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Thianna

Extrañas Amistades

La fragata Ëaressi salió de la Telaraña a la negrura del espacio en los límites del sistema y maniobró hasta ocultarse tras una desolada luna. Tras asegurarse de que no había sido detectada envió la señal convenida y esperó.

- ¿Kano? - El oficial de comunicaciones llamó a su comandante - El Regos está contestando.

- Es puntual, como siempre - pensó Sayëan en voz alta - Envíale mis saludos y pídele sus coordenadas.

Treinta minutos más tarde.

- Kano, ahí está... - El capitán de la fragata señaló un punto entre las estrellas. Una sombra en movimiento tapando las estrellas advertía que algo se desplazaba lentamente hacia la fragata. Algo enorme.

Sayëan ya lo conocía, pero no dejaba de sorprenderle. Las construcciones Eldar, y por extensión las Ëaressi (aunque fuesen más funcionales), eran gráciles y delicadas, aunque ocultasen una resistencia mayor de la aparente. Pero aquello era distinto.

La descomunal mole del Regos iba llenando poco a poco la portilla principal del puente de la fragata. Sus siniestras líneas disgustaban a la mayoría de los Eldar, pero Sayëan sentía cierto interés, que algunos consideraban morboso, por las construcciones humanas. Las grandes estructuras góticas de sus naves, similares a catedrales, le fascinaban.

- Kano, el Regos se está colocando en posición - Sayëan vio como una enorme compuerta se abría en un lateral del mercante.

- Bien. Pide permiso al Regos para abordarlo - Sabía que no era necesario. La enorme boca de la bodega ya les esperaba.

- El Regos da su permiso.

- Entonces entremos - Sayëan señaló con la cabeza hacia la abertura.

El piloto manipuló los controles. Las velas solares de la fragata se plegaron, ocultándose en sus compartimentos dentro del casco. Lentamente la fragata fue desplazándose lateralmente hasta entrar en el interior de la gigantesca nave. Sayëan oyó como el tren de aterrizaje de la fragata se desplegaba. Un seco golpe anunció que acababan de tocar el suelo del mercante.

- Todo parado, Kano. La puerta de la bodega ya se está cerrando. Detectamos presurización del compartimento. Todo en orden.

- Bien. Voy a desembarcar. Solo - Inmediantemente escuchó un ligero murmullo a su espalda y giró levemente la cabeza. El murmullo cesó en cuanto miró a la Ejecutora - Tú vendrás conmigo - dijo con un leve tono de disgusto, sabiendo que nada de lo que dijese evitaría que le acompañase de todos modos.

Minutos más tarde, una compuerta en el lateral de la fragata se abrió mientras una rampa en forma de puente se extendía desde la bodega hasta detenerse a unos centímetros del casco de la nave Eldar. La diferencia de temperatura entre el interior de la bodega y el de la fragata provocó una ligera brisa, que arrastró el aliento helado de Sayëan. El aire de la bodega aún conservaba parte del frío del vacio del espacio.

Un hombre esperaba frente a la compuerta, sobre la rampa. Su sobria y gris indumentaria hacía juego con la cavernosa penumbra de la bodega, solamente rota por pequeños focos a lo largo de la rampa, y con los dos hombres de uniforme que le acompañaban, ambos armados con sendos rifles láser colgados del brazo. Al verse mutuamente, la Ejecutora y los guardaespaldas se tensaron. Sayëan hizo un gesto de calma a su guardiana, que hizo que todos se relajaran visiblemente, aunque sin perderse de vista.

- Bienvenido de nuevo al Regos, Sayëan de los Ëaressi. Es un placer volver a verte - dijo amistosamente el hombre mientras tendía su mano hacia Sayëan.

- Saludos, Seamus - Sayëan estrechó la mano con el humano, y ambos se dieron un fuerte apretón - Ha pasado mucho tiempo.

Nuevos Actores

M'Yen observaba el espacio circundante desde la portilla principal. Estaba de pie, con su llamativa túnica azul y verde destacando sobre el fondo oscuro del espacio. A sus pies empezaba a verse la curvatura del desértico planeta al que se dirigían.

- Bonito lugar, ¿verdad Shas'El? - dijo sin volverse.

- No parece especialmente atractivo, Honorable Por'El - contestó a sus espaldas una voz con tono seco y... "Aburrido", pensó M'Yen. Como de costumbre su agregado militar no lo sorprendía. Se había acostumbrado ya al monótono y serio Yen, como él lo llamaba para sus adentros. Sonrió al preguntarse qué pensaría el comandante si se enterase que le llamaba con el antónimo de su propio nombre. "Bueno, él me llama Por'Fio, aunque no sepa que lo sé".

- Vamos, vamos, amigo mío. Nunca se sabe qué puede depararnos un nuevo mundo. Tal vez encontremos interesantes sorpresas - M'Yen sabía que el comandante odiaba las sorpresas, aunque irónicamente en combate se adaptase magistralmente a ellas. En la vida social era otro cantar.

- Entrando en órbita de vigilancia - Susurró mecánicamente el Piloto, que grácilmente manejaba los controles de la nave como si de una danza se tratase.

- Gracias Kais - Al Piloto si podía llamarlo por su nombre común. Llevaban mucho tiempo viajando juntos - ¿Qué puedes decirnos de...? - consultó el lector que tenía en la mano - ¿...por qué siempre les ponemos estos códigos tan complicados a los nuevos planetas? ¿Es que no podemos ponerles un nombre normal? - M'Yen fingió disgusto.

Sabía que nadie respondería a su por otro lado retórica pregunta. Su enésimo intento de hacer un chiste que 'despertase' a su agregado militar había fallado, como siempre. Después de seis meses de viaje seguía siendo el mismo duro e inexpresivo trozo de roca.

- Bien, que sus tropas se preparen, Shas'El. Vamos a descender... - M'Yen se volvió para mirar al comandante - ...porque supongo que no me dejará bajar solo, ¿verdad? - Fingió ansiedad, como un niño que espera un regalo sorpresa.

- Por supuesto que no, Honorable Por'El. Prepararé mis tropas - "Al menos siempre es sincero", suspiró resignado M'Yen mientras volvía a mirar por el ventanal. El Shas'El giró sobre sus talones y salió del puente para dirigirse a la zona de tropas. En cuanto la puerta se cerró M'Yen pudo oir la suave risita del Piloto.

- No te rías de nuestro protector, Kais, sólo hace su trabajo... - el tono era obviamente burlón.

- Como tú, M'Yen... como tú - contestó el Piloto sin apartar los ojos de los controles de la nave, y el Crucero Kor Run'Al empezó a maniobrar obedientemente mientras sus dedos le ordenaban colocarse sobre el planeta.

Despertares

- ¿Kano? ¿Os encontráis bien? - El rostro del sanador mostraba una gran preocupación.

- ¿Qué... qué ha pasado? - Sayëan miró a su alrededor, reconociendo la sala médica de una de sus naves - ¿Por qué me habéis traido a la Flota? - Su mal humor asustó al sanador.

- Kano... yo... - El sanador miró hacia la puerta, como si esperase la llegada de alguien.

- ¡Habla! - Sayëan se apoyó fatigosamente en el codo, sobre la cama. Su cuerpo estaba adormilado y se negaba a obedecer correctamente.

- Kano, tranquilizaos - Sayëan se giró brúscamente, mirando a su espalda. Durante un instante la oscura figura de la Ejecutora hizo que se asustase - Os trajeron aquí cuando no lograron despertaros. Esto es más seguro, y las instalaciones médicas son más avanzadas - La voz de la Ejecutora sonaba monótona y carente de emociones a través de su máscara, pero aún así Sayëan notó cierto tono de preocupación mezclado con alivio.

La puerta de la sala se abrió para dejar paso al veterano Capitán de Guardianes, que entró en tropel. Durante un instante Sayëan pudo ver a través de la puerta a otra Ejecutora que vigilaba la entrada. Empezó a comprender.

- ¡Sayëan! ¡Khaine sea loado! ¡Empezaba a pensar que no despertarías! - El viejo mentor de Sayëan usó un tono alegre y despreocupado para restar importancia al comentario, pero era obvio que se sentía muy aliviado de que su pupilo hubiese despertado.

- Seguro que ya estabas pensando en un sustituto... - Sayëan forzó una sonrisa para seguir con el chiste, aunque seguramente estuviese en lo cierto.

- Bueno, no sería difícil encontrar a alguien - mintió el viejo Capitán. La elección del Primer Guardián nunca era tarea fácil - ¿Cómo te encuentras? - El Capitán dejó que un atisbo de preocupación asomase a sus ojos.

- Estoy bien, Viejo - Sayëan intentó incorporarse. El sanador trató de impedírselo y miró al Capitán como esperando órdenes - ...aunque algo agarrotado. ¿Cuánto tiempo he estado... inconsciente? - Vió como el Capitán asentía al sanador y este le ayudaba a sentarse en la cama.

- 3 días, Kano - El sanador respondió mientras se concentraba en los monitores que controlaban las constantes de su Comandante - ...todo parece en orden - El tono indicaba que hasta hace bien poco no todo estaba en orden.

- Bien. Déjanos sólos. El Kano y yo debemos hablar - El sanador echó una última ojeada al monitor y se fue, obediente. Con un gesto, el Capitán también hizo marchar a la Ejecutora, aunque sabía que no se iría muy lejos.

- ¿Qué ha pasado? - Sayëan se alcanzó un vaso y una jarra de agua que había junto a la cama.

- Dímelo tú. Cuando te encontramos estabas inconsciente y helado, como muerto. Los sanadores apenas lograron encontrar tus constantes vitales. ¿Qué pasó allí dentro?

Sayëan miró a su viejo mentor, y este comprendió que la explicación no sería sencilla. Decidió dejar que Sayëan se lo callase, por el momento. Ya se lo explicaría en su momento.

- Registramos el Templo, pero no encontramos nada extraño. Las Ejecutoras estaban muy alteradas.

- No les gusta no encontrar algo que golpear - ironizó Sayëan. Conocía el celo con que las Ejecutoras llevaban a cabo su trabajo. Y de paso dió a entender a su Capitán que no le extrañaba que las Ejecutoras no encontrasen nada, lo cual no contribuyó precisamente a tranquilizar al Viejo Guardián.

- Se preocupan por tu seguridad.

- Sé cuidarme... - El Viejo levantó una ceja, y Sayëan se dió cuenta de que esta vez eso no era del todo exacto - ...bueno, puede que esta vez... - sacudió la cabeza, para despejarse. ¿Habría sido un sueño? Lentamente puso los pies en el cálido suelo (los sanadores se cuidaban de esos detalles) y empezó a levantarse.

- Deberías descansar - dijo con tono paternal.

- Estoy bien - Sayëan vio cierto excepticismo en la mirada de su mentor - Lo ha dicho el sanador - dijo como para justificarse. Resultaba curioso ver como el líder de los Ëaressi parecía pedir permiso a un subordinado para levantarse de la cama. Si no hubiesen estado solos ninguno de los dos hubiese usado un tono tan familiar.

- Está bien. La verdad es que hay mucho que hacer - Sayëan leyó "Problemas".

- ¿El Escorpión? - El tono ya no era tan familiar.

- Y los Videntes. Cada cual por sus razones, ya los conoces - El impulsivo Capitán de Escorpiones no era demasiado reflexivo en los momentos de crisis, y los Videntes... Sayëan hizo una mueca que su mentor entendió al instante.

- Sospechan de alguna... 'influencia', ¿verdad?

- El Escorpión está muy disgustado. Que su gente vigilase cuando te... bueno, no le deja en muy buen lugar. Ni que decir tiene que a las Ejecutoras tampoco les ha hecho gracia. Ahora no dejan que ningún escorpión se acerque, acusándoles de incompetencia para protegerte - Ladeó la cabeza señalando a la puerta. Las Ejecutoras estaban vigilando al otro lado.

Sayëan hizo un ademán con la mano, desestimando el tema. Odiaba las luchas internas entre sus subordinados. Además, le preocupaba más el tema de los Videntes.

- Los Videntes... ¿tienen alguna teoría? - El Viejo sabía que se refería al incidente del Templo, y que esto preocupaba mucho a su pupilo.

- Aún no se han puesto de acuerdo, por suerte, pero tienen varias ocurrencias, algunas... - Sayëan sabía a dónde quería llegar.

- No fue desde la Disformidad. Era... otra cosa - Sayëan miró fijamente al Viejo, y este asintió, aceptando la palabra de su Comandante - No estoy seguro de qué era, pero no era una amenaza - El Viejo sabía que había algo más, pero no preguntó.

Sayëan empezó a vestirse, espabilando poco a poco y recuperando la compostura propia de su cargo. El Viejo Capitán no dijo nada mientras su Comandante terminaba de colocarse la armadura. Sus armas no estaban, y Sayëan miró con el ceño fruncido al Viejo.

- Las Ejecutoras las guardan. No querían que hubiese nada en la habitación que alguien pudiese usar como arma - Sayëan levantó una ceja. En un hospital había multitud de cosas potencialmente mortales - Al menos nada obvio - Ambos sonrieron mientras Sayëan se dirigía a la puerta. Antes de abrirla se puso serio.

- Traed mis armas - dijo con tono autoritario a las Ejecutoras que vigilaban su habitación. Inmediatamente una de ellas hizo un gesto, que Sayëan interpretó, correctamente, como una conversación a través de la radio incorporada a su casco. El Viejo salió también de la habitación.

- ¿Y bien? ¿Ahora qué? - preguntó el Viejo Capitán mientras dos Ejecutoras más aparecían con las armas de Sayëan.

El Kano meditó la respuesta mientras se colocaba las armas. Cogió su casco, que una Ejecutora sostenía, y miró a su subordinado durante un momento. Parecía no estar seguro de que lo que iba a decir gustase al Viejo Capitán.

- Vamos a buscar a un humano - dijo con resolución. Hasta las Ejecutoras salieron de su aparente indiferencia y miraron sorprendidas a su Comandante. La jefa de la escuadra se alegraría más tarde de que la máscara ocultase su expresión.

Murmullos

La presencia continuaba observándole, dando vueltas a su alrededor. Sayëan sentía algo familiar en ella, una extraña sensación de dejá vu. Paciéntemente dejó que la presencia venciese su timidez, y sintió que esta se acercaba poco a poco, oculta entre las sombras. El aire se enfrió cada vez más, y el aliento de Sayëan empezó a condensarse al salir de su boca.

Las sombras parecieron moverse. Un girón de niebla gris se separó de ellas y se movió libremente a pocos metros, dudando. Sayëan ladeó la cabeza con curiosidad, mirando la etérea figura. Esta también le miró, o al menos eso le pareció a Sayëan. La presencia no tenía rostro ni cuerpo, y sólo parecía formada por una ligera nube de polvo gris que se mantenía inmóvil a un metro de altura. Sayëan dió un paso hacia la presencia, y esta se revolvió intranquila, retirándose unos metros.

- No voy a hacerte daño - Sayëan casi se sorprendió de haber dicho eso.

La presencia pareció entender, porque avanzó unos metros, quedando a unos pasos de Sayëan. Este pudo escuchar un leve murmullo procedente de la presencia. Dió otro paso, pero esta vez la presencia no se retiró. El murmullo aumentó poco a poco, y pasó de un susurro a lo que parecía una lejana discusión. La presencia se movió adelante y atrás varias veces, como si no se decidiese a acercarse.

Sayëan extendió el brazo lentamente, hasta que la punta de sus dedos rozaron la nubecilla. Sintió frio, y la presencia se estremeció al contacto. Inmediantemente los murmullos cesaron y la nube quedó inmóvil, como congelada en un campo de estasis.

De pronto una especie de rugido surgió de la informe presencia y se abalanzó sobre Sayëan. Este apenas pudo reaccionar, y sólo fue capaz de sentir como el gélido contacto de la presencia lo atravesaba mientras el atronador rugido se convertía en un poderoso grito que inundó la sala. Sayëan cayó inconsciente antes de darse cuenta que era su propia voz la que gritaba.

Presencias

Sayëan conocía aquel símbolo. Recordaba su descripción de algún viejo cuento, pero siempre lo había considerado eso, un cuento. Pero de algún modo ese 'cuento' había llegado a este mundo Exodita. Considerando que según todos los indicios este mundo había permanecido aislado durante siglos el hecho era, como mínimo, desconcertante.

Ahora estaba solo en el templo. Había enviado a Brokaar a explorar una zona de las montañas, al norte, esperando encontrar más indicios sobre los desaparecidos habitantes del asentamiento. Mientras tanto Sayëan continuaba examinando las ruinas en busca de otras pistas. De todos modos, la presencia del kroot no habría servido de mucho. Su aliado apenas conocía la historia de los Eldar, así que era dudoso que pudiese aportar gran cosa sobre el misterio que ahora intrigaba a Sayëan.

Aquello no era posible, pero allí estaba. Siguió con los dedos la media luna, como para asegurarse de que era real y no lo estaba imaginando. Sintió un escalofrío cuando rozó la fría roca. "Sólo es un viejo cuento para asustar a los niños", se dijo. Aun así, a juzgar por los grabados de los muros, los Exoditas que habitaron este asentamiento se lo tomaron muy en serio.

De pronto, Sayëan se sintió observado, como si algo hubiese despertado de pronto dentro del Templo. Con cautela miró a su alrededor. Su gente había registrado palmo a palmo las ruinas sin encontrar nada, y custodiaban férreamente los alrededores para evitar que nada se acercase sin ser detectado. Pero la presencia persistía. Algo o alguien había despertado entre esos muros, y ahora acechaba al Señor de los Ëaressi.

Sin embargo, no se sentía amenazado. Fuera lo que fuese, la presencia se limitaba a observarle con curiosidad. Sayëan podía sentir una 'mirada' clavándose en él, inquisitiva, pero tan desconcertada como él, puede que más. Lentamente caminó hasta el centro de la sala, dejándose ver pero manteniéndose en guardia. El misterioso observador parecía tener más miedo de Sayëan que él de la presencia.

Otras Fuentes

El Sargento Mayor observa los alrededores, vigilando en el exterior de la humilde casa. Otros dos hombres le acompañan, dando vueltas alrededor de la casa y vigilando los caballos. En el interior Akon medita mientras espera. El Consejo fue como esperaba. Los Baakun, representados por su cuñado, El Jinete, apoyarían a Thianna. Su tío Athareas, representando a los Ëaressi, le comunicó que el Consejo Regente no intervendría, aunque no se opondrían a que sus ciudadanos actuasen de manera individual y a título privado en favor del ducado. Aún así, su primo Elheon se opuso a cualquier intervención de los Ëaressi, pidiendo que los elfos que formaban parte del ejército de Thianna lo abandonasen. Akon ya conocía sus respuestas de antemano.

Sin embargo, los elfos de la Flota y la Guardia del Río (y los pocos que se habían alistado en la Guardia de Arena) eran todos voluntarios, al igual que los Baakun, por lo que eran libres de marcharse o de quedarse, y Akon sabía que su lealtad y principios los mantendría a su lado. En cuanto a los ciudadanos de origen gondoriano, para ellos el Servicio era obligatorio, pero todos comprendían la importancia de proteger su tierra. Por tanto, la fuerza de Thianna permanecía intacta por el momento. Es más, Faramir le había informado secretamente de que algunos de sus batallones estarían ‘de maniobras’ cerca de la frontera con Thianna.

Incluso había tenido algunas ‘nuevas’ incorporaciones. Iowen solicitó oficialmente al Regente Athareas dejar la capitanía del Espada Plateada para incorporarse a la Flota de Thianna, sabedora de que el Regente y, sobre todo, su hijo Elheon estarían encantados de librarse de la según ellos indisciplinada capitana. Akon sonrió ligeramente al pensar que tendría más cerca a Iowen.

El dueño de la granja se acerca a Akon con algo de beber, procurando no perturbar a su Señor. Akon le saluda con un leve asentimiento, agradecido, sin llegar a decir nada. Sabe que es uno de los veteranos de su padre. Mientras el hombre vuelve a sus quehaceres Akon observa la pierna de madera que da fe de su lealtad y sacrificio para con Thianna. Un veterano de los Llanos. Resulta increíble el aplomo del hombre, a pesar de los años pasados desde esa batalla. Incluso tiene la espada y la camisola con el emblema de Thianna colgada junto a la puerta, aunque sabe que el Primer Soldado no lo llamará a filas. “Ya diste lo tuyo, amigo mío. Ahora es otra la ayuda que Thianna requiere de ti”, piensa Akon mientras recuerda el motivo de su presencia en la apartada granja.

Como respuesta a sus pensamientos, Akon escucha el sonido de los cascos que se acercan a la casa. A través de la ventana observa como dos jinetes bajan de sus caballos bajo la atenta mirada del Sargento Mayor y los otros dos hombres. Sin mediar palabra, uno de los jinetes se acerca a la casa mientras el otro se coloca junto al Sargento, uniéndose a él en la vigilancia de los alrededores.

Akon se levanta para recibir al visitante. Escucha como éste golpea sus botas en el suelo antes de entrar para sacudirse el polvo del camino. Entra sin llamar.

- Bienvenido General – Saluda Akon – Sentaos. El viaje ha sido largo.

- Gracias Primer Soldado. Ciertamente largo... de 20 años, amigo mío – Dice el General de Umbar, Abser Fadhir, mientras echa la capucha de su capa hacia atrás.

Cazando el Pasado

Sayëan observaba las ruinas con curiosidad. Los rastreadores de Brokaar habían tardado dos meses en encontrarlas, a casi trecientos kilómetros del punto inicial. Ya habían examinado el portal que daba acceso a la Telaraña, sellado hace siglos. Los sellos estaban intactos, así que nadie había abandonado el planeta a través del portal. Entonces... "¿Dónde están los colonos?", se preguntaba Sayëan.

Los Arlequines habían confirmado que nadie había cruzado sus dominios procedente de este planeta, y el grupo exodita no tenía otros medios de abandonarlo. A través de la Telaraña apenas habían podido traer unas pocas pertenencias y suministros. Al menos eso decían sus informaciones.

Hizo una mueca. Llamar 'informaciones' a unas cuantas historias y rumores transmitidos de generación en generación era conceder mucho crédito a las leyendas. Parte de su gente opinaba así. Sin embargo habían iniciado la búsqueda. Exoditas procedentes de Bieltan habían llegado a este planeta, antepasados de Sayëan y los suyos, los Ëaressi. Y ahora sólo unas ruinas entre la maleza de la selva lo atestiguaban.

- Esto llevar mucho tiempo abandonado, Patrón - Brokaar sacó súbitamente a Sayëan de sus cavilaciones - Al menos cincuenta soles - Los Baakun llamaban 'soles' a cada rotación alrededor de un sol, es decir, a los años.

- ¿Tu gente ha encontrado algo más? - Conocía la respuesta, pero a Brokaar le gustaba que se le consultase y Sayëan sabía que Brokaar estaba algo frustrado por no encontrar algo más para su Patrón.

- No cuerpos, no tumbas, no marcas de lucha. Sólo vacio. Hermanos del Patrón recoger todo y marchar - Un chasquido de disgusto salió de la garganta del kroot. No le gustaba perder el rastro de una presa, aunque en este caso el objetivo no fuese la caza.

- Si, ¿pero a dónde? - Dejar Bieltan para venir aquí, construir una ciudad y luego abandonarla no tenía mucho sentido... "Nosotros lo hacemos", se recordó Sayëan con disgusto.

Pero aquello era distinto. Los Ëaressi nunca construían nada permanente. Sus 'ciudades' eran en realidad campamentos militares temporales. Podían levantarlos y desmantelarlos en cuestión de horas. En los mundos que ocupaban, fuera el tiempo que fuera, no quedaba rastro alguno cuando los abandonaban.

Todas sus instalaciones fabriles estaban en sus naves. Sayëan, por cierto, se alegraba de que ya hubiesen llegado desde su anterior asentamiento. Ahora vigilaban la órbita, por si las tropas del Saqueador decidían regresar a investigar la desaparición de su destacamento.

Volvió a mirar las ruinas. Esto no era temporal. Los exoditas que buscaba habían construido templos y edificaciones a la antigua usanza del Imperio Eldar. Sayëan se maravilló ante las construcciones, a pesar de estar cubiertas de vegetación. "Esta ciudad se hizo para durar pero, ¿entonces por qué la abandonaron?", se lamentó. "Tanto esfuerzo para nada".

- Nos quedaremos algún tiempo más - decidió Sayëan - Que tu gente busque un asentamiento a dos noches de viaje de aquí - Sayëan siempre intentaba hablar a Brokaar en términos Baakun, así que se refería a la distancia recorrida a pié por un kroot, no un eldar (bastante mayor la del primero por cierto). Eso significaba que en los vehículos de los Ëaressi las ruinas estarían bastante cerca del campamento, pero no lo bastante para ser descubiertos facilmente.

- ¿Nosotros quedar mucho tiempo? - Brokaar y su gente también eran nómadas, incluso antes de conocer a los Ëaress, así que estaban acostumbrados a no tomar cariño a ningún lugar.

- Tal vez, amigo mio. Quiero estudiar estas ruinas - Brokaar hizo una mueca que Sayëan ya se había acostumbrado a identificar como levantar una ceja.

- Baakun rastrear ruinas - Brokaar fingió ofenderse por la insinuación de que su gente habría pasado algo por alto. Aun así, se extrañó del deseo de su patrón.

- Tranquilo amigo mio. Sólo es curiosidad - A pesar de las diferencias culturales Sayëan había aprendido a diferenciar cuando Brokaar estaba ofendido realmente y cuando no. En realidad era algo imprescindible para su relación.

- Sólo ser piedras - A pesar de su camaradería, Brokaar seguía sin comprender algunas de las 'rarezas' de sus patrones. Para él esta y cualquier otra construcción sólo eran posibles escondites para cazador y presa.

- Estas ruinas son parte de nuestra Historia, amigo mio - Sabía que al kroot le costaría comprenderlo, pero aún así trató de explicárselo. - Los Baakun guardan su Historia en los cuentos y leyendas cantados de padres a hijos. A veces, nosotros construimos esto - Sayëan hizo un gesto abarcando los alrededores - también para guardar nuestra Historia.

- ¿Ruinas saber cantar historias? - Brokaar parecía realmente interesado, y también desconcertado.

- No cantan como los Baakun, pero su silencio también puede ser escuchado - Sayëan esperó pacientemente a que el kroot meditase las palabras.

- Presas dejar huellas. Huellas también pequeña historia de Presas - razonó Brokaar - ¿Patrón esperar ruinas ser huellas de rastro de sus Hermanos?

- Si, algo así - Sayëan sonrió satisfecho. El kroot nunca dejaba de sorprenderlo. A pesar de su aparente primitivismo, los kroot demostraban siempre una gran intuición.

- Entonces Baakun esperar Presa con Patrón - Sayëan sabía que en este caso Brokaar no se refería a 'presa' literalmente, sino como un objetivo a alcanzar.

- Si, amigo mio. Esperaremos para poder cazar nuestro Pasado. - Sabía que los Baakun, como la mayoría de los kroot, apenas tenían un concepto de pasado o de futuro más allá de la acumulación de recursos para la supervivencia de la tribu, así que seguramente Brokaar no sería capaz de entender el juego de palabras.

- ¿Pasado saber bien? - Brokaar 'levantó las cejas' de nuevo, algo confuso.

- A veces, amigo mio, a veces - Sayëan soltó una carcajada para sorpresa de Brokaar y la escolta ëaressi y kroot que les acompañaba. Era la primera vez que reía en meses.

Mensajes

El General Fadhir miraba a través de la ventana de sus aposentos, al otro lado de su mesa de trabajo, cuando su secretario, un lugarteniente veterano con años bajo su mando, entró en la sala. Al reconocer los pasos de su ayudante, Fadhir no se volvió, pero al cabo de unos segundos, el silencio de su secretario le hizo volver ligeramente la cabeza.

- ¿Ocurre algo, Jeriah?

- General... un mensaje de vuestro hermano...

- ¿De Aman? - Fadhir miró extrañado a su subordinado

- Si, Señor... ha llegado esta mañana, con un mensajero. Salió de Minas Thianna anoche... - Jeriah dejó la frase en el aire, como si tuviese algo más que decir

- ¿Anoche? - Fadhir entrecerró los ojos, dándose cuenta de que el mensajero debió cabalgar casi hasta la extenuación para llegar tan rápido - Dame el mensaje y ve a buscar al mensajero. Tráelo aquí... y que no hable con nadie más.

Jeriah tendió a su General la pequeña cartera que contenía el mensaje y se retiró en busca del mensajero. Fadhir se sentó a su mesa y sacó la hoja de papel de la cartera, observándola con curiosidad. Después de unos segundos, extendió la mano sin levantar la mirada de la hoja y cogió una pluma.

Al cabo de unos minutos había descifrado la carta, en apariencia una amistosa misiva de su hermano, preguntando por la familia de ambos y otras cosas intrascendentes. El verdadero mensaje oculto en la carta hizo parpadear varias veces a Fadhir, dejándole tan absorto que no se dio cuenta de que su secretario había entrado en la sala, acompañado del mensajero.

- General... - Fadhir levantó la mirada y miró a ambos hombres, de pié ante su mesa. El mensajero hizo una leve reverencia que dejó claro que era cierto que había pasado toda la noche cabalgando. El soldado aún tenía una mueca de dolor cuando volvió a ponerse derecho.

- ¿Alguien más sabe de este mensaje? - Fadhir estaba muy serio, y el soldado dudó antes de responder.

- No... General... Vuestro hermano ordenó que no se informase a nadie más que a vos... - El soldado dudó un momento

- ¿Estás seguro? - Fadhir miró fijamente al soldado, sabiendo que había algo más.

- Otro... otro jinete salió de Minas Thianna, al mismo tiempo que yo, pero tomó otro camino. Ignoro su destino, y lo que portaba.

- Mi hermano, ¿dijo algo más?

- No, General. Sólo que os entregase el mensaje. Intenté hacerlo personalmente, pero... - El soldado miró a Jeriah de reojo y Fadhir se dio cuenta de que su secretario había impedido al mensajero verle personalmente.

- No te preocupes. Jeriah habla con mi voz. Ahora ve a descansar - Fadhir miró a su secretario - Asegúrate de que descansa y no se le molesta. Que no hable con nadie excepto tú, hasta que yo lo reclame. Luego vuelve aquí.

- Como deseéis, General - El soldado debía ser aislado del resto. Eso indicaba que el mensaje era de suma importancia. Jeriah y el soldado se retiraron.

Fadhir examinó el mensaje varias veces cuando se quedó sólo, y lo descifró de nuevo, por si había cometido algún error. Cuando volvió su secretario, el General Fadhir estaba de nuevo mirando por la ventana, con el mensaje en la mano, a su espalda. El secretario no dijo nada. Sabía que su General estaba meditando.

- Alguien ha atacado Taryn, y Sheda ha movilizado dos regimientos de su Guardia de Arena para reforzar sus fronteras - Fadhir usó un tono suave y sin inflexiones.

- General... eso son... más de dos mil hombres - Jeriah estaba asombrado. Eso suponía un veinte por ciento de las fuerzas estimadas de todo el ducado de Thianna - Pero... ¿quién ha atacado Taryn? Nosotros...

- ...no hemos sido, o yo lo sabría. Según mi hermano la guarnición de Taryn ha sido seriamente castigada. Sheda no movilizaría todas esas fuerzas sin una poderosa razón.

- General, no es fácil atacar un bastión de Thianna. ¿Podría ser un truco?

- ¿Movilizar la mitad de sus reservas por un truco? No... Akon es listo, tanto o más que su padre - Fadhir y Jeriah recordaron por un instante la derrota en los Llanos del Escorpión - Alguien ha causado mucho daño en Taryn para preocupar tanto al Primer Soldado.

- Pero, ¿quién? Se necesitan muchos recursos para asaltar uno de sus bastiones. Incluso nosotros tendríamos muchos problemas para reunir esas fuerzas. Las bandas del desierto no han podido ser... ¿los orcos? Tal vez hayan reunido una partida de guerra en las montañas y...

- Esas bestias no tienen mumakil - sentenció Fadhir, y Jeriah no terminó la frase - Sólo Thianna y nosotros usamos mumakil... o eso se supone - Fadhir miró a su asombrado subordinado - Cuando llegue la llamada de Palacio, avísame

- ¿De Palacio...? - Jeriah cayó en la cuenta - El otro mensajero. Vuestro hermano ha avisado también a la Capital

- Por supuesto. Es el Embajador de Umbar. Es su deber - "Por suerte, me ha avisado a mi primero, para que esté preparado", pensó Fadhir - Quiero saber a quién llaman a Palacio. Y avisa a nuestros agentes. Quiero saber qué ha pasado en Taryn. Vamos, deprisa.

- A sus órdenes, General - Jeriah salió de la sala a toda prisa.

Cuando la puerta se cerró, Fadhir miró de nuevo la carta, que ya sabía de memoria, y apretó los dientes: "La Sombra de Kadom ha aparecido de nuevo en Thianna, Hermano, y eso sólo puede significar una cosa...", decía el mensaje en sus últimas líneas.