la risa del comandante enemigo volvió a escaparse por los respiradores de su roja armadura. Podía ver cómo sus grotescos y deformados seguidores avanzaban casi sin detenerse hacia el fortín. Sólo unos cuantos huecos en sus líneas delataban los puntos en los que los cadianos estaban resistiendo. Con un ademán de la mano olvidó a los cultistas, que no eran más que carne de cañón, y centró su atención en las tropas que le esperaban tras el promontorio.

Los cinco transportes rhino, con los emblemas de las legiones traidoras, esperaban con los motores en marcha. Medio centenar de marines de caos esperaban las órdenes de su comandante. Sólo dijo "¡En marcha!". Y embarcaron en los transportes.

Frente al fortín, los cadianos resistían a duras penas el asalto enemigo. Las dos baterías restantes habían comenzado a disparar. Una de ellas apenas podía moverse. El teniente supuso, acertadamente, que debían estar manejando la torreta manualmente. Los proyectiles de cañón automático barrían sin cesar las líneas del Caos. Cogió el transmisor que le mantenía en contacto con su sargento.

- Sargento. Empiecen a replegarse - El segundo pelotón había terminado de descargar el dañado transporte, y ahora estaban parapetados a su alrededor dando apoyo a sus compañeros más adelantados. El teniente incluso vio a varios tripulantes de la nave que habían cogido rifles disparar contra las tropas del Caos.

Ordenadamente el primer pelotón empezó a retroceder mientras el tercero le cubría. A continuación, intercambiando los papeles, el primero se detuvo para cubrir la retirada del tercero. Poco a poco fueron replegándose hacia el transporte donde les esperaban sus compañeros.

- ¿No vamos a ayudarles? - preguntó el exarca mientras Sayëan miraba la pantalla. Sabía que el Kano Ëaressi sentía cierta simpatía por los cadianos - Los marines traidores pronto se les echarán encima desde las colinas.

Sayëan miró por encima de su hombro al exarca. Ambos sabían que su misión era otra, y que además, en medio de tanta confusión probablemente ambos bandos les atacarían en cuanto interviniesen. A pesar del silencio dentro del transporte de mando del destacamento de Sayëan las pantallas dejaban constancia del caos que reinaba ahí afuera. El Kano sonrió con tristeza ante el juego de palabras.

- Intercepta las comunicaciones imperiales - dijo al guardián de la consola de comunicaciones - Diles que una columna de transportes les atacará por el noroeste - esperaba que eso fuese suficiente - En gótico - recalcó Sayëan.

Siguió mirando las pantallas mientras el guardián de comunicaciones cumplía la orden. Oyó como daba el aviso en gótico alto, sin apenas acento. Sabía que al otro lado de la línea se preguntarían quién hablaba.

- Kano, el oficial al mando exige una identificación. No nos creen - Sayëan frunció el ceño. Cogió un micrófono conectado a la consola y meditó unos segundos.

- ¡Mueva a sus hombres, maldito estúpido! ¡Una columna de marines está a punto de atacarles por el flanco izquierdo! - En el compartimento del transporte todos se sobresaltaron ante las palabras del Kano Ëaressi, que habló en el gótico más bajo que recordaba. Al otro lado permanecieron en silencio.

- Si se trata de una broma... - la voz del teniente sonaba furiosa. De fondo se escuchaban disparos y explosiones.

- No es una broma, Soldado - Esta vez Sayëan habló en gótico alto.

- Se están moviendo - anunció el oficial de sensores - Está desplazando armas pesadas al flanco.

- Bien hecho Soldado - Sayëan hizo una señal al guardián de comunicaciones para que cortase.

- ¿Quién diablos...? - La línea se cortó.

El primer rhino apareció como por ensalmo a apenas unos cientos de metros de las líneas imperiales. Los artilleros de las dotaciones se sorprendieron de su aparición. El teniente no había explicado por qué debían cambiar de posición, pero parecía que había previsto la aparición de los transportes. Sin dudarlo, abrieron fuego.

Dentro del tercer rhino, el comandante del destacamento gritó de frustración cuando vio volar en pedazos el primer vehículo de la columna. El segundo, tratando de esquivar los restos acabó en una zanja y volcó. El conductor del vehículo de mando, más experimentado, viró bruscamente y se cubrió de la andanada láser tras unos escombros. El cuarto no tuvo tanta suerte, impactado de lleno por un misil. El quinto tuvo tiempo de esconderse tras un terraplén. Varios disparos de mortero, procedentes de Eco Uno, remataron el rhino volcado.

En unos segundos su asalto había sido desbaratado. Sólo sobrevivían dos rhinos. Veinte marines, de 5 transportes y 50 soldados. Presa de la rabia, el comandante hizo desembarcar a su escolta y dio orden a la otra escuadra superviviente de que hiciese lo mismo. De un modo u otro asaltaría ese fortín. Kars Galedon ya había resistido bastante. A su orden, los veinte marines, él incluido, cargaron hacia las líneas imperiales.

El rugido sorprendió a los artilleros. Después de la euforia inicial por acabar con los transportes no esperaban una carga a la desesperada. Dispararon contra las dos escuadras que corrían hacia su posición, pero los blancos eran demasiado rápidos y pequeños y sólo lograron alcanzar a unos pocos. Pronto acortaron distancias. Incluso podían oír el zumbido mecánico de las espadas sierra. Los proyectiles de bólter empezaron a impactar a su alrededor. Respondieron con el fuego de los rifles y las armas pesadas, pero ya era tarde. Los doce marines supervivientes despedazaron a las dotaciones.

Con un grito triunfal el comandante señaló hacia el fortín, donde los cadianos ya se habían replegado alrededor de las puertas resistiendo el empuje de los cultistas. Los marines cargaron de nuevo.

- ¡Los marines! ¡Disparen a los malditos marines! - gritó el teniente por la radio, tratando de llamar la atención de sus baterías. En Eco Uno escucharon el aviso y comenzaron a disparar, abatiendo a los cultistas que ahora rodeaban el avance de los marines, que incluso se abrían paso destrozando a sus propias tropas.

- ¡Adentro, todos adentro! - ordenó el teniente - ¡Hay que cerrar las puertas! - los marines se les echaban encima. Sólo quedaban siete.

Por fin, una de las baterías de Eco Dos hizo blanco. Una explosión de plasma envolvió a los marines supervivientes. Los cultistas, al ver caer a los marines, se detuvieron en seco. Sólo esporádicos disparos rompieron el silencio, que duró unos segundos mientras el plasma se disipaba después de vitrificar el terreno alrededor de los marines traidores. El teniente suspiró casi aliviado, pero el aire no terminó de salir de sus pulmones. Algo estaba en el lugar donde sólo deberían quedar restos fundidos.

Era grande. Lo más grande que habían visto nunca. Les miró con una expresión mezcla de desdén y furia. Las baterías comenzaron a disparar, pero los disparos no causaron daño alguno. Los soldados corrieron hacia las puertas, que empezaban a cerrarse. El teniente y su pequeña escolta fueron los últimos en llegar. Tuvo que ordenar al sargento que entrase, o se habría quedado a esperarle. Se volvió para mirar hacia el enemigo.

El demonio era casi tan alto como las puertas, diseñadas para que pudiese pasar un tanque baneblade. En ese instante deseó tener uno al lado. El demonio le miró fijamente y el terror le invadió. Ni siquiera se dio cuenta de la explosión de sus baterías, abatidas por las armas pesadas de los cultistas, que con renovado valor reiniciaron el asalto al ver a su señor.

- ¿Quién...? - preguntó la bestia en una mezcla de gruñido y trueno. El teniente reaccionó gracias al instinto y el entrenamiento, ya que su mente estaba paralizada por el miedo. Alzó la pistola y disparó sin pensar siquiera que era imposible causar daño al demonio con esa arma. Con una carcajada el demonio levantó su hacha, pero un zumbido estridente, casi un chillido, hizo que detuviese el arma en el aire. Giró la cabeza y miró por encima de su deforme hombro. El teniente también miró tras la bestia.

La nube de brillantes objetos alcanzó al demonio en el torso, cortando la demoníaca carne en multitud de pedazos. Sólo se escuchó un borboteo quejumbroso saliendo de la garganta cercenada por los afilados proyectiles. Una fina lluvia de sangre, negra y espesa, cayó sobre el teniente y su escuadra. El nauseabundo olor se abrió paso a través del humo del combate.

Los proyectiles atravesaron el cuerpo y fueron a incrustarse en los muros del fortín, penetrando profundamente. El demonio se tambaleó, con el torso destrozado. La sangre salía a borbotones por los cientos de cortes. La mandíbula le colgaba a un lado, casi arrancada. El brazo que sostenía el hacha aún permanecía milagrosamente alzado, mientras que el otro yacía en el suelo, cortado a la altura del codo, y las alas estaban hechas jirones. La destrozada cabeza giró para volver a mirar al teniente y emitió un ronco rugido. El teniente escuchó un ligero click a su espalda. Al darse cuenta de su significado se agachó y pegó el cuerpo al suelo, cubriéndose la cabeza con los brazos.

El misil impactó a bocajarro, destrozando lo que quedaba del torso y esparciendo los pedazos alrededor de la entrada del fortín. El teniente levantó la cabeza y vio como el hacha caía al suelo, clavándose a un par de metros de él. Oyó un grito de júbilo y, al girar la cabeza para mirar hacia la puerta, vio a sus hombres salir corriendo del fortín para perseguir a los cultistas que viendo a su señor muerto ya habían empezado a huir. En medio de la puerta, el sargento sostenía sonriente el humeante y vacío tubo del lanzamisiles.

Apenas cinco minutos más tarde el teniente daba su informe al Puesto de Mando. El sargento le hizo una seña negativa cuando iba a preguntar por el desconcertante aviso por radio. Tampoco mencionó las ráfagas de proyectiles que ahora estaban incrustados en los muros de Eco Dos. Cortó la comunicación después de recibir una felicitación de su comandante en jefe. Miró al sargento.

- ¿Quién...? - le susurró. Pero recibió una respuesta distinta a la que recibió el demonio: El sargento simplemente se encogió de hombros y dándose la vuelta se fue a buscar a algún soldado remolón al que gritarle, dejando a su teniente mirando, sin ver, por la ranura del búnker que daba al exterior. El cielo parecía un poco menos gris.

Cincuenta kilómetros al nordeste de Eco Dos los dos transportes Ëaressi volaban a toda velocidad, contorneando el terreno a apenas diez metros del suelo y protegidos por sus campos de ocultación. En el transporte de mando Sayëan se alegraba de haber ordenado disparar sólo una andanada de misiles shúriken. Con un suspiro ordenó al piloto que acelerase para alcanzar a los otros cuatro transportes, que ya esperaban alrededor de megalito. Si, definitivamente le caían bien los cadianos.

07/01/2005

Parientes reunidos (Parte II)

Athareas no se sentía cómodo caminando por las grandes bóvedas. Estaba acostumbrado a los acogedores pasillos y salas de las Naves-Hogar, aunque en el fondo estas fuesen versiones reducidas de los mundos astronave. Tal vez fuese lo que sabía que le esperaba en la sala del Concilio. ¿O eran los propios miembros del Concilio los que le causaban esa inquietud?

Hacía milenios que entre los Ëaressi el número de psíquicos se había reducido tanto que los Videntes y Brujos habían perdido prácticamente todo su poder político. Sin embargo en estos momentos caminaba hacia la mayor y más poderosa reunión de psíquicos Eldar que existía en la Galaxia. El Concilio de Videntes de Ulthwé estaba formado por los Videntes más poderosos, influyentes y supuestamente sabios de toda su raza.

Athareas sabía que Eldrad, el más grande de todos ellos, no estaría presente, ya que estaba muerto, pero entre aquellos viejos decrépitos tenía que haber alguno que comprendiese, al igual que Eldrad, el punto de vista de los Ëaressi. Comprender al menos, que no aprobar, porque Eldrad no compartía sus principios, pero al menos los respetaba. Sonrió dentro de su casco. Él también era un viejo, aunque no decrépito.

Con ese irónico sentimiento llegó a las puertas del Gran Salón del Concilio, en el corazón de Ulthwé. El grupo de Vengadores Implacables que custodiaban la entrada se tensaron al verle. Athareas sabía que le consideraban un paria, un mediocre reflejo de lo que ellos creían ser. Para ellos no era más que un simple vagabundo que se atrevía a disfrazarse con el atuendo del Templo de Vengadores Implacables. Una copia barata de un Guerrero Especialista.

Pero poco le importaba a Athareas que les molestase su presencia o su atuendo. Es más, sentía orgullo al pensar que los Guardianes Ëaressi, sin apenas psíquicos y guerreros especialistas, hubiesen alcanzado la habilidad de estos. Se habían adaptado, que era más de lo que se podía decir de sus Hermanos, anclados en sus tradiciones y creencias desde La Caída. Los Ëaressi no trataban de cambiar el universo a su alrededor ni de manipularlo. Evolucionaban en él. El Universo les había dado la vida, y no al revés, así que ¿quienes eran ellos para manipularlo?.

Para su sorpresa, las grandes puertas no se abrieron. Frunció el ceño cuando dos guardias le indicaron una puerta lateral, algo más lejos. Había pedido audiencia con el Concilio. ¿A dónde le llevaban? Uno de los Vengadores le indicó que pasara. Su escolta se adelantó.

- Sólo él - dijo el exarca Vengador, deteniendo a la escolta de Athareas, que se detuvo nerviosa, mirando a su jefe.

Athareas hizo un ademán a la escuadra para que esperasen. No iba a pasarle nada, o al menos eso suponía. Estaban entre Eldar, así que la escuadra de Guardianes Veteranos esperó en la puerta, junto a los Vengadores Implacables a los que emulaban. Athareas entró en la sala, acompañado por el exarca al mando de la guardia de la puerta. La oscuridad reinante no le dejaba ver las dimensiones de la sala, pero obviamente no era el Gran Salón del Concilio.

- Descúbrete, Athareas de Thianna - La voz surgió de entre las sombras, con un tono ligeramente sarcástico, como si considerase su nombre una broma o un chiste.

Athareas no se movió. Trataba de determinar el origen de la voz, pero la oscuridad era algo más que ausencia de luz. El visor de su casco, que normalmente le permitiría ver en la oscuridad, era incapaz de atravesar el velo de sombras que le rodeaba. Ni siquiera veía al exarca que le había acompañado, aunque sintiese su presencia, cerca de la puerta.

- He venido a hablar con el Concilio - dijo ignorando la orden de la voz.

- El Concilio tiene otras preocupaciones y no puede ser molestado - la voz ahora denotaba disgusto y un atisbo de ira contenida - Descúbrete.

Lentamente Athareas se quitó el casco, sujetándolo bajo el brazo. Con visor o sin él, seguía sin ver a su interlocutor.

- Ahora descubrios Vos - Athareas usó un tono autoritario, aunque lo bastante suave como para que no se interpretase como una orden directa. Un leve cuchicheo le indicó la posición aproximada de la voz. A su espalda el exarca se puso tenso.

Una ligera luz, saliendo del techo, iluminó a una figura sentada ante Athareas. El atuendo era el de un vidente. Dos brujos lo acompañaban, también sentados. Todos llevaban yelmo.

- ¿Por qué no he sido recibido por el Concilio? - Athareas tomó la iniciativa.

- Ya te he dicho que el Concilio está ocupado. Hablarás conmigo - La voz, que procedía del Vidente. Athareas seguía notando la ira contenida.

- He venido a hablar con el Concilio. No tengo nada que deciros a Vos - Las órdenes de Sayëan eran claras.

- ¡Guardian! ¡Estás ante un Gran Vidente de Ulthwé! ¡Muestra más respeto! - Uno de los brujos se había levantado, dando un golpe sobre la mesa con la mano. El Vidente ladeó ligeramente la cabeza y el Brujo se sentó, disgustado. Seguramente habría sido el mismo que había cuchicheado antes.

- Y Vos estáis ante un Capitán de los Ëaressi que ha solicitado audiencia ante el Concilio. Sin embargo me habéis hecho traer aquí por un motivo que desconozco - el tono de Athareas era desafiante - Mi mensaje es para el Concilio.

- Dadme a mi ese mensaje - El Vidente estaba usando ahora un tono más suave, como si tratase sutilmente de convencer a Athareas.

- No - respondió simplemente Athareas.

- Soy miembro del Concilio. ¿Acaso no puedo escuchar ese mensaje?

- Sólo ante el resto del Concilio - "No podemos evitar que lo escuchen los oidos equivocados, pero al menos haremos que lo escuchen también los correctos" había dicho Sayëan. Incluso sentado y con el yelmo puesto era evidente que la paciencia del Vidente se estaba agotando.

- ¿Dónde está tu Señor, ese...? - El Vidente pareció consultar con los Brujos - ¿...ese 'Kano Ëaressi'? - Pronunció el nombre con desprecio contenido.

- El mensaje lo aclarará - Athareas sabía que el Vidente trataba de rodear su negativa a hablar con él a solas.

- Si tan importante es el mensaje, ¿por qué no lo trae él mismo? - El Brujo había vuelto a hablar. Esta vez el Vidente no le detuvo. - ¿Es que tu 'Kano Ëaressi' es tan importante como para no tener que hablar directamente con el Gran Concilio y enviar un subordinado?

Allí estaba. Siempre la misma actitud. Los Videntes no podían hablar con otro líder que no fuese un igual, y por supuesto no consideraban a Sayëan ni a sus antecesores como un igual. Y mucho menos a uno de sus subordinados. Por eso no le permitían hablar ante el Concilio. Sería dar una legitimidad al Kano Ëaressi que nunca admitirían. Un no-vidente no podía gobernar a ningún Eldar. Al menos Eldrad escuchaba. Athareas bajó la mirada ligeramente, decepcionado.

- El Concilio no tiene nada que escuchar de un... renegado - dijo el Brujo escupiendo la última palabra.

- Entonces ¿esa es la respuesta del Concilio? - Athareas reprimió su ira.

El Vidente asintió ligeramente, juntando los dedos de las manos. "Bien, entonces lo haremos solos... como siempre", pensó Athareas mientras se ponía el casco. Sólo le quedaba algo por hacer.

- Si esa es vuestra última palabra entonces mi viaje ha sido en vano - dijo con obvia decepción. Giró sobre sus talones y dio varios pasos hacia la puerta, pero se detuvo. El exarca Vengador estaba plantado ante ella, bloqueándola. Athareas esperó.

- Déjale ir - Athareas notó la condescendencia en la voz del Vidente, a su espalda. El exarca se apartó y la puerta se abrió con un siseo. Athareas salió sin decir nada, pero se detuvo de nuevo, bloqueando a su vez el paso del exarca. Girando levemente la cabeza, habló con voz clara por sobre su hombro.

- Sin embargo, hay una parte del mensaje que sí podéis oir - Incluso de espaldas notó como el Vidente se tensaba en su asiento. Con la puerta abierta cualquiera podría oirlo, pero Athareas estaba un paso fuera de la sala y no podrían evitar que les escuchasen otros.

- ¿Cual? Habla - esta vez el Vidente no reprimió su impaciencia.

- Los Humanos han encontrado otro Talismán de Vaul - dijo sin la menor inflexión en la voz - Y los Necrontyr y el Saqueador lo saben - había alzado la voz lo suficiente como para que los Vengadores que esperaban en el pasillo le escuchasen.
07/01/2005 18:13 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

06/01/2005

Parientes reunidos

Era la primera vez en milenios que actuaban abiertamente. Al mismo tiempo que el Puño de Vaul en el sistema de Cadia, La Esperanza de Lileath y el Corazón de Isha emergieron con su escolta desde la Telaraña. Las dos enormes Naves-Hogar de los Ëaressi dejaron que dos de los cuatro cruceros y varias de las fragatas que las rodeaban avanzasen cautelosamente delante de ellas. No esperaban un enfrentamiento, pero el Capitán Athareas no quería sorpresas.

El Viejo Capitán de Guardianes, mentor y amigo del Kano Ëaressi, observó el espacio desde el mirador principal de La Esperanza, en el Jardín del Silencio. Aún estaban demasiado lejos para ver nada a simple vista, ya que prefería que fuesen detectados e identificados con tiempo. Eso evitaría problemas.

- ¿Y las naves de Jeriah? - preguntó a un subordinado sin dejar de mirar a través del mirador.

- Partieron en cuanto salimos de la Telaraña, Señor... - dudó un momento - ¿Enviamos ya la señal? - el subordinado, un joven guardian, parecía nervioso.

- Seguramente ya sabrán que estamos aquí pero... - Athareas se volvió hacia su subordinado - Sí, enviadla. No quiero que nos consideren unos maleducados - El subordinado susurró algo a través del microtransmisor que llevaba en la mano.

- La señal ha sido enviada - seguía habiendo dudas en la voz del joven guardian.

- Tranquilízate. Seguramente nos esperan. No hay nada que temer - dijo el Viejo Guardian para tranquilizarlo.

- ¿Y si ellos también...? - el guardian no acabó la frase.

- ¿Ellos? No te preocupes - Athareas miró al joven - Lord Eldrad apreciaba al Kano Sayëan y no... - frunció el ceño. El joven guardian miraba fijamente hacia el gran ventanal que daba al espacio, tras Athareas. Sus ojos mostraban miedo. Athareas se giró.

Decenas de naves, incluidos varios grandes cruceros, aparecieron de la nada, en una obvia actitud hostil. Las estilizadas formas tomaban posiciones alrededor de la flota Ëaressi. Superaban ampliamente a la escolta de las dos Naves-Hogar.

- Abre un canal - dijo con firmeza el Viejo Guardián. El joven subordinado tecleó tembloroso en el pequeño teclado que llevaba unido a la muñeca. Un suave pitido en el oido de Athareas le indicó que podía hablar. Se ajustó el micrófono con calma y cogió aire.

- Saludos - empezó con tono tranquilo - Soy Athareas de Thianna, Capitán de los Ëaressi Falakiri. Solicito audiencia con el Concilio. - esperó. La respuesta no tardó en llegar, y la gigantesca mole de Ulthwé fue ocupando poco a poco todo el ventanal.
06/01/2005 20:36 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

05/01/2005

El Puño de Vaul

El plan seguía su curso. Las fragatas activaron sus sistemas de ocultación y desaparecieron de los sensores del Regos. A partir de ahora las fragatas serían invisibles para los Humanos y, al menos eso esperaba Sayëan, para las fuerzas del Caos. Sin embargo, en previsión de sorpresas desagradables, la segunda parte de su plan se pondría en marcha en breve.

- Kano, el Puño de Vaul está a punto de llegar - dijo el oficial de comunicaciones.

Sayëan se acercó al puesto del oficial de sensores y observó las runas en pantalla. Seamus se llevaría un buen susto. Sonrió ligeramente pensando en la cara que pondría su amigo.

- Entrada en... - el oficial volvió a hablar - ...3... ...2... ...1...

La pantalla principal del puesto de sensores mostró lo mismo que en estos momentos estarían percibiendo los augures del Regos, y con suerte, los de todas las naves imperiales y del Caos por todo el sistema.

El Puño de Vaul y su escolta emergieron desde la Telaraña, descarados y desafiantes. El crucero, no tan grande como sus contrapartidas humanas pero aun así imponente, cruzó el Espejo licuando el vacio a su alrededor. Las ondas producidas por el agujero en el tejido del espacio real se extendieron instantánemente por todo el sistema, aunque el resto de señales tuviesen que conformarse con viajar a la velocidad de la luz.

Por todas partes las alarmas saltaron avisando que algo había entrado en el espacio real. Las armas se cargaron, los sensores giraron para encarar al nuevo intruso, y los monstruosos motores de las naves, tanto imperiales como caóticas, las impulsaron para reordenar sus posiciones. En el Regos, Seamus Fansworth, aunque sorprendido en un principio, tardó apenas unos segundos en comprender lo que pasaba, y sonrió para sus adentros.

Durante varias horas el Puño de Vaul avanzó sin tratar de ocultarse a todo aquel que quiso observarle, dando tiempo a que los interesados en su presencia se acercasen. Sayëan siguió su avance y el de los perseguidores desde el puesto de sensores de la fragata mientras esta y sus dos acompañantes avanzaban a toda máquina hacia Cadia protegidos por sus sistemas de ocultación. La distracción estaba funcionando. Incluso mejor de lo esperado.

Cerca de Cadia un escuadrón de la Flota Imperial aprovechó la distracción de las fuerzas del Caos que acosaban el planeta para lanzar un contraataque, destruyendo un crucero pesado, parte de sus escuadrones de escolta y permitiendo que varios convoyes de ayuda descendiesen sobre la asediada superficie. En Kars Galedon agradecerían los primeros suministros que recibirían en meses.

El Puño de Vaul trabó contacto con las fuerzas del Caos cuando las fragatas de Sayëan ya tenían a la vista la superficie de Cadia. El Puño tenía órdenes de distraer tantas fuerzas navales como le fuese posible, de cualquiera de los dos bandos. Su objetivo secundario era aliviar, aunque fuese ligeramente, la presión sobre las fuerzas de Cadia. Sayëan y el capitán del Puño sabían que eso no supondría demasiada diferencia en el enfrentamiento. Una sola nave de guerra no iba a inclinar la balanza del lado Imperial, aunque a Sayëan le hubiese gustado que sí, pero de algo serviría.

De todos modos, el objetivo principal ya estaba casi cumplido. Sin oposición ni ser descubiertas las fragatas se acercaron a la atmósfera de Cadia y soltaron su carga. A continuación se alejaron a toda máquina tras avisar al Puño de Vaul de que, como hubiese dicho Seamus, el paquete había sido entregado.

Nada más salir de las bodegas de las fragatas los Transportes Rompedores realizaron un pequeño salto desde la alta atmósfera del planeta hasta unas decenas de metros de la superficie. En las pantallas del sistema de defensa cadiano y de las naves circundantes sólo apareció un leve destello que los pocos técnicos que lo llegaron a observar clasificaron como un eco fantasma.

En el espacio, el Puño de Vaul destruyó un crucero del Caos y dañó gravemente un acorazado antes de recibir la señal de las fragatas. Su capitán ordenó mantener la posición durante unos minutos más, dando tiempo a las fuerzas imperiales a aprovecharse de la situación. Cuando los escuadrones imperiales se acercaron para rematar al acorazado el Puño de Vaul viró y saltó de nuevo hacia la Telaraña. Su capitán supuso que los imperiales les considerarían unos cobardes por huir, pero tenía la esperanza de que alguno de ellos pensase "Al menos nos han echado una mano". Quien sabe, tal vez el Puño de Vaul volviese algún día para ofrecer su ayuda a Cadia.

En el límite del sistema, el Regos permaneció oculto un poco más, esperando algún indicio más de actividad. Al cabo de unas horas Seamus condujo su nave de nuevo al espacio disforme para encaminarse a un sistema más seguro, no sin antes desear silenciosamente suerte a su amigo Eldar. Sin embargo decidió que no se alejaría demasiado. Tal vez sus servicios fuesen requeridos de nuevo.

En Cadia, desde las portillas del transporte de mando Sayëan observó la devastada superficie mientras se dirigían a toda velocidad en vuelo rasante hacia su objetivo. Ahora empezaba la parte difícil.
05/01/2005 17:40 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

02/01/2005

Cambio de opinión

M'Yen no volvería a llamar "aburrido" al Shas'El. Aún estaba aturdido, pero al menos inconscientemente ya había decidido que a pesar de los tediosos meses de viaje pasados con el militar, este no era tan monótono y previsible como le había parecido hasta el momento. Ahora veía al Shas'El de otro modo, y la imagen que tenía ante si probablemente no se borraría jamás de su mente.

El Shas'El estaba en el centro del claro donde habían aterrizado. La afilada hoja de titanio que se extendía por el brazo derecho de la armadura aún goteaba sangre. A sus pies, o mejor dicho a su alrededor, estaban los restos del reptil. Estaba cosido por los impactos, con una horrible herida quemada en un costado que había sido causada por el arma de fusión que el Shas'El portaba en el brazo izquierdo. Pero lo que más sorprendía a M'Yen era el corte del cuello.

El enorme tajo empezaba sobre un ojo de la bestia, y bajaba por un lado de la cabeza hasta la garganta. La herida en si no era tan horrenda como la quemadura de fusión, pero M'Yen había visto cómo el Shas'El había atacado con su hoja. Un salto con los jets de la armadura, un giro en el aire, y la criatura se detuvo, como si su cerebro tratase de reaccionar sin éxito. Segundos más tarde la bestia había caido de costado, con el Shas'El a su lado dándole la espalda como si no dudase en absoluto del resultado del ataque.

M'Yen comprendía ahora por qué el Comandante Farsight tenía tanta estima al Shas'El. Había visto combatir a Farsight, y era obvio que el Shas'El seguía las inusuales enseñanzas de su comandante. Puede que la hoja del Shas'El no fuese tan arcana y misteriosa como el arma de Farsight, pero era lo mejor que los miembros de la Casta de la Tierra habían podido crear siguiendo su ejemplo.

Incluso para un excéntrico como M'Yen la extraña manera de combatir de Farsight y sus seguidores, contraviniendo las tradiciones Tau que evitaban en combate cuerpo a cuerpo, se le antojaba salvaje y sorprendente. Todo un shock para alguien dedicado a la negociación y el comercio. Pero era tremendamente efectiva.

Cuando la bestia atacó, M'Yen fue arrastrado a un transporte para protegerle, pero después del aturdimiento inicial había podido contemplar la reacción de los soldados del Shas'El. Sorprendidos inicialmente por el brutal e inesperado ataque, apenas tardaron unos segundos en reaccionar, apartándose de la bestia ya que sabían que no eran rivales para su fuerza bruta.

Disciplinada y ordenadamente, en apenas segundos, habían formado un cinturón protector alrededor de los transportes, y del propio M'Yen, hostigando a la bestia para distraer su atención y que no se concentrase en un blanco concreto. Acribillaron al animal con sus armas, pero la dura piel de este parecía reducir enormemente el daño causado por los soldados, y la criatura no cayó. El Cabezamartillo intervino, disparando su arma principal, pero los proyectiles de acelerador atravesaron a la criatura tan deprisa que no causaron suficientes daños como para detenerla.

El Shas'El intervino cuando el piloto del Cabezamartillo estaba cambiando el modo de disparo del acelerador para usar munición más lenta y explosiva. El grito de la bestia cuando el rifle de fusión impactó en su flanco hizo estremecer a M'Yen, haciendo que casi sintiese pena por el animal. Con la piel chamuscada y las entrañas a la vista, ardientes y semifundidas, junto al inerte y ennegrecido miembro que antes había sido una monstruosa garra, el animal se giró rabioso hacia el origen de su dolor. El resto de soldados dejaron de disparar por temor a dañar a su jefe. El acelerador del Cabezamartillo tampoco escupió sus proyectiles.

El Shas'El permaneció inmóvil hasta el último instante, dejando que la bestia cargará contra él. M'Yen sospechaba que podría haber utilizado de nuevo el arma de fusión para rematar al animal, pero no lo hizo. En su lugar, esperó. Con un leve movimiento flexionó las piernas de la armadura y saltó, activando los jets un instante después de dejar de tocar el suelo. La bestia dió una dentellada al aire en el lugar que antes ocupaba el Shas'El, y tardó un instante en comprender cómo se había desvanecido su presunta presa.

Con un rugido furioso se volvió hacia su espalda. Un quejido lastimero se mezcló con el rugido, provocado por el dolor de la herida quemada y el rápido giro. Por un instante M'Yen temió que la bestia atrapase al Shas'El en el aire y aplastase su armadura, como había hecho con la desgraciada Crisis que sufrió el primer ataque, pero el resultado fué otro.

Mientras caía, el Shas'El seccionó límpiamente la carne y los huesos del animal, que quedó inmóvil cuando la hoja cortó nervios, cerebro y arterias junto con el cráneo y la mandíbula. Una cortina de sangre salió disparada de la herida hacia el suelo, impulsada por la fuerza de los últimos latidos del corazón del animal. No emitió ningún sonido cuando cayó de costado sobre el claro salvo el borboteo de la sangre que manaba por la herida empapando el suelo, aunque M'Yen creyó escuchar una especie de suspiro, seguramente causado por el aire que salía de los ya muertos pulmones de la bestia al golpear el suelo.

Todo había acabado en apenas dos minutos, durante los cuales M'Yen había permanecido con la boca abierta, casi sin respirar, asomado a la puerta del transporte sin que los dos exploradores que lo custodiaban le dejasen salir del vehículo. Sin duda su opinión sobre el Shas'El había cambiado en esos dos minutos.

27/12/2004

Despedidas

Sayëan se revolvió una vez más en su camastro. No podía dormir. Desde que se enteró de la muerte de Eldrad, hace unos meses, sus noches eran cada vez más intranquilas. El recuerdo del viejo Vidente, amigo y enemigo a la vez, le acosaba constantemente. Todo, el aviso de los Arlequines, las marcas de los Cazadores, las ruinas abandonadas, el viaje a Cadia... todo partía del mismo punto: La muerte de Eldrad Ulthran.

Se levantó. Si no podía dormir al menos haría algo constructivo. Se vistió y salió al pasillo de la zona de descanso de la fragata. Había rehusado el ofrecimiento de Seamus de utilizar camarotes en el Regos. Prefería estar junto a sus hombres. Además, Seamus o, mejor dicho, sus guardias no veían con buenos ojos la presencia de las Ejecutoras que contínuamente acompañaban a su Kano. Y el incidente con los Kroot no había contribuído precisamente a apaciguar los ánimos.

Salió a la cavernosa bodega del Regos donde se habían acuartelado sus tropas. La Ejecutora que lo seguía ni siquiera preguntó y se limitó a caminar dos pasos tras él. En un rincón de la enorme cavidad estaban instalados los Kroot. Al menos estaban utilizando los calentadores de campaña que les había proporcionado, aunque sospechaba que si hubiesen encontrado algo combustible en estos momentos se estarían apelotonando alrededor de hogueras. También agradeció que Seamus no tuviese animales sueltos por la nave.

Pausadamente caminó hasta la puerta principal, donde una guardia permanente de Veteranos vigilaba la entrada por el lado interior. Por el lado exterior tuvo que detenerse para identificarse a los guardias Vessoritas de Seamus. Sabía que no les gustaría que caminase por la nave durante el ciclo nocturno (tampoco es que les gustase durante el diurno), pero Seamus había dejado claro que era libre de campar por el Regos sin ser molestado, siempre y cuando su escolta se limitase a su guardaespaldas personal ...y al pequeño grupo de vessoritas que le seguía a donde quiera que fuese.

- Voy a ver al Navegante Fansworth - dijo a los guardias, refiriéndose a Seamus. El sargento vessorita asintió y se limitó a seguirle junto a tres guardias más.

"Eldrad, Eldrad... ¿por qué me has cargado con esto?", se lamentó para sus adentros mientras caminaba por los interminables corredores del Regos. Evocó una de las primeras e infructuosas reuniones que tuvo con el Gran Vidente de Ulthwé. Su expresión solemne, su altivez, su seguridad. Recordó cómo admiró su voluntad para guiar a los suyos, aunque Sayëan no compartiese su manera de hacer las cosas. Las largas discusiones, los debates, las posturas irreconciliables.

Se habían reunido en unas viejas ruinas Exoditas, muy similares a las que hacía poco había abandonado Sayëan y su grupo, hecho que el Kano Ëaressi sospechaba no era casual. Los séquitos de ambos ocuparon las antaño gloriosas ruinas, protegiendo a sus líderes. Sayëan con sus exarcas y soldados, y Eldrad con sus Lágrimas Negras y sus Videntes...

...sus Videntes. "Qué extraño", se dijo Sayëan al pensar en los subordinados de Eldrad. Apenas recordaba sus rostros y nombres, pero algo le llevó a pensar en ellos. En ellos... ¿o en alguno en concreto? Se detuvo ante uno de los miradores del Regos, de camino al puente de mando. A través del ventanal se extendían los informes e inquietantes torbellinos de la Disformidad.

Sayëan meditó durante un momento, apoyado en la baranda del mirador, mientras los guardias de Seamus e incluso su Ejecutora se impacientaban. Oyó al sargento vessorita susurrar algo por la radio de su casco, pero no prestó atención. Estaba sumido en sus cavilaciones, absorto en los remolinos de la Disformidad. "Lilith..."

El nombre sorprendió a Sayëan. Se había abierto paso a través de sus recuerdos. Recordó a la por aquel entonces joven vidente del séquito de Eldrad. Una más entre los varios que acompañaban al Gran Vidente. No acertaba a comprender por qué recordaba ese nombre de entre los demás. Tal vez tenía algo que ver con este viaje, con la muerte de Eldrad... con la Presencia que sintió en el Templo. Tendría que meditarlo con más detenimiento, y consultarlo con sus videntes consejeros. Se preguntó qué sería de aquella joven Vidente...

- Un penique por tus pensamientos - la voz provenía de un corredor. La Ejecutora ya estaba en guardia cuando Sayëan se tensó, pero al unos instantes reconoció la voz, deformada ligeramente por los cavernosos corredores. "Seamus...".

El Noble Navegante Seamus Fansworth tenía un aspecto casi cómico, con su túnica y su expresión jovial. Miró a Sayëan, que apenas había cambiado la tosca expresión de su cara, pero que se había relajado perceptiblemente. Sayëan tomó nota de no distraerse con tantos pensamientos desconcertantes.

- ¿Qué has dicho...? ¿'penique'? - Seamus siempre le sorprendía con aquellas rarezas culturales, extrañas incluso para un humano.

- Es una vieja... muy vieja, expresión humana. Es una manera de sacar a las personas de sus cavilaciones - Seamus puso un tono ligeramente sarcástico.

- Estaba meditando... - Sayëan frunció el ceño ligeramente, algo molesto por la interrupción.

- Espero que no fuese nada demasiado importante - dijo Seamus para disculparse. Era sincero.

- Sólo algunos recuerdos - ambos se volvieron para mirar la Disformidad.

- Ahí afuera las cosas están muy revueltas - dijo Seamus para cambiar de tema, aunque sin dejar claro si se refería a la Disformidad o a otra cosa.

- Lo sé. E irán a peor, me temo - Sayëan miró de reojo a su amigo humano, que miraba atentamente los remolinos - Desearía no haberte metido en esto.

- No tienes que disculparte. A nadie le gusta volar a ciegas, pero estoy seguro de que tienes una poderosa razón para hacer todo esto.

- Así es... ojalá pudiese explicártelo - "Y a mi mismo", pensó Sayëan, avergonzado por tener que ocultarle tantas cosas a su amigo.

- Cadia no es un destino turístico muy popular últimamente, Sayëan - Dijo Seamus dejando entrever cierta preocupación.

- Dejaremos el Regos en el exterior del Sistema. No quiero que arriesgues tu nave. Seguiremos solos - Trató de disipar las preocupaciones de Seamus.

- Siempre solos, ¿verdad? - Seamus se volvió para mirar a Sayëan - ¿Por qué siempre sois tan cabezotas? - Sayëan hizo un gesto a la Ejecutora, que se había tensado al escuchar el tono de Seamus, que hizo lo mismo a sus guardias, recordando de paso lo inútiles que eran dadas las circunstancias. Si la exarca Ejecutora o Sayëan quisieran hacerle daño se necesitarían bastante más de cuatro guardias, por muy vessoritas que fuesen.

- Nadie es perfecto - dijo Sayëan con una suave risa para relajar el ambiente - Tú también eres un cabezota. Un cabezota que ha aceptado meter su nave - Sayëan abarcó con un gesto la sala del mirador - en el rincón más peligroso de la Galaxia.

- Sólo hasta las afueras - Seamus hizo un gesto con la mano como quitando importancia al asunto - Eres tú el que va a la boca del lobo con esos tres cascarones - Bromeaba. Sabía que esos tres 'cascarones' podrían hacer trizas su nave en cuestión de minutos - ¿Cómo lo harás? ...si puede saberse - El tono era más serio.

- Apretando los dientes y cruzando los dedos - respondió Sayëan utilizando una expresión que había escuchado al propio Seamus, aunque era una manera de decir que no podía explicárselo.

- Está bien... sólo era curiosidad. - era sincero - No me gustaría que te pasase nada. Cadia es un lugar peligroso. El Caos está a punto de tomarlo.

- No lo harán - dijo Sayëan con seguridad - No me mires así. Mi presencia no va a cambiar lo que pase. Sólo somos figurantes en esta historia - Sayëan incluía a Seamus.

- Pero algo tendrá que ver, ¿no? - dijo Seamus sabiendo la respuesta.

- Quien sabe... - respondió Sayëan encogiendo los hombres - ...las cosas... - Seamus interrumpió a Sayëan levantando la mano. Parecía escuchar algo. Sayëan sabía que el Navegante llevaba numerosos implantes que le conectaban, incluso ahora, con su nave. Permaneció en silencio hasta que Seamus bajó la mano - ¿Noticias? - Ya sabía lo que iba a decir.

- Llegaremos en 12 horas - Se miraron fijamente - Deberías preparar a tu gente...y yo a la mía.

- Así es... - Sayëan dudó un momento. No estaba seguro de si volvería a ver a su amigo.

- Suerte amigo mío - Se adelantó Seamus, tendiendo la mano. Sayëan suspiró con resignación. Ambos sabían lo peligrosa que era la situación.

- Suerte Seamus - Sayëan estrechó la mano de Seamus - Cuídate... y saca el Regos del Sistema en cuanto salgamos de tu bodega, ¿entendido?

- Oh, vamos... ¿voy a tener que perderme el espectáculo? - Ambos rieron suavemente - Adios Sayëan. Que el Emperador sea contigo - Sayëan pareció sorprenderse por el ruego.

- Y que... - dudó un momento - ...que Isha sea contigo - No iba a encomendar a su amigo a Khaine, y ambos lo sabían.

Sin más, ambos se dieron la vuelta y caminaron hacia sus respectivos puestos. Sayëan a sus naves, en la bodega del Regos, y Seamus a su puesto en el puente del mercante.

Horas más tarde, tras los últimos preparativos, el Regos salió del Espacio Disforme en los límites del sistema cadiano y la compuerta principal de la bodega del Regos se abrió al espacio. Seamus Fansworth estaba postrado en su sillón de Navegante, boca abajo. Todas las conexiones que le unían a su nave salían de su columna vertebral. En su mente vió como las tres fragatas abandonaban el Regos para desaparecer de sus sensores ocultos por su camuflaje.

En las profundidades de las salas de máquinas del Regos unos paneles de circuitos se fundieron entre chispas eléctricas en respuesta al temblor que asaltó a Seamus, transmitido por las conexiones cibernéticas. Por una vez rogó para que Khaine, el Dios de la Guerra Eldar, acompañase a su amigo el Kano Ëaressi. Luego se administró una dosis de calmantes para aliviar el dolor que ese deseo le causaba mientras un servidor le limpiaba las heridas que en su espalda, en carne viva, nunca cicatrizarían 'gracias' a otros seguidores de Khaine. "Afortunadamente no todos son iguales", pensó Seamus cuando las fragatas desaparecieron completamente de sus sensores.
27/12/2004 18:59 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

Un paseo campestre

M'Yen observaba a los pilotos con desinterés. A su espalda las tropas del Shas'El se preparaban para desembarcar. Desde su sitio, normalmente reservado para un Etéreo, podía ver lo que ocurría tanto dentro como fuera del transporte Orca. Dentro, el Shas'El y los suyos revisaban las armas y el plan de despliegue, pero a M'Yen no le interesaban los preparativos militares. Así que poco le importaban tampoco el transporte Mantarraya y la cañonera Cabezamartillo que les escoltaban, o el Barracuda que iba delante, asegurándose de que no les esperaba ninguna sorpresa.

Lo que realmente le interesaba eran las señales recibidas después de colocarse en órbita. Se suponía que el mundo no estaba habitado. Sin embargo había signos de civilización en la superficie. No muy avanzada, a juzgar por las lecturas, pero civilización al fín y al cabo. ¿Habría llegado el Imperio Humano antes que los Tau a este remoto mundo?, se preguntaba M'Yen. Pero las señales no eran las propias de los asentamientos humanos. Eran más... "...refinadas", pensó M'Yen.

- Tres minutos para zona de aterrizaje - informó el piloto con profesionalidad - Lanza Uno informa que todo está despejado - Por las imágenes de las pantallas M'Yen dedujo que 'Lanza Uno' era el Barracuda que actuaba de explorador. Oyó al Shas'El ladrar las últimas órdenes a sus tropas en el compartimento de carga.

- Listos para el desembarco, Por'El - escuchó la voz del Shas'El por sus auriculares, siempre tan profesional... "y aburrido", pensó M'Yen.

- Bien, bien... adelante - respondió con desgana M'Yen.

Sintió la aceleración de la nave en estómago cuando esta empezó a seguir el terreno a baja altura. En las pantallas tácticas a su disposición observó como el Mantarraya y la Cabezamartillo se apartaban y aceleraban aún más para adelantarse y asegurar la zona mientras el Orca esperaba la señal de despejado.

El Mantarraya descendió al nivel del suelo y los exploradores saltaron de él, desplegándose rápidamente hasta los bordes del claro mientras el Cabezamartillo les cubría desde el aire. M'Yen escuchó más órdenes del Shas'El. La compuerta trasera del Orca se abrió y el rugido del viento llegó el compartimento de carga. Las tres primeras Crisis, junto a su apoyo de drones, saltaron de la nave desde más arriba de las copas de los árboles.

- Despejado - informaron los exploradores mientras las Crisis se desplegaban planeando hasta sus posiciones. M'Yen sintió cómo el estómago le subía a la garganta cuando el piloto del Orca lo hizo descender de golpe. Las Crisis tocaron el suelo al mismo tiempo que el Orca.

Cuando M'Yen descendió por la rampa las tropas del Shas'El ya habían asegurado todo el claro y los alrededores. Se cubrió los ojos para protegerlos del sol. La Crisis del Shas'El le esperaba al pie de la rampa mientras el Cabezamartillo daba vueltas sobre el claro. El zumbido de sus motores asustó las pocas bandadas de pájaros que quedaban en los alrededores.

- Posición asegurada, Honorable Por'El - informó el Shas'El, señalando lo obvio.

- Ya lo veo, ya... - Tanta demostración de eficiente inutilidad militar le repelía - ¿Cuándo podremos acercarnos al asentamiento?

- Su transporte está listo - La cabeza de la Crisis señaló el Mantarraya posado a unos metros del borde del claro, rodeado de exploradores que no dejaban de vigilar la espesura.

M'Yen se preguntó por un momento por qué no le dejarían bajar directamente en el Mantarraya en lugar de tener que montar todo este estrafalario espectáculo marcial, pero estaba seguro de que el Shas'El tendría una explicación muy completa y reglamentaria al respecto, así que se abstuvo de preguntar. En silencio caminó hasta el Mantarraya.

Un explorador bajó la pequeña rampa del transporte y M'Yen se dispuso a subir por ella. De pronto la Crisis del Shas'El, que hasta ese momento había caminado a su lado, se tensó y dio un giro brusco. Un instante después un crujido de árboles rotos llegó a los oidos de M'Yen. El Honorable Por'El sólo atisbó a ver el origen del sonido durante un segundo, antes de que uno de los exploradores le empujase dentro del compartimento de carga. Ni siquiera escuchó el 'Disculpe, Honorable Por'El' de disculpa del soldado que le empujó. En su mente sólo veía el enorme reptil que surgió de entre la espesura, y una armadura Crisis entre sus mandíbulas.
27/12/2004 13:58 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

21/12/2004

Leyes

Era la segunda vez que Seamus veía tantos Eldar juntos. Y la primera no le traía buenos recuerdos. No pudo reprimir un ligero temblor cuando empezó a sentir ese viejo hormigueo en el cuello. Esta vez fue descendiendo por su espalda, sin detenerse, y tuvo que recurrir al pequeño inyector de su muñeca para acallar los temblores. El sargento vessorita que le acompañaba ya estaba acostumbrado a ellos, pero se tensó cuando se dio cuenta de que esta vez eran más violentos.

- ¿Se encuentra bien Señor? - Era curioso ver al rudo hombretón preocupándose de ese modo.

- No es nada. Sólo una corriente de aire - Seamus dejó que el calmante se extendiese por su circulación, adormeciendo sus nervios.

- Siento todo esto, Seamus - El sargento se giró como el rayo, echando mano de su rifle láser recortado. Se sorprendió cuando vio al alto comandante de los Eldar y maldijo por lo bajo su sigilo.

- Tranquilo Jarr. Déjanos solos, por favor - El sargento saludó a su señor con un asentimiento y se marchó a regañadientes - Deberías intentar hacer un poco de ruido, Sayëan - dijo en un susurro - Los vessoritas pueden ser muy susceptibles, y no reaccionan bien a las sorpresas.

- Lo sé. Los conozco - Sayëan siguió con la mirada a soldado mientras se alejaba, y luego dirigió sus ojos hacia el pequeño inyector en la muñeca de Seamus. Por fín, miró a Seamus a la cara - Hicimos lo que pudimos - dijo con cierto reparo.

- ...lo sé, amigo mio. No es culpa tuya... bastante hicísteis - Seamus forzó una sonrisa para tranquilizar a Sayëan - Veo que tu gente se prepara para algo importante - dijo cambiando de tema y señalando con la cabeza la enorme bodega.

Bajo ellos, que estaban en una pasarela a media altura, podía verse la actividad del destacamento que Sayëan había hecho traer. Dos fragatas Ëaressi, además de la que trajo al Kano Ëaressi, descansaban agazapadas sobre el suelo metálico como aves rapaces. Seamus conocía aquellas naves, y las había visto actuar. Su delicado aspecto, típico de los Eldar, escondía una brutalidad abrumadora, incluso para los estándares Eldar.

Sin recursos suficientes para mantener una gran flota, los Ëaressi se habían visto obligados a concentrarse en unos pocos modelos de naves. De hecho, aparte de las fragatas y cruceros, unos pequeños cazas y las grandes naves-hogar (y factoría), Seamus sabía que no había ninguna más. Sin embargo, en contra de lo que se podría pensar, su capacidad naval era sorprendente.

Seamus sabía, porque lo había visto, que las fragatas podían enfrentarse con bastantes garantías y un buen capitán a naves del doble de su tamaño. Sólo había visto una vez un crucero, protegiendo una nave-hogar, pero a juzgar por su tamaño (casi el de su mercante, que tenía más de 2 kilómetros de longitud, y 15 veces superior a las fragatas) serían rival para cualquier nave imperial.

Y no eran sólo las naves. Seamus observó la actividad alrededor de las fragatas. Los casi doscientos guerreros eldar del destacamento se afanaban por prepararse. Unos revisaban sus armas, otros practicaban con ellas en una galería improvisada. Un pequeño grupo, sin duda los oficiales de Sayëan, se habían instalado bajo un ala de una fragata a deliberar sobre sus todavía enigmáticos planes. "¿Para qué vas a Cadia, Sayëan?", pensó Seamus.

Un tumulto llamó su atención. Su mayor sorpresa. Había oido a los comerciantes Tau hablar de ellos, pero nunca había tenido la oportunidad de verlos. Los eldar de Sayëan estaban reforzados por Kroot. El medio centenar que formaban el grupo ahora se agolpaban alrededor de lo que parecía una pelea. En un círculo vacío, dos de aquellos seres altos y fibrosos se gruñían (al menos eso parecía por los gestos) el uno al otro. Sayëan farfulló una maldición en su propio idioma. No quería altercados tribales entre sus aliados.

Seamus apenas sintió cómo su amigo eldar se apartaba de su lado como una exhalación hacia las escaleras. La velocidad del Kano Ëaressi era sorprendente, y en combate... durante un segundo Seamus recordó la primera vez que le vio combatir. Tuvo que administrarse otra dosis de calmante cuando los recuerdos pugnaron por salir de las profundidades de su mente, donde los había confinado desde entonces. Mientras el calmante hacía efecto caminó hacia las escaleras en pos de su amigo.

Cuando llegó abajo el tumulto ya había cesado. El corro de Kroot se había abierto para dejar paso al comandante Ëaressi, que estaba plantado entre ellos sin mostrar ningún temor. Seamus no estaba seguro de que él fuese capaz de eso. Pudo apreciar más de cerca (lo más que había estado hasta ahora) el aspecto de los Kroot. Brutales, salvajes, casi animales. Uno de ellos se giró y le vio observarles.

Todo sucedió muy deprisa, tanto que para que cuando fue consciente de lo que ocurría todo había terminado. Sayëan estaba inclinado junto al kroot, que estaba en el suelo. Y estaba muerto. El ángulo que su cabeza formaba con el cuerpo indicaba claramente que su cuello había sido partido. Sayëan se levantó lentamente y sin mirar alrededor dio dos pasos hacia Seamus. Los kroot que les rodeaban murmuraban.

- ¿Estás bien? - dijo Sayëan preocupado. Seamus aún miraba el cadaver, absorto - Seamus, ¿estás bien? - repitió Sayëan.

- Ssss... si - Seamus miró por fin a su amigo.

- Debiste quedarte arriba - susurró - Son peligrosos.

- Le... le... mataste - Seamus no salía de su estupor - Era de los tuyos y... lo mataste... - Seamus miró de nuevo el cadaver y luego a Sayëan.

- Patrón no matar - el gruñido procedía de la espalda de Seamus, que sin atreverse a volverse miró a Sayëan.

- Tranquilo - Sayëan señaló con la cabeza tras Seamus, que lentamente se volvió. El kroot sólo era ligeramente más alto que él, pero su complexión le recordó... "Orko...", se dijo mentalmente. Parecía claro que la dieta del kroot (Seamus conocía sus costumbres alimenticias por los Tau) había incluido a muchos de esos bestiales seres - Es un amigo.

Seamus hubiese retrocedido varios pasos para alejarse del kroot si no hubiese topado con Sayëan, que delicadamente le puso una mano en el hombro para calmarlo. Una punzada de dolor le atenazó al contacto, pero esta vez ni siquiera intentó tocar el inyector. Sólo tenía atención para los ojos del kroot, que le observaban con curiosidad, parpadeando rápidamente.

- ¿Amigo del Patrón estar bien? - dijo mirando a Sayëan.

- Si Brokaar, está bien. Sólo está algo asustado - respondió con calma sin levantar la mano del hombro de Seamus. Este empezó a reaccionar - Gracias por tu ayuda.

- Patrón ordenar no problemas en nave - Brokaar emitió un sonido impronunciable para un humano, una mezcla de chasquidos y chirridos - ...desobedecer - Otra vez los mismos chasquidos - ...muerto.

- Gra... gracias - Seamus tendió la mano hacia el kroot, que le miró extrañado - Me has salvado la vida.

- Ser Ley - Otra vez los chasquidos - ...romper Ley. Y ahora estar muerto - Hizo un brusco gesto con la cabeza y emitió más chasquidos, esta vez diferentes. Dos kroot rompieron el corro y se llevaron el cadaver. Seamus recordó su mano y la retiró. Parece que el kroot no conocía ese tipo de saludos - Ahora nosotros honrar a... - otra vez los chasquidos, dirigiéndose a Sayëan. Seamus acabó por comprender que los chasquidos eran el nombre del kroot muerto.

Sin más, los Kroot se dispersaron y Brokaar fue tras el cadaver junto a otro kroot que portaba un largo bastón muy adornado. Sayëan se quedó junto a Seamus, que de pronto hizo una mueca y miró la mano del eldar en su hombro. Este la retiró con delicadeza.

- Lo siento - Sayëan se miró la mano y se reprochó el descuido mientras Seamus se administraba otra dosis de calmante.

- No importa - dijo todavía aturdido, en parte por la impresión y en parte por las excesivas dosis de calmante - ¿Quién es? - señaló con la mirada a Brokaar, que se alejaba hacia el rincón que los Kroot habían tomado como su campamento.

- Un aliado... y un amigo.

- No parecía muy contento conmigo - dijo sin dejar de mirar al kroot.

- Acaba de matar a uno de sus guerreros, es lógico - dijo Sayëan gravemente - ..de todos nunca parece muy contento - trató de quitarle importancia para calmar la inquietud de Seamus.

- Dijo algo de su Ley...

- Un kroot nunca ha de dañar a sus patrones sin romper antes formalmente su vínculo contractual.

- Pero yo no soy su patrón... - replicó Seamus

- Pero sí mi amigo - Seamus aún no lo entendía - Y los Kroot identifican amistad con hermandad. Y el hermano del Patrón también es un patrón - aclaró por fin Sayëan.

- Comprendo... - Seamus meditó durante un momento - ¿Esto te traerá problemas con ellos? - No quería perjudicar a su amigo y... ¿hermano?

- No lo creo - Sayëan observó a los Kroot, que actuaban como si nada hubiese ocurrido - Sólo el líder del Clan puede romper un contrato, y matando él mismo a... - Sayëan dudó y optó por no intentar pronunciar el nombre. De todos modos no podría - ...a ese kroot, Brokaar ha dejado claro que hará lo necesario para que las normas se cumplan.

- Pero, ¿no podría alguno de ellos estar en contra y...? - Sayëan le detuvo con un gesto de la mano.

- Lo dudo mucho. Lo más probable es que entonces tendríamos dos kroot muertos... y un Brokaar muy enfadado - Seamus admiró la aparente confianza que el eldar y el kroot parecían tenerse mutuamente - Será mejor que subamos - claramente aludía a los aposentos de Seamus - Tanta tensión puede hacerte daño - otra alusión, esta vez al inyector.

- Tienes razón. Será mejor - Seamus se giró para dirigirse a las escaleras - ...recuerdame que a partir de ahora me quede en la pasarela...
21/12/2004 13:51 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

20/12/2004

Favores

Sayëan había aceptado la copa por cortesía, como siempre. Y como siempre, no la había probado, quedándose con ella en la mano mientras conversaban. La sala estaba suntuosamente amueblada y decorada. Obras de arte, sin duda tremendamente valiosas, cubrían dos de las paredes de la sala. Los otros dos estaban cubiertos de altas estanterías, que llegaban hasta el techo, formando dos niveles. En el superior, un servidor ordenaba viejos volúmenes sin interesarse por lo que ocurría a su alrededor. La Ejecutora, de pie junto a la puerta, lo vigilaba atentamente. No había ninguno de los guardias vessoritas de Seamus en la sala. Sayëan miraba con curiosidad algunas de las obras de arte mientras su interlocutor narraba algunos de sus últimos viajes por Ultima Segmentum.

- No son enemigos del Imperio, al menos no en el sentido de los orkos o el Caos - Sayëan giró levemente la cabeza hacia Seamus al escuchar la palabra 'Caos' - Son buenos comerciantes, y ya me gustaría que muchos humanos hiciesen gala de su educación.

- ¿Y qué opinaría vuestra Ordo Xenos si te escuchase decir eso, Seamus? - preguntó Sayëan con ironía mientras volvía a observar los detalles de una bella escultura talassana. A veces admiraba el sentido estético de los humanos.

- Supongo... - Seamus ya sabía por dónde iban los tiros, pero fingió que meditaba profundamente la respuesta - ...que lo mismo que si se enterasen de nuestras reuniones. - Seamus esbozó una burlona sonrisa.

- A veces me pregunto por qué nos ayudas - esta vez el tono era más serio.

- Incluso los comerciantes tenemos honor, amigo mío.

- Pero tu Imperio nos califica de Enemigos - Sayëan pasó su atención a la siguiente pieza: Un cuadro conservado en un campo de estasis.

- No sois todos iguales - Instintivamente Seamus se pasó la mano por el cuello, cubierto por un pañuelo de seda de Gudrun - Yo decido quien es mi enemigo y quien no lo es.

- Ojalá más pensasen como tú - Los trazos del cuadro, casi infantiles a los ojos de Sayëan, tenían una fuerza visual desconcertante.

- Mmmmm... ya sabes que siempre he sido un bicho raro.

- Ambos lo somos entre los nuestros - El cuadro tenía algo extraño. Sayëan se preguntó cómo sería el humano que lo pintó.

- Girasoles.

- ¿Qué? - Sayëan miró a Seamus con extrañeza. La Ejecutora se tensó.

- Esas flores. Se llamaban girasoles. Ya no existen.

- Una lástima - realmente había cierto tono de tristeza en la voz de Sayëan.

- Pero no has venido a admirar mis obras de arte, ¿verdad? - Sin embargo, Seamus sabía que Sayëan siempre se daba cuenta cuando, como ahora, había una nueva pieza en su colección.

- Necesito tu ayuda - dijo Sayëan sin dejar de observar el cuadro.

- ¿Y qué puede hacer por ti este humilde miembro del Gremio de Navegantes?

- Seamus Fansworth, no creo que 'humilde' sea un adjetivo que te describa adecuadamente - Sayëan abarcó la sala con un gesto de su mano.

- Bueno, no creo que el hecho de que posea una flota de mercantes y una considerable fortuna implique que no pueda ser humilde - ironizó Seamus.

- Y muy modesto - Ambos rieron.

- Necesito transporte al interior del Imperio - Ambos dejaron de reir.

- Tus naves... - Seamus levantó una ceja.

- No pueden llegar a donde quiero ir - Ambos se miraron - No puedo usar la Telaraña - dijo respondiendo a la pregunta que Seamus no hizo.

- ¿Y a dónde quieres ir? - Seamus estaba intrigado. Sabía que la Telaraña era el principal medio de tránsito de la gente de Sayëan. Vio que Sayëan dudaba un momento.

- ...a Cadia - La copa de Seamus tembló ligeramente en su mano durante un instante.
20/12/2004 19:20 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

17/12/2004

Extrañas Amistades

La fragata Ëaressi salió de la Telaraña a la negrura del espacio en los límites del sistema y maniobró hasta ocultarse tras una desolada luna. Tras asegurarse de que no había sido detectada envió la señal convenida y esperó.

- ¿Kano? - El oficial de comunicaciones llamó a su comandante - El Regos está contestando.

- Es puntual, como siempre - pensó Sayëan en voz alta - Envíale mis saludos y pídele sus coordenadas.

Treinta minutos más tarde.

- Kano, ahí está... - El capitán de la fragata señaló un punto entre las estrellas. Una sombra en movimiento tapando las estrellas advertía que algo se desplazaba lentamente hacia la fragata. Algo enorme.

Sayëan ya lo conocía, pero no dejaba de sorprenderle. Las construcciones Eldar, y por extensión las Ëaressi (aunque fuesen más funcionales), eran gráciles y delicadas, aunque ocultasen una resistencia mayor de la aparente. Pero aquello era distinto.

La descomunal mole del Regos iba llenando poco a poco la portilla principal del puente de la fragata. Sus siniestras líneas disgustaban a la mayoría de los Eldar, pero Sayëan sentía cierto interés, que algunos consideraban morboso, por las construcciones humanas. Las grandes estructuras góticas de sus naves, similares a catedrales, le fascinaban.

- Kano, el Regos se está colocando en posición - Sayëan vio como una enorme compuerta se abría en un lateral del mercante.

- Bien. Pide permiso al Regos para abordarlo - Sabía que no era necesario. La enorme boca de la bodega ya les esperaba.

- El Regos da su permiso.

- Entonces entremos - Sayëan señaló con la cabeza hacia la abertura.

El piloto manipuló los controles. Las velas solares de la fragata se plegaron, ocultándose en sus compartimentos dentro del casco. Lentamente la fragata fue desplazándose lateralmente hasta entrar en el interior de la gigantesca nave. Sayëan oyó como el tren de aterrizaje de la fragata se desplegaba. Un seco golpe anunció que acababan de tocar el suelo del mercante.

- Todo parado, Kano. La puerta de la bodega ya se está cerrando. Detectamos presurización del compartimento. Todo en orden.

- Bien. Voy a desembarcar. Solo - Inmediantemente escuchó un ligero murmullo a su espalda y giró levemente la cabeza. El murmullo cesó en cuanto miró a la Ejecutora - Tú vendrás conmigo - dijo con un leve tono de disgusto, sabiendo que nada de lo que dijese evitaría que le acompañase de todos modos.

Minutos más tarde, una compuerta en el lateral de la fragata se abrió mientras una rampa en forma de puente se extendía desde la bodega hasta detenerse a unos centímetros del casco de la nave Eldar. La diferencia de temperatura entre el interior de la bodega y el de la fragata provocó una ligera brisa, que arrastró el aliento helado de Sayëan. El aire de la bodega aún conservaba parte del frío del vacio del espacio.

Un hombre esperaba frente a la compuerta, sobre la rampa. Su sobria y gris indumentaria hacía juego con la cavernosa penumbra de la bodega, solamente rota por pequeños focos a lo largo de la rampa, y con los dos hombres de uniforme que le acompañaban, ambos armados con sendos rifles láser colgados del brazo. Al verse mutuamente, la Ejecutora y los guardaespaldas se tensaron. Sayëan hizo un gesto de calma a su guardiana, que hizo que todos se relajaran visiblemente, aunque sin perderse de vista.

- Bienvenido de nuevo al Regos, Sayëan de los Ëaressi. Es un placer volver a verte - dijo amistosamente el hombre mientras tendía su mano hacia Sayëan.

- Saludos, Seamus - Sayëan estrechó la mano con el humano, y ambos se dieron un fuerte apretón - Ha pasado mucho tiempo.
17/12/2004 21:29 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

15/12/2004

Nuevos Actores

M'Yen observaba el espacio circundante desde la portilla principal. Estaba de pie, con su llamativa túnica azul y verde destacando sobre el fondo oscuro del espacio. A sus pies empezaba a verse la curvatura del desértico planeta al que se dirigían.

- Bonito lugar, ¿verdad Shas'El? - dijo sin volverse.

- No parece especialmente atractivo, Honorable Por'El - contestó a sus espaldas una voz con tono seco y... "Aburrido", pensó M'Yen. Como de costumbre su agregado militar no lo sorprendía. Se había acostumbrado ya al monótono y serio Yen, como él lo llamaba para sus adentros. Sonrió al preguntarse qué pensaría el comandante si se enterase que le llamaba con el antónimo de su propio nombre. "Bueno, él me llama Por'Fio, aunque no sepa que lo sé".

- Vamos, vamos, amigo mío. Nunca se sabe qué puede depararnos un nuevo mundo. Tal vez encontremos interesantes sorpresas - M'Yen sabía que el comandante odiaba las sorpresas, aunque irónicamente en combate se adaptase magistralmente a ellas. En la vida social era otro cantar.

- Entrando en órbita de vigilancia - Susurró mecánicamente el Piloto, que grácilmente manejaba los controles de la nave como si de una danza se tratase.

- Gracias Kais - Al Piloto si podía llamarlo por su nombre común. Llevaban mucho tiempo viajando juntos - ¿Qué puedes decirnos de...? - consultó el lector que tenía en la mano - ¿...por qué siempre les ponemos estos códigos tan complicados a los nuevos planetas? ¿Es que no podemos ponerles un nombre normal? - M'Yen fingió disgusto.

Sabía que nadie respondería a su por otro lado retórica pregunta. Su enésimo intento de hacer un chiste que 'despertase' a su agregado militar había fallado, como siempre. Después de seis meses de viaje seguía siendo el mismo duro e inexpresivo trozo de roca.

- Bien, que sus tropas se preparen, Shas'El. Vamos a descender... - M'Yen se volvió para mirar al comandante - ...porque supongo que no me dejará bajar solo, ¿verdad? - Fingió ansiedad, como un niño que espera un regalo sorpresa.

- Por supuesto que no, Honorable Por'El. Prepararé mis tropas - "Al menos siempre es sincero", suspiró resignado M'Yen mientras volvía a mirar por el ventanal. El Shas'El giró sobre sus talones y salió del puente para dirigirse a la zona de tropas. En cuanto la puerta se cerró M'Yen pudo oir la suave risita del Piloto.

- No te rías de nuestro protector, Kais, sólo hace su trabajo... - el tono era obviamente burlón.

- Como tú, M'Yen... como tú - contestó el Piloto sin apartar los ojos de los controles de la nave, y el Crucero Kor Run'Al empezó a maniobrar obedientemente mientras sus dedos le ordenaban colocarse sobre el planeta.
15/12/2004 11:40 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

13/12/2004

Despertares

- ¿Kano? ¿Os encontráis bien? - El rostro del sanador mostraba una gran preocupación.

- ¿Qué... qué ha pasado? - Sayëan miró a su alrededor, reconociendo la sala médica de una de sus naves - ¿Por qué me habéis traido a la Flota? - Su mal humor asustó al sanador.

- Kano... yo... - El sanador miró hacia la puerta, como si esperase la llegada de alguien.

- ¡Habla! - Sayëan se apoyó fatigosamente en el codo, sobre la cama. Su cuerpo estaba adormilado y se negaba a obedecer correctamente.

- Kano, tranquilizaos - Sayëan se giró brúscamente, mirando a su espalda. Durante un instante la oscura figura de la Ejecutora hizo que se asustase - Os trajeron aquí cuando no lograron despertaros. Esto es más seguro, y las instalaciones médicas son más avanzadas - La voz de la Ejecutora sonaba monótona y carente de emociones a través de su máscara, pero aún así Sayëan notó cierto tono de preocupación mezclado con alivio.

La puerta de la sala se abrió para dejar paso al veterano Capitán de Guardianes, que entró en tropel. Durante un instante Sayëan pudo ver a través de la puerta a otra Ejecutora que vigilaba la entrada. Empezó a comprender.

- ¡Sayëan! ¡Khaine sea loado! ¡Empezaba a pensar que no despertarías! - El viejo mentor de Sayëan usó un tono alegre y despreocupado para restar importancia al comentario, pero era obvio que se sentía muy aliviado de que su pupilo hubiese despertado.

- Seguro que ya estabas pensando en un sustituto... - Sayëan forzó una sonrisa para seguir con el chiste, aunque seguramente estuviese en lo cierto.

- Bueno, no sería difícil encontrar a alguien - mintió el viejo Capitán. La elección del Primer Guardián nunca era tarea fácil - ¿Cómo te encuentras? - El Capitán dejó que un atisbo de preocupación asomase a sus ojos.

- Estoy bien, Viejo - Sayëan intentó incorporarse. El sanador trató de impedírselo y miró al Capitán como esperando órdenes - ...aunque algo agarrotado. ¿Cuánto tiempo he estado... inconsciente? - Vió como el Capitán asentía al sanador y este le ayudaba a sentarse en la cama.

- 3 días, Kano - El sanador respondió mientras se concentraba en los monitores que controlaban las constantes de su Comandante - ...todo parece en orden - El tono indicaba que hasta hace bien poco no todo estaba en orden.

- Bien. Déjanos sólos. El Kano y yo debemos hablar - El sanador echó una última ojeada al monitor y se fue, obediente. Con un gesto, el Capitán también hizo marchar a la Ejecutora, aunque sabía que no se iría muy lejos.

- ¿Qué ha pasado? - Sayëan se alcanzó un vaso y una jarra de agua que había junto a la cama.

- Dímelo tú. Cuando te encontramos estabas inconsciente y helado, como muerto. Los sanadores apenas lograron encontrar tus constantes vitales. ¿Qué pasó allí dentro?

Sayëan miró a su viejo mentor, y este comprendió que la explicación no sería sencilla. Decidió dejar que Sayëan se lo callase, por el momento. Ya se lo explicaría en su momento.

- Registramos el Templo, pero no encontramos nada extraño. Las Ejecutoras estaban muy alteradas.

- No les gusta no encontrar algo que golpear - ironizó Sayëan. Conocía el celo con que las Ejecutoras llevaban a cabo su trabajo. Y de paso dió a entender a su Capitán que no le extrañaba que las Ejecutoras no encontrasen nada, lo cual no contribuyó precisamente a tranquilizar al Viejo Guardián.

- Se preocupan por tu seguridad.

- Sé cuidarme... - El Viejo levantó una ceja, y Sayëan se dió cuenta de que esta vez eso no era del todo exacto - ...bueno, puede que esta vez... - sacudió la cabeza, para despejarse. ¿Habría sido un sueño? Lentamente puso los pies en el cálido suelo (los sanadores se cuidaban de esos detalles) y empezó a levantarse.

- Deberías descansar - dijo con tono paternal.

- Estoy bien - Sayëan vio cierto excepticismo en la mirada de su mentor - Lo ha dicho el sanador - dijo como para justificarse. Resultaba curioso ver como el líder de los Ëaressi parecía pedir permiso a un subordinado para levantarse de la cama. Si no hubiesen estado solos ninguno de los dos hubiese usado un tono tan familiar.

- Está bien. La verdad es que hay mucho que hacer - Sayëan leyó "Problemas".

- ¿El Escorpión? - El tono ya no era tan familiar.

- Y los Videntes. Cada cual por sus razones, ya los conoces - El impulsivo Capitán de Escorpiones no era demasiado reflexivo en los momentos de crisis, y los Videntes... Sayëan hizo una mueca que su mentor entendió al instante.

- Sospechan de alguna... 'influencia', ¿verdad?

- El Escorpión está muy disgustado. Que su gente vigilase cuando te... bueno, no le deja en muy buen lugar. Ni que decir tiene que a las Ejecutoras tampoco les ha hecho gracia. Ahora no dejan que ningún escorpión se acerque, acusándoles de incompetencia para protegerte - Ladeó la cabeza señalando a la puerta. Las Ejecutoras estaban vigilando al otro lado.

Sayëan hizo un ademán con la mano, desestimando el tema. Odiaba las luchas internas entre sus subordinados. Además, le preocupaba más el tema de los Videntes.

- Los Videntes... ¿tienen alguna teoría? - El Viejo sabía que se refería al incidente del Templo, y que esto preocupaba mucho a su pupilo.

- Aún no se han puesto de acuerdo, por suerte, pero tienen varias ocurrencias, algunas... - Sayëan sabía a dónde quería llegar.

- No fue desde la Disformidad. Era... otra cosa - Sayëan miró fijamente al Viejo, y este asintió, aceptando la palabra de su Comandante - No estoy seguro de qué era, pero no era una amenaza - El Viejo sabía que había algo más, pero no preguntó.

Sayëan empezó a vestirse, espabilando poco a poco y recuperando la compostura propia de su cargo. El Viejo Capitán no dijo nada mientras su Comandante terminaba de colocarse la armadura. Sus armas no estaban, y Sayëan miró con el ceño fruncido al Viejo.

- Las Ejecutoras las guardan. No querían que hubiese nada en la habitación que alguien pudiese usar como arma - Sayëan levantó una ceja. En un hospital había multitud de cosas potencialmente mortales - Al menos nada obvio - Ambos sonrieron mientras Sayëan se dirigía a la puerta. Antes de abrirla se puso serio.

- Traed mis armas - dijo con tono autoritario a las Ejecutoras que vigilaban su habitación. Inmediatamente una de ellas hizo un gesto, que Sayëan interpretó, correctamente, como una conversación a través de la radio incorporada a su casco. El Viejo salió también de la habitación.

- ¿Y bien? ¿Ahora qué? - preguntó el Viejo Capitán mientras dos Ejecutoras más aparecían con las armas de Sayëan.

El Kano meditó la respuesta mientras se colocaba las armas. Cogió su casco, que una Ejecutora sostenía, y miró a su subordinado durante un momento. Parecía no estar seguro de que lo que iba a decir gustase al Viejo Capitán.

- Vamos a buscar a un humano - dijo con resolución. Hasta las Ejecutoras salieron de su aparente indiferencia y miraron sorprendidas a su Comandante. La jefa de la escuadra se alegraría más tarde de que la máscara ocultase su expresión.
13/12/2004 13:25 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

09/12/2004

Murmullos

La presencia continuaba observándole, dando vueltas a su alrededor. Sayëan sentía algo familiar en ella, una extraña sensación de dejá vu. Paciéntemente dejó que la presencia venciese su timidez, y sintió que esta se acercaba poco a poco, oculta entre las sombras. El aire se enfrió cada vez más, y el aliento de Sayëan empezó a condensarse al salir de su boca.

Las sombras parecieron moverse. Un girón de niebla gris se separó de ellas y se movió libremente a pocos metros, dudando. Sayëan ladeó la cabeza con curiosidad, mirando la etérea figura. Esta también le miró, o al menos eso le pareció a Sayëan. La presencia no tenía rostro ni cuerpo, y sólo parecía formada por una ligera nube de polvo gris que se mantenía inmóvil a un metro de altura. Sayëan dió un paso hacia la presencia, y esta se revolvió intranquila, retirándose unos metros.

- No voy a hacerte daño - Sayëan casi se sorprendió de haber dicho eso.

La presencia pareció entender, porque avanzó unos metros, quedando a unos pasos de Sayëan. Este pudo escuchar un leve murmullo procedente de la presencia. Dió otro paso, pero esta vez la presencia no se retiró. El murmullo aumentó poco a poco, y pasó de un susurro a lo que parecía una lejana discusión. La presencia se movió adelante y atrás varias veces, como si no se decidiese a acercarse.

Sayëan extendió el brazo lentamente, hasta que la punta de sus dedos rozaron la nubecilla. Sintió frio, y la presencia se estremeció al contacto. Inmediantemente los murmullos cesaron y la nube quedó inmóvil, como congelada en un campo de estasis.

De pronto una especie de rugido surgió de la informe presencia y se abalanzó sobre Sayëan. Este apenas pudo reaccionar, y sólo fue capaz de sentir como el gélido contacto de la presencia lo atravesaba mientras el atronador rugido se convertía en un poderoso grito que inundó la sala. Sayëan cayó inconsciente antes de darse cuenta que era su propia voz la que gritaba.
09/12/2004 14:06 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

07/12/2004

Presencias

Sayëan conocía aquel símbolo. Recordaba su descripción de algún viejo cuento, pero siempre lo había considerado eso, un cuento. Pero de algún modo ese 'cuento' había llegado a este mundo Exodita. Considerando que según todos los indicios este mundo había permanecido aislado durante siglos el hecho era, como mínimo, desconcertante.

Ahora estaba solo en el templo. Había enviado a Brokaar a explorar una zona de las montañas, al norte, esperando encontrar más indicios sobre los desaparecidos habitantes del asentamiento. Mientras tanto Sayëan continuaba examinando las ruinas en busca de otras pistas. De todos modos, la presencia del kroot no habría servido de mucho. Su aliado apenas conocía la historia de los Eldar, así que era dudoso que pudiese aportar gran cosa sobre el misterio que ahora intrigaba a Sayëan.

Aquello no era posible, pero allí estaba. Siguió con los dedos la media luna, como para asegurarse de que era real y no lo estaba imaginando. Sintió un escalofrío cuando rozó la fría roca. "Sólo es un viejo cuento para asustar a los niños", se dijo. Aun así, a juzgar por los grabados de los muros, los Exoditas que habitaron este asentamiento se lo tomaron muy en serio.

De pronto, Sayëan se sintió observado, como si algo hubiese despertado de pronto dentro del Templo. Con cautela miró a su alrededor. Su gente había registrado palmo a palmo las ruinas sin encontrar nada, y custodiaban férreamente los alrededores para evitar que nada se acercase sin ser detectado. Pero la presencia persistía. Algo o alguien había despertado entre esos muros, y ahora acechaba al Señor de los Ëaressi.

Sin embargo, no se sentía amenazado. Fuera lo que fuese, la presencia se limitaba a observarle con curiosidad. Sayëan podía sentir una 'mirada' clavándose en él, inquisitiva, pero tan desconcertada como él, puede que más. Lentamente caminó hasta el centro de la sala, dejándose ver pero manteniéndose en guardia. El misterioso observador parecía tener más miedo de Sayëan que él de la presencia.
07/12/2004 20:57 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

28/10/2004

Cazando el Pasado

Sayëan observaba las ruinas con curiosidad. Los rastreadores de Brokaar habían tardado dos meses en encontrarlas, a casi trecientos kilómetros del punto inicial. Ya habían examinado el portal que daba acceso a la Telaraña, sellado hace siglos. Los sellos estaban intactos, así que nadie había abandonado el planeta a través del portal. Entonces... "¿Dónde están los colonos?", se preguntaba Sayëan.

Los Arlequines habían confirmado que nadie había cruzado sus dominios procedente de este planeta, y el grupo exodita no tenía otros medios de abandonarlo. A través de la Telaraña apenas habían podido traer unas pocas pertenencias y suministros. Al menos eso decían sus informaciones.

Hizo una mueca. Llamar 'informaciones' a unas cuantas historias y rumores transmitidos de generación en generación era conceder mucho crédito a las leyendas. Parte de su gente opinaba así. Sin embargo habían iniciado la búsqueda. Exoditas procedentes de Bieltan habían llegado a este planeta, antepasados de Sayëan y los suyos, los Ëaressi. Y ahora sólo unas ruinas entre la maleza de la selva lo atestiguaban.

- Esto llevar mucho tiempo abandonado, Patrón - Brokaar sacó súbitamente a Sayëan de sus cavilaciones - Al menos cincuenta soles - Los Baakun llamaban 'soles' a cada rotación alrededor de un sol, es decir, a los años.

- ¿Tu gente ha encontrado algo más? - Conocía la respuesta, pero a Brokaar le gustaba que se le consultase y Sayëan sabía que Brokaar estaba algo frustrado por no encontrar algo más para su Patrón.

- No cuerpos, no tumbas, no marcas de lucha. Sólo vacio. Hermanos del Patrón recoger todo y marchar - Un chasquido de disgusto salió de la garganta del kroot. No le gustaba perder el rastro de una presa, aunque en este caso el objetivo no fuese la caza.

- Si, ¿pero a dónde? - Dejar Bieltan para venir aquí, construir una ciudad y luego abandonarla no tenía mucho sentido... "Nosotros lo hacemos", se recordó Sayëan con disgusto.

Pero aquello era distinto. Los Ëaressi nunca construían nada permanente. Sus 'ciudades' eran en realidad campamentos militares temporales. Podían levantarlos y desmantelarlos en cuestión de horas. En los mundos que ocupaban, fuera el tiempo que fuera, no quedaba rastro alguno cuando los abandonaban.

Todas sus instalaciones fabriles estaban en sus naves. Sayëan, por cierto, se alegraba de que ya hubiesen llegado desde su anterior asentamiento. Ahora vigilaban la órbita, por si las tropas del Saqueador decidían regresar a investigar la desaparición de su destacamento.

Volvió a mirar las ruinas. Esto no era temporal. Los exoditas que buscaba habían construido templos y edificaciones a la antigua usanza del Imperio Eldar. Sayëan se maravilló ante las construcciones, a pesar de estar cubiertas de vegetación. "Esta ciudad se hizo para durar pero, ¿entonces por qué la abandonaron?", se lamentó. "Tanto esfuerzo para nada".

- Nos quedaremos algún tiempo más - decidió Sayëan - Que tu gente busque un asentamiento a dos noches de viaje de aquí - Sayëan siempre intentaba hablar a Brokaar en términos Baakun, así que se refería a la distancia recorrida a pié por un kroot, no un eldar (bastante mayor la del primero por cierto). Eso significaba que en los vehículos de los Ëaressi las ruinas estarían bastante cerca del campamento, pero no lo bastante para ser descubiertos facilmente.

- ¿Nosotros quedar mucho tiempo? - Brokaar y su gente también eran nómadas, incluso antes de conocer a los Ëaress, así que estaban acostumbrados a no tomar cariño a ningún lugar.

- Tal vez, amigo mio. Quiero estudiar estas ruinas - Brokaar hizo una mueca que Sayëan ya se había acostumbrado a identificar como levantar una ceja.

- Baakun rastrear ruinas - Brokaar fingió ofenderse por la insinuación de que su gente habría pasado algo por alto. Aun así, se extrañó del deseo de su patrón.

- Tranquilo amigo mio. Sólo es curiosidad - A pesar de las diferencias culturales Sayëan había aprendido a diferenciar cuando Brokaar estaba ofendido realmente y cuando no. En realidad era algo imprescindible para su relación.

- Sólo ser piedras - A pesar de su camaradería, Brokaar seguía sin comprender algunas de las 'rarezas' de sus patrones. Para él esta y cualquier otra construcción sólo eran posibles escondites para cazador y presa.

- Estas ruinas son parte de nuestra Historia, amigo mio - Sabía que al kroot le costaría comprenderlo, pero aún así trató de explicárselo. - Los Baakun guardan su Historia en los cuentos y leyendas cantados de padres a hijos. A veces, nosotros construimos esto - Sayëan hizo un gesto abarcando los alrededores - también para guardar nuestra Historia.

- ¿Ruinas saber cantar historias? - Brokaar parecía realmente interesado, y también desconcertado.

- No cantan como los Baakun, pero su silencio también puede ser escuchado - Sayëan esperó pacientemente a que el kroot meditase las palabras.

- Presas dejar huellas. Huellas también pequeña historia de Presas - razonó Brokaar - ¿Patrón esperar ruinas ser huellas de rastro de sus Hermanos?

- Si, algo así - Sayëan sonrió satisfecho. El kroot nunca dejaba de sorprenderlo. A pesar de su aparente primitivismo, los kroot demostraban siempre una gran intuición.

- Entonces Baakun esperar Presa con Patrón - Sayëan sabía que en este caso Brokaar no se refería a 'presa' literalmente, sino como un objetivo a alcanzar.

- Si, amigo mio. Esperaremos para poder cazar nuestro Pasado. - Sabía que los Baakun, como la mayoría de los kroot, apenas tenían un concepto de pasado o de futuro más allá de la acumulación de recursos para la supervivencia de la tribu, así que seguramente Brokaar no sería capaz de entender el juego de palabras.

- ¿Pasado saber bien? - Brokaar 'levantó las cejas' de nuevo, algo confuso.

- A veces, amigo mio, a veces - Sayëan soltó una carcajada para sorpresa de Brokaar y la escolta ëaressi y kroot que les acompañaba. Era la primera vez que reía en meses.

19/10/2004

Consejo

- ¡Silencio! - La voz del Kano Ëaressi se impuso sobre la de sus subordinados. No le gustaba levantar la voz ante ellos, pero la discusión se había acalorado más de lo necesario. Como para reafirmar la exclamación de su patrón, Brokaar gruñó ligeramente tras Sayëan.

Varios de los exarcas del Consejo miraron con recelo tras su comandante, donde el kroot permanecía de pié escuchando las discusiones de sus aliados con cierta condescendencia. Sayëan retomó la palabra para encauzar de nuevo el debate.

- Está claro que los Arlequines nos trajeron aquí por alguna razón. Que no alcancemos aún a verla no implica que sea un capricho sin sentido.

- Pero Kano, en cuanto llegamos desaparecieron. Ni siquiera se quedaron a ayudar en la lucha - El capitán de Purificadores sacudió la cabeza con disgusto una vez más en aquella noche. Había perdido algunos guerreros durante el asalto inicial, y la espantada de los Arlequines le había disgustado mucho.

- No los necesitábamos. Un puñado de renegados monkeigh no son rivales para nuestros soldados - Gruñó el capitán de los Escorpiones, tan agresivo como siempre.

- He dicho que ya basta - Sayëan no necesitó levantar la voz esta vez para hacer silencio - El destacamento de marines traidores estaba aquí por alguna razón, y los Arlequines nos trajeron aquí por ello. Si hubiesen dudado de nuestra capacidad para hacerles frente se hubiesen quedado. Ahora debemos averiguar esa razón, no discutir sobre si debieron o no quedarse.

- Un mundo deshabitado, con un pequeño destacamento de las Legiones Traidoras. El Saqueador no enviaría un grupo tan reducido si no quisiera mantener en secreto su presencia aquí - Los miembros del Consejo asintieron ante el comentario del viejo Guardián Veterano, que había permanecido en silencio hasta ahora - Es posible que tuviese algo que ver con la misión de nuestro viejo Brokaar.

Sayëan miró por encima de su hombro para observar la reacción del Kroot. Como esperaba, no hubo tal reacción.

- Brokaar fué enviado aquí en busca de nuestros Hermanos, y de un posible nuevo asentamiento...

- ¡Pero no ha encontrado nada especial! - Sayëan miró fijamente al capitán Escorpión, disgustado por sus contínuas salidas de tono.

- Pero debería. Sabíamos que en este mundo hubo un asentamiento Exodita. Sin embargo no encontramos rastro de él - El Guardián Veterano acalló la protesta de su impetuoso colega para evitar que el Kano tuviese que reprenderle de nuevo. Sayëan asintió levemente al Veterano, dándole las gracias.

- Es obvio que alguien ocultó el rastro del asentamiento - Sayëan habló sin dejar de observar por el rabillo del ojo al kroot - Y lo hizo francamente bien.

- Pero eso no explica la presencia de las tropas del Caos. ¿Por qué iban ellos a buscar Exoditas? - Razonó el Purificador.

- Ambos hechos han de estar relacionados forzosamente. Nosotros buscamos un asentamiento de nuestros Hermanos Perdidos en un mundo en el que el Caos tiene una avanzadilla secreta. No existen casualidades, y menos tan cerca del Ojo de Terror - Sentenció el Kano, volviéndose hacia Brokaar - Haz que tus partidas de caza amplíen su radio de exploración. Nos quedaremos aquí durante un tiempo.

Sin decir una palabra, el kroot rodeó la mesa caminando hacia la salida, pasando tras los miembros del Consejo. Algunos se revolvieron nerviosos en sus sillas. Todos habían visto alguna vez lo que Brokaar y su gente hacía a los enemigos, y los silencios del kroot siempre eran motivo de nerviosismo.

- Ahora que estamos aquí deberíamos buscar nosotros mismos - Protestó el Escorpión.

- Los Baakun son nuestros mejores exploradores. Si no han encontrado nada hasta ahora, es que nada ahí aquí, así que ampliaremos la búsqueda - Sayëan zanjó cualquier posible réplica - Ahora debemos alejarnos de esta zona. Tal vez el Saqueador se pregunte qué ha pasado con sus guerreros. Preparen todo para trasladarnos a las montañas.

El Kano se levantó de su silla, dando por concluida la reunión del Consejo, para disgusto de algunos de sus miembros, pero no se oyó protesta alguna. Caminó lentamente fuera de la tienda, seguido por su escolta, a la que despidió con un gesto.

- No te ofendas, viejo amigo. Ya sé que has hecho cuanto has podido - Sayëan susurró a las sombras que rodeaban el campamento.

- Si Baakun no encontrar Hermanos de Patrón, Hermanos de Patrón no estar aquí. No ser culpa de Baakun - A Sayëan siempre le resultaba extraño escuchar la voz de Brokaar. Nunca se acostumbraba a la especie de chillido susurrante del kroot.

- Lo sé, lo sé. Pero han de estar en alguna parte. Debe quedar algún rastro - Al Baakun no le gustaban las alusiones a un posible fallo en sus habilidades - Tal vez nos equivocamos con la zona.

- Historias del Patrón decir que estar aquí, y aquí buscar. ¿Historias del Patrón equivocadas?

- Tal vez, viejo amigo. Ha pasado mucho tiempo. Las leyendas a veces son demasiado vagas y ambiguas... - El kroot gruñó entre dientes. Algunas palabras se le escapaban - ...quiero decir... las leyendas a veces cambian con el tiempo y la gente que las cuenta. Al final no son exactamente como fueron contadas por primera vez - Sayëan sonrió a medias cuando vió que el kroot comprendía.

- Baakun buscar más lejos - Dijo por fín Brokaar tras pensárselo un rato - Si Hermanos de Patrón estar aquí, Baakun encontrar - Brokaar hizo una mueca, supuestamente una sonrisa (si es que los kroot podían sonreir), satisfecho.

- Gracias viejo amigo.
19/10/2004 13:59 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

Regreso a casa

Los Arlequines cumplieron su palabra... a su manera. Sayëan observó el campo de batalla. Aún resonaban disparos esporádicos mientras sus Guardianes eliminaban los últimos focos de resistencia. Su escolta observaba atentamente los alrededores mientras él caminaba con aparente descuido entre los cadáveres y los restos de vehículos. Las torres de los dos Falcon que le acompañaban giraban de un lado a otro en busca de blancos.

Las tropas del Caos habían sido cogidas por sorpresa. No esperaban un asalto desde la Telaraña. En realidad no lo esperaban desde ninguna parte. Sayëan conocía lo suficiente a los Arlequines como para saber que en cuanto sus tropas saliesen de la Telaraña se encontrarían con alguna desagradable sorpresa. Y así fué. Sin embargo, la previsión de Sayëan había convertido el traslado de sus tropas en un asalto contra las tropas de marines traidores.

Aunque mucho habían tenido que ver sus aliados, sin embargo. A su lado caminaba el líder de los Baakun. Tras varios años de alianza el veterano kroot había aprendido a respetar los silencios pensativos de su patrón. La escaramuza guerrillera de Brokaar se había convertido en una batalla en toda regla cuando los transportes de los Ëaressi rompieron la Telaraña, irrumpiendo en medio del combate entre kroot y la avanzadilla del Caos. Ambas fuerzas, combinadas, exterminaron en pocas horas el destacamento renegado.

Varios Falcon zumbaron por encima de la selva, atrayendo la atención del grupo. Sayëan levantó la cabeza y recordó que sus naves aún no habían llegado. El Vidente Arlequín dijo que se reunirían con él cuando llegase el momento. Apretó los labios, reprimiendo su disgusto por las manipulaciones de los Arlequines, y la visión que presidía el cielo, como fondo de las patrullas Ëaressi que ahora sobrevolaban la zona controlada por sus tropas, no hizo sino aumentar su desasosiego. El Ojo del Terror ocupaba todo el firmamento.
19/10/2004 13:59 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

23/09/2004

Cazadores

Brokaar gruñó entre dientes cuando notó el olor. El aire apestaba a sangre y mortandad. En otro momento eso hubiese despertado su apetito, pero dadas las circunstancias no presagiaba nada bueno. Hizo una ligera señal con la mano a los otros hurones y a los dos eldar que le acompañaban.

El pequeño grupo se adelantó silenciosamente hasta llegar al claro. Una vez más Brokaar se sorprendió, gratamente, del silencio con que caminaban los exploradores de su patrón en comparación con el resto de las otras tropas eldar. A él y a los kroot de su tribu, los Hurones Baakun, las demás razas siempre les habían parecido torpes y ruidosas al moverse por la selva, pero le agradaba ver que no todos eran iguales.

Con una mueca de disgusto mezclada con respeto recordó a otros seres que consideraban la selva su medio natural. Pero ahora los nativos de Catachán estaban muriendo, al igual que el resto de los humanos. Brokaar recordó la palabra que usaban los Eldar para referirse, mon-keigh, y que tan difícil le resultaba pronunciar.

Pero se había empeñado en aprender tanto como pudiese de sus patrones. Eran conocimientos que podrían serle útiles en el futuro, a él y a su tribu. Aunque no le gustaba la altivez con que se comportaban, los Ëaressi habían acabado por gustarle. Menos sociables que sus anteriores patrones, los Tau, se habían ganado su respeto a pesar de todo. Permitían que siguiesen sus costumbres, aunque algunos de ellos les considerasen salvajes, y pagaban bien por los servicios proporcionados por la tribu de Brokaar.

Instintivamente miró el rifle de fusión que los Ëaressi le habían proporcionado, cubierto ahora por las marcas de la tribu. Recordó con una sonrisa la cara del Cantor Eldar que se lo entregó cuando lo embadurnó de sangre y lo envolvió en un tapiz mugriento. El sentido de la estética de los eldar le desconcertaba, pero a la vez le atraía.

Sacudió la cabeza para concentrarse en su tarea, guiando al grupo hacia el claro. Dos de sus exploradores regresaron del borde de los árboles para contar lo que habían visto. Los eldar que le acompañaban se esforzaron por comprender la secuencia de siseos, gestos y susurros que constituían el lenguaje de caza de la tribu. Se habían esforzado mucho por aprenderlo, aunque apenas fuese en una fracción de su riqueza.

“Caos”, pensó Brokaar. Vio como los eldar se tensaban al comprender lo esencial del mensaje. Con una seña ordenó a los exploradores kroot que volviesen al borde del claro para vigilar, mientras dirigía al resto de la partida dando un rodeo. Quería atraparlos entre un fuego cruzado. Ya se había enfrentado a los marines traidores (aunque su traición no era de su incumbencia, sino del resto de los humanos), y no le gustaban. Su maldad era una afrenta para los espíritus, y además su corrupta carne no era comestible. Le agradaría destruirlos.

Con otra seña indicó a los eldar que tomasen posiciones entre los árboles. Se encargarían, junto a sus propios exploradores, de cortar el paso a los marines del Caos cuando el grueso de la partida de caza atacase el contingente enemigo.

Desde el borde del claro, casi al otro lado de las posiciones de los eldar y sus exploradores, observó las grandes armaduras moverse torpemente (al menos para él) alrededor del campamento. Los centinelas miraban sin ver hacia la selva, casi en la dirección de Brokaar y su grupo. Sabía que no le verían.
Con un leve suspiro, Brokaar cogió aire...

- ¡SKREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE! – Al unísono, la partida de guerra de los Hurones Baakun cargó saliendo de la selva.

Iniciando un viaje

Sayëan observaba como sus transportes entraban en la Telaraña, precedidos por los vehículos de los Arlequines que les hacían de guía. Los seguidores del Dios Que Ríe dejaron claro que no permitirían que se hiciesen nuevos túneles, y se empeñaron en usar un camino ya conocido... por ellos.

Al Kano Ëaressi no le gustaba enviar a su gente sin conocer su lugar de destino, pero había aprendido (o no había tenido otro remedio) a confiar en los Arlequines. Al fin y al cabo también eran Eldar. Tampoco le gustaba tener que enviar la mayor parte de sus tropas, dejando el equipo pesado para ser transportado por sus naves, ya que no podría ser transportado a través de la delicada Telaraña.

- Kano, los últimos transportes han salido – dijo uno de los exarcas de su consejo de guerra, interrumpiendo sus pensamientos – Sólo queda vuestra escolta, y la Flota a la espera de órdenes.

- La Flota debe esperar a la señal de los Arlequines – A su subordinado eso le gustaba tan poco como a él – Vámonos.

El Kano Ëaressi se dejó guiar por su exarca hasta su trasporte personal, rodeado de varias naves de escolta y dos motos de los Arlequines, que les guiarían junto al resto del convoy. Echó una última mirada a la superficie del planeta. Llevaban dos años instalados aquí, y el lugar había acabado por gustarle. Siempre era una lástima abandonar un lugar tranquilo, pero estaba acostumbrado. Rara vez permanecían más que unos meses en un lugar.

La puerta del transporte se cerró a su espalda con un siseo, presurizando la cabina, y mientras se sentaba en su lugar sintió la suave vibración del campo que se activó para rodear el vehículo, permitiéndole atravesar la Telaraña como si de agua se tratase. Cuando el vehículo se adentró en el portal, nada más quedó en la superficie. Segundos más tarde el propio portal se consumiría, sellándose gracias al campo del vehículo, devolviendo ese mundo al silencio al que pertenecía cuando los Ëaressi llegaron a él.
23/09/2004 14:00 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

07/09/2004

Visita inesperada

- Entonces... ¿es cierto? – La voz de Sayëan no tenía ninguna inflexión, como si surgiese de una máquina.

- Si, Kano – El tono del exarca si mostraba emoción. Miedo.

- ¿Los Arlequines han dicho algo más?

- No, Kano. Sólo que Eldrad ha muerto – Sayëan se permitió un ligero suspiro de tristeza, que sobresaltó al exarca – Luego, se fueron.

- Está bien. Puedes retirarte – El exarca abandonó inmediatamente la sala.

Sayëan caminó despacio hasta el centro de la Sala de Guerra y contempló la imagen que el proyector mostraba. Allí estaba el Ojo del Terror... y Ulthwé. “Adiós, Viejo”, susurró para sus adentros. No siempre compartieron la misma opinión, en particular sobre los medios, pero si compartían objetivo. Ahora la luz del más grande de entre los Eldar se había extinguido.

Con un gesto ordenó a la imagen que cambiase, y esta fue mostrando los alrededores del Ojo, junto con todos los datos disponibles. Se detuvo en Cadia. Sayëan admiraba a sus habitantes. Su valor y empeño. De poco les estaba sirviendo. Su situación era cada vez más desesperada. Siguió con los demás mundos de la zona, uno tras otro. La situación empeoraba por momentos para el Imperio.

Observó las posiciones de sus propios efectivos, dispersos por el sector. “Si al menos tuviese más tropas...”, se lamentó Sayëan. Ni siquiera con la incorporación de los Kroot contaba con fuerzas suficientes. Aun así, no lamentaba el reclutamiento de los mercenarios, a pesar de las protestas de algunos de sus exarcas. Si de él hubiese dependido hubiese tratado de reclutar a todo el Imperio Tau, o al menos establecer una alianza.

Pero Bieltan y los demás Mundos no hubiesen aceptado ese acuerdo. No un pacto estable. Los enfrentamientos con los Tau y las demás razas eran tantos como las ocasiones en que las circunstancias los habían puesto del mismo lado. Esa era la principal razón del enfrentamiento con Eldrad. No podrían salvar a los Eldar manipulando a las demás razas. Las necesitaban. Pero Eldrad y los demás se empeñaron en manejar los asuntos humanos como si de peones de un viejo ajedrez se tratasen.

Sayëan sonrió un instante. Probablemente los Humanos ni siquiera recordaban lo que era un ajedrez.

Un fugaz movimiento llamó la atención de Sayëan, y los viejos instintos de exarca se pusieron en acción, fintando y girándose al mismo tiempo que desenfundaba sus armas. Apuntó al supuesto asaltante, pero inmediatamente relajó los músculos y bajó el arma.

- Vuestras informaciones suelen ser vagas... pero no tanto. – Sayëan observó al intruso, que salía de entre las sombras mostrando los vivos colores de sus ropajes - ¿Qué es tan importante que no podéis contárselo a mis oficiales?

- Debes preparar a tu gente, Primer Guardián – “¡Por Khaine! ¡Un Vidente de Sombras!”, pensó Sayëan cuando sintió, más que escuchó, la voz del intruso - Es hora de que los Ëaressi vuelvan a casa.

- ¿Cuándo? – Sayëan recuperó la compostura poco a poco

- Pronto, muy pronto, Primer Guardián – El intruso se deslizó hasta la imagen del Ojo del Terror. Sus ropajes ni siquiera se movieron – Debes estar listo para cruzar la Telaraña junto a los tuyos – El intruso sonrió al ver la disposición de las tropas Ëaressi y al sentir el desasosiego de Sayëan, sabiendo que prefería las naves a la Telaraña, pero no escuchó ninguna protesta, satisfecho.

- ¿Y el resto de mi gente? – “Ah, la preocupación por sus soldados...”, pensó el intruso con otra sonrisa – Mis tropas están dispersas por todo el Sector.

- Serán guiadas hasta su destino, Primer Guardián, no temas. Estarán a salvo... al menos hasta que salgan de la Telaraña – El intruso sabía que otra cosa preocupaba a Sayëan – Tus naves se reunirán con ellos cuando sea oportuno.

- ¿Algo más? – Sayëan nunca se acostumbraría a los Arlequines, pero logró que su tono fuese firme.

- No, nada más, Primer Guardián. Que El Que Ríe esté contigo y tu Gente – El intruso se adentró de nuevo en las sombras, desapareciendo poco a poco.

- Que Khaine esté contigo, Arlequín – El intruso se detuvo y se volvió, observando a Sayëan. Sonrió ante la arrogancia del Exarca de Exarcas. “Jóvenes...”, pensó cuando desapareció del todo, dejando a Sayëan sólo en su Sala de Guerra
07/09/2004 14:00 Enlace permanente. Tema: Eldar Ëaressi, Kroot Baakun y Tau No hay comentarios. Comentar.

31/08/2004

Thianna

“Estamos solos. Lo estamos desde que abandonamos Bieltan, nuestro antiguo hogar. Estábamos cansados. Cansados de luchar, de huir, de vagar después de la Caída. Queríamos Paz.

Nos marchamos y dejamos a nuestros Hermanos. Nos convertimos en solitarios, en los Ëaressi, Solos en el Océano, nuestro océano que son las estrellas. Sólo luchamos para proteger nuestro secreto y nuestros refugios.

Nos escondimos. Del Gran Enemigo, de nuestros Hermanos y Primos, de los Mon-keigh, de todo y de todos. Escondidos tras múltiples disfraces y subterfugios vagamos por las Estrellas hasta que fuimos olvidados, ocultos entre la Multitud.

Hemos conocido a muchas razas y culturas. Unas nos han odiado, otras nos han ofrecido sus conocimientos, pero ninguna ha sabido quienes éramos realmente. Tenemos muchas caras, muchas banderas, y ninguna. Nuestra nación no tiene capital. Nuestro reino somos nosotros mismos, pero lo llamamos Thianna, nuestra Consciencia Colectiva. Nuestro Hueso Espectral.

Nos hemos adaptado y hemos aprendido. Seguimos siendo Eldar, pero somos más que eso. Hemos caminado entre todos Vosotros, la Multitud, sin que nos reconocieseis, porque nada había que reconocer. Thianna no tiene forma ni fronteras. Nosotros y Thianna estamos en todas partes y en ninguna.

Sólo nuestros Hermanos Arlequines nos han visto y nos recuerdan. Ellos en su brillantez anonadante, en sus interpretaciones y bailes, en su vagar y vigilancia a través de la Telaraña, recordándonos en alguna antigua y casi olvidada canción. Thianna, en las sombras.

Pero los tiempos cambian. Los Enemigos se fortalecen y regresan. Es tiempo de que nosotros los Ëaressi dejemos de estar solos y regresemos con nuestros Hermanos.

Los Ëaressi saldremos de la Multitud y tomaremos lo que nos corresponde, incluido nuestro nombre verdadero, hasta ahora perdido en los recuerdos de nuestro antiguo hogar. Somos los Falakiri, las Espadas de las Costas.

...y vamos a la Guerra junto a nuestros Hermanos, con el Viento de Bieltan aullando de nuevo en los filos de nuestras armas.”

(Mensaje entregado por Brokaar, Señor de los Hurones Baakun, a un prisionero mon-keigh liberado, en nombre de su patrón, Sayëan Ëaressi, Señor de los Falakiri, en el Cuadragésimo Primer Milenio del tiempo de los Mon-keigh)


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