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Thianna

Reencuentros

"Bueno, al menos algo ya está hecho", piensa Akon después de su reunión con el Embajador de Umbar. Ahora está en sus aposentos, en lo que algunos llaman Sala de Guerra. A Akon no le gusta la 'grandeza' del Salón Principal para trabajar. Sólo lo usa en acontecimientos festivos y en charadas como la del Embajador. Ahora espera la llegada de su hermana y del Jinete mientras observa un mapa de Thianna y los territorios que rodean 'sus tierras'.

Akon supone que el Norte no le ayudará. Pelargir no está muy contento con el poder acumulado por Thianna, y Dol Amroth está abiertamente enfrentado con Akon 'gracias' a los esfuerzos del Barón Kendar. Los demás se mueven en la dirección que les marca el viento en cada momento, y Akon duda que sean vientos favorables para Thianna. Sólo Faramir, encargado de gobernar Ithilien, apoya abiertamente a Akon, principalmente debido a que Ithilien es la frontera que siempre ha separado Gondor de Mordor, su mayor amenaza, y Faramir comprende los temores de Akon.

En el fondo, el problema de todo es la falta de acuerdo entre los nobles. Uno de los inconvenientes de la Paz es que cada cual busca sus propios objetivos. Durante la Guerra del Anillo todos hicieron lo que pudieron dentro de sus posibilidades, ya que la amenaza era para todos. Sin embargo ahora, cada región o feudo intenta beneficiarse todo lo posible, a veces sin tener en cuenta la situación general.

Akon sabe que si Umbar decide atacar Thianna, probablemente no se detendrá ahí. Mientras Gondor se ha ido acomodando en estos 30 años de relativa paz, Umbar ha seguido manteniéndose como el Imperio que ha sido siempre. Y su ambición no ha disminuido. En estos momentos, simplemente ha decidido limitarse a mantener una relación comercial con Gondor, provechosa para todos, para evitar un enfrentamiento directo.

Pero si es cierto que Kadom ha regresado, eso puede cambiar. Kadom fue servidor del Señor Oscuro. Tal vez no un servidor muy importante, pero si uno muy astuto. No fue un esclavo sin mente o un bruto descerebrado. Kadom fue general de Umbar, instruido, educado... Un caballero si no tuviese esas aspiraciones imperialistas.

Kadom apoyó a Sauron al ver una oportunidad de ampliar el área de influencia de Umbar. Confiaba en que después de vencer a Gondor, estaría lo bastante debilitado como para que Umbar pudiese derrocarle después de que el Señor Oscuro se hiciese con el poder. Pero se equivocó. Sauron no se hizo con el poder, y Umbar se quedó peor que en un principio por haberlo apoyado. Para suavizar las cosas, Umbar decidió comerciar con Gondor, cosa que en principio el Rey vio con recelo, pero la economía es la economía, y después de la Guerra del Anillo Gondor necesitaba cuanta ayuda pudiese encontrar.

Kadom no vio este cambio de actitud con buenos ojos. Opinaba que Umbar debería aprovechar la debilidad de Gondor tras la Guerra para acabar lo que Sauron empezó. Los líderes de Umbar se negaron y Kadom decidió continuar sus planes por su cuenta.

El padre de Akon, y él mismo ahora, nunca se fió de la aparentemente amistosa relación comercial con Umbar, por eso creó el ejército de Thianna, sabiendo que Umbar no olvidaría sus deseos de conquistar Gondor. Y ahora que Kadom ha vuelto, Akon está seguro de que más de uno en Umbar empezará a prestar oídos a sus ideas. El ataque a Taryn seguro que ha sido un tanteo para demostrar que Thianna es vulnerable. "Pues se equivoca...", piensa Akon mientras mira en el mapa la posición de sus tropas.

- Mi Señor... vuestra hermana ha llegado

- Gracias Noa, iré enseguida - Akon no puede reprimir una sonrisa. Al menos ocurre algo alegre en estos días. Su hermana, su sobrino y su mejor aliado regresan de un largo viaje.

Akon hecha un último vistazo al mapa y toma nota de las posiciones conocidas de las fuerzas de Umbar. Tendrá que repasarlas por si se le ha escapado algo. Más tranquilo, Akon sale de la Sala de Guerra y camina hacia el Salón Principal en busca de su hermana.

- ¡Ayorel! - Akon camina a grandes zancadas hacia su hermana mientras por un momento desaparecen todas sus preocupaciones respecto a Umbar.

- ¡Akon! - Ayorel camina hacia su hermano con una sonrisa, pero de pronto frunce el ceño imperceptiblemente, aunque procura que los demás no lo noten. Ha visto la ropa de su hermano.

Akon abraza a su hermana pequeña, levantándola en el aire como cuando eran niños.

- Me alegro tanto de verte, hermanita... - Akon habla casi en un susurro, sin soltarla.

- Yo también, Akon... pero ahora bájame - Ayorel sonríe a su hermano, hablando también en susurros. Siempre ha sido la más calmada de los tres

Akon deja a su hermana en el suelo y la contempla con una sonrisa.

- Estás preciosa... - Akon se reprime y decide que los demás abrazos pueden esperar

- Siempre lo está - La grave voz del Jinete resuena en la sala

Akon mira tras su hermana y observa a su aliado y amigo.

- Espero que el viaje te haya sentando bien, viejo amigo - Akon sabe lo mucho que Halad odia los barcos y el frío, así que espera una airada respuesta del Baakun

- Muy gracioso. La próxima vez que quieras enviar algún mensaje a esos estirados del Norte, no cuentes conmigo - Halad refunfuña

- Ejem... - Una discreta y breve tosecilla se oye tras Halad

- Ah, casi lo olvido... Akon, tenemos una visita distinguida...

Akon contempla a la delicada Dama que se asoma entre los guardias, rubia y de piel pálida.

- Alteza... - Akon se acerca a la Dama y educadamente se inclina ante ella

- Por favor, Akon... sabes que no tienes que hacer eso

- Mis respetos, Alteza - Por supuesto que Akon sabe que no tiene que inclinarse ante ella. Desde que ambos se conocieron, cuando ella era una niña y el poco más joven que ahora, supo que la hija menor del Rey estaba prendada de él... algo que le ha causado más de un problema a Akon.

- Mi Padre, el Rey, me ha enviado con sus saludos para comprobar lo que vuestra hermana ha contado a los nobles en Minas Tirith

Akon frunce el ceño. Menudo momento para que la Princesa aparezca en Thianna. "¿Qué diablos se propone el Rey enviándola aquí?". La Princesa nota el fruncimiento de Akon. Ella sabe que no la ama, no como ella quisiera al menos, pero nunca ha dejado de intentar que él cambie su actitud. Hasta ahora, sus obligaciones y, por supuesto, el recuerdo de su prometida han evitado que eso ocurra. En estos años ni siquiera ha conseguido que la llame por su nombre. Siempre 'Alteza', o 'Mi Señora'. Alguna sonrisa a veces... pero nada más. La tristeza embarga el corazón de la joven, pero su orgullo de sangre real evita que se note su desánimo.

- Mi Señora... en estos momentos... - Akon no quiere dar detalles aún a nadie fuera de la Familia o aliados - ...no es un buen momento para visitas

- Lo sé. He visto tus tropas... y tu atuendo - La Princesa lo observa reprimiendo la atracción que siente por él. Su corazón le ama, y su mente además considera otras implicaciones. Unir Thianna con la Casa Real. Eso daría un poder a su Padre que hace mucho que no tiene, perdido a manos de los nobles y sus disputas.

- Mi Señora, si hubiese sabido que veníais... os hubiese recibido de una manera más adecuada - Akon mira de reojo a su hermana, pensando "¿Por qué no me avisaste?". Ayorel comprende la mirada, y no puede reprocharle a su hermano su actitud. En cuanto ha visto sus ropas y los movimientos de tropas ha comprendido que algo grave ocurre, más de lo que pensaba cuando Akon envió los dragones a buscarles a Korias.

- No importa Akon... - El Duque tiene que reprimir su fastidio. Siempre le llama por su nombre. Demasiado familiar. "Sabe que no la amo...", tiene que recordarse, "...y aún así, sigue intentándolo". Akon no puede evitar sentir, como otras veces, pena por la joven.

Ayorel mira a su hermano, sabiendo lo que piensa. Ella también siente pena por la joven, igual que por Hessa, su amiga y cuñada. Espera que algún día su hermano sea capaz de olvidar la pena que soporta y pueda ser feliz junto a alguien... Aunque las cosas siempre parezcan oponerse.

- Hermano, he visto los soldados... ¿has enviado tropas a Taryn? - Ayorel está segura de que los planes de su hermano no son tan sencillos

- A Taryn y a Korias. Y dos galeones a la ruta de Umbar - Akon sabe que eso disgustará a su hermana - También he ordenado preparar refuerzos para Kiatar - Akon 'olvida' deliberadamente mencionar Kalem.

- ¿Galeones? Umbar podría interpretar eso... - Akon sabe exactamente lo que su hermana va a decir, pero se mantiene callado. Ayorel lo comprende y no termina la frase.

- Sé lo que piensas, hermana, pero sabes que no hay otro modo.

- ¿Crees que ha sido 'él'? - Es obvio que Ayorel se refiere a Kadom.

- ¿Quién si no? El Embajador no estaba informado, eso es seguro, aunque de todos modos trataré de confirmarlo por otras fuentes. Dudo que Umbar haya intervenido, aunque es casi seguro de que alguien en la capital estaba informado.

- ¿Qué vas a hacer? - Ayorel sabe que su hermano no se habrá conformado con una demostración de fuerza al enviar los galeones.

- He ordenado movilizar a la Reserva. Enviaré todo lo que pueda al Muro de Arena y he alertado a la Flota. En estos momentos Aryadel estará ya al tanto, así que o bien marchará sobre Umbar... - Akon deja claro con su tono que se trata de una broma - ...o clamará porque le envíe más tropas... un momento... - Akon frunce el ceño - ¡¿Dónde está mi sobrino?!

Probablemente Harond, el hijo de Ayorel y Halad, sea la mayor alegría en la vida de Akon. Para el Duque de Thianna, el pequeño representa lo que podría ser el futuro de su tierra. Los Sheda y los Baakun, unidos.

- Está aquí, Mi Señor - Una hermosa joven de piel de ébano sale de entre la escolta con el pequeño en brazos, dormido. Akon reconoce de inmediato a Hessa, hermana de Halad, y una punzada atraviesa su corazón. Sabe que ella, al igual que la Princesa, le ama. Y en este caso la pena es aún mayor para Akon. Quiere a esa joven como una hermana, pero su corazón tampoco puede corresponderla como ella desea, y Hessa lo sabe y comprende, así que al contrario que la Princesa, hace mucho que aceptó los hechos.

Akon se acerca rápidamente a Hessa y su sobrino, y por un momento se vuelve hacia su hermana, pidiendo permiso, sin palabras, para sostenerlo. Permiso que, por supuesto, recibe con una sonrisa. Con delicadeza, Hessa ofrece a Akon al pequeño, y este lo sostiene con cuidado. Resulta casi cómica la imagen del joven soldado sosteniendo al bebé de apenas un año como si fuese, y para él lo es, el mayor tesoro del mundo.

- Ha crecido tanto... - Akon sonríe al bebé dormido mientras la 'Mirada de Elfo' asoma a sus ojos. Poco a poco, el bebé abre los ojos y sonríe a su tío. Akon le enseña un dedo, que el pequeño agarra con su manita.

- Apenas ha pasado un mes, hermano - Ayorel sonríe

- Aún así, el viaje parece haberle sentado bien

- Si, es un bebé fuerte - Ayorel se acerca para abrazar a su hermano y a su hijo

- Como corresponde a un Baakun - Halad abre la boca casi por primera vez. No ha querido interrumpir, dejando a Akon disfrutar de este momento. Sabe que luego deberán tratar asuntos mucho menos agradables.

- Afortunadamente, ha heredado la belleza de los Sheda - Akon se ríe, no muy fuerte para no asustar al bebé. El Señor de los Baakun también se ríe estruendosamente, pero el bebé conoce perfectamente la risa de su padre y no se inmuta.

- Bueno... creo que Harond tiene que descansar. El viaje ha sido largo... y hay muchas cosas que hacer todavía - Ayorel coge a su hijo de brazos de Akon, lo arrulla durante un momento y se lo da a su tía, que lo arropa de nuevo con cuidado. Akon hace una imperceptible mueca. No es la primera vez que siente algo extraño cuando ve a Hessa coger a su sobrino en brazos. Ayorel lo nota, pero no dice nada al respecto. - Por favor, Hessa, lleva a Harond a casa... nosotros tenemos asuntos que tratar.

- Si, Mi Señora - Hessa, a pesar de ser la mejor amiga de Ayorel, siempre la trata como a su Señora cuando se trata de asuntos oficiales, como bien sabe que se van a tratar.

- Espera - Un ligero brillo aparece en los ojos de Hessa al escuchar a Akon, cosa que hasta la Princesa, para su disgusto, nota - Esos asuntos aún pueden esperar. Debéis descansar. Además, todavía tiene que llegar el enviado de los Ëaressi... y yo debo 'dejarme ver' en la ciudad. La gente está algo intranquila con el movimiento de tropas.

- ¿Estás seguro, Akon? - Ayorel sabe que sí, pero quiere asegurarse de que su hermano tiene todos los cabos bien atados. Siente que algo más preocupa al Duque, pero no dice nada. Ya hablarán más tarde. Además es cierto que debe descansar. El viaje ha sido largo.

- Si, hermana. No te preocupes. Por el momento las cosas están bajo control. Id a descansar.

Akon se despide por el momento de su hermana y los demás, pero al disculparse con la Princesa...

- ¿Puedo acompañarte por la ciudad? Por favor... - Los ojos de la Princesa suplican un 'sí' a Akon. "Al menos concédeme eso..." - Sólo la visité una vez, hace muchos años, ¿recuerdas?

- ...está bien, Alteza - Akon sabe que no hace tantos años. La Princesa apenas ha alcanzado la mayoría de edad y, después de todo, él la sigue considerando una niña. Sin embargo, Akon se recuerda que él no es mucho mayor - Ordenaré que preparen vuestro caballo

- Gracias Akon... - La Princesa ofrece su brazo para que Akon lo tome y la acompañe fuera.

Mientras se alejan, Ayorel frunce el ceño, al igual que Hessa, ambas por razones similares. Halad, Señor de los Baakun no puede evitar refunfuñar. Preferiría que fuese su propia hermana quien fuese del brazo de Akon.

Akon y la Princesa salen al patio, donde la escolta y sus caballos les esperan...

En pié de guerra

Bien, ya es 'oficial'. El ajetreo en los cuarteles ha hecho que la noticia corra como el rayo a través de la ciudad, como si el barrito de los alterados mumakil hubiese dejado alguna duda. Thianna está en guerra, o lo estará, y toda la ciudad lo sabe antes del amanecer.

Akon observa la salida del Primer Regimiento de la Guardia de Arena hacia Taryn. Llegarán en menos de una semana, con suerte, aunque Korias, más cercana, ya habrá enviado para entonces cuanta ayuda haya podido. Eso le recuerda que el Segundo Regimiento irá allí, a Korias, a sustituir a las tropas que se hayan desplazado a Taryn.

La mente del Joven Duque funciona ahora a varios niveles. Un lado, el General, planea los siguientes movimientos: Los galeones que van hacia Umbar, más tropas para Kiatar, reforzar el Muro de Arena... El Duque, por su lado, piensa en las implicaciones políticas de las acciones del General: La reacción de Umbar ante el envío de tropas, la respuesta del Rey a su petición de apoyo, la oposición de los Nobles,...

Por último está... sólo Akon. No deja de pensar en lo 'grande' que le viene todo esto. Apenas tiene 25 años. Las vidas de miles de personas dependen de sus decisiones... y él echa de menos a su padre, y a su madre... y a Yanna. Ha estado sólo desde entonces. Sus hermanas y todos los demás han hecho cuanto han podido, a veces incluso más. Rechazar lo que Hessa siente por él también fue duro. Tal vez alejarse de los demás le facilite las cosas, aunque Akon no nota una gran diferencia. Las decisiones como Duque y General no se han hecho más fáciles.

Al contrario. Es más consciente que nadie de lo que ocurre. Tiene que ver todo desde lejos, con todas sus ramificaciones. Y eso supera al muchacho que hay en él.

Akon suspira. Es hora de dejarse de divagaciones. Akon, sólo Akon, es relegado a un rincón de su mente. Ahora el Duque y el General toman el mando. El Embajador está de camino, y su hermana Ayorel con el Jinete. Sabe que sus noticias no serán buenas. Por enésima vez la Corte se habrá reído de sus argumentos sobre la amenaza que suponen los Saqueadores Negros de Gosel Kadom. El Barón se habrá ocupado de eso, retorciéndolo todo y poniendo en contra suya al resto de nobles.

¿El Rey? ¿Qué va a hacer? Hace años ya estuvo a punto de enfrentarse a una guerra civil a causa de la independencia con la que actúa Thianna. Dion, el padre de Akon, tuvo que ceder en bien de la paz. Pero esta vez la guerra llama a las puertas de Thianna, que también lo son de Gondor. Y los Nobles tendrán que atender la llamada, o asumir las consecuencias. Akon protegerá Thianna con todas sus fuerzas, no sólo por ser la frontera sur de Gondor, si no porque es su hogar, su gente, todo lo que ama.

Akon sacude la cabeza. Otra vez ha vuelto a divagar. Mira el mar, que dentro de poco empezará a iluminarse con la salida del sol. Comprueba sus ropas, un hábito del General antes de la batalla. Esta vez no lleva el 'uniforme' de diario, polainas y blusón. Ni siquiera es uno de esos 'elegantes' trajes que se ha visto obligado a llevar debido al protocolo. No, nada de eso. Thianna está en guerra y él obrará en consecuencia.

La vieja espada de su padre, cuidada como el mayor de los tesoros, envainada y colgada de su cinturón, cota de malla, el emblema de la Casa Sheda en el pecho, guantes, botas gruesas y pesadas... las ropas del Señor de Thianna, del Comandante de la Guardia Ducal (que es lo mismo que decir de todo su Ejército), las ropas de un soldado. Lo que es, antes que Duque, General o Akon. Un soldado de Thianna. El Primer Soldado, como sus hombres llaman al Señor de Thianna en tiempos de guerra. Sólo la capa, negra sobre los ropajes azules y grises, es una concesión. Tener un aire siniestro, ese es su objetivo. Respeto de los suyos, y miedo en el enemigo. Esa es la idea.

Akon deja de mirar la bahía con sus ojos de elfo. De pronto recuerda a Lia, “Sólo Lia...” Se niega a pensar en su padre. Es justo que le conceda eso. Ella ha visto sus ojos, y se ha dado cuenta. Ha visto más allá del respeto o del miedo que inspiran. Quien sabe, tal vez haya visto al verdadero Akon tras todas las capas que lo cubren.

Akon Sheda, Señor de Thianna, camina por los corredores del castillo, de camino al Salón Principal. Noa ha llevado allí al Embajador. Un lugar grande, para que se sienta pequeño. Thianna no tolerará una amenaza contra su pueblo. Los soldados de la Guardia saludan con un ligero movimiento de cabeza cuando pasa ante ellos. No hace falta más. Nada de grandes saludos o gestos. Eso es para los nobles, que gustan de inclinaciones de sus súbditos para recordar lo 'grandes' que son.

No, Thianna es un pueblo de soldados, construido por soldados y sus familias. En estos momentos, toda la ciudad estará enterada ya. En los comercios y casas de la ciudad aparecerá, apoyado en una pared, o colgado de un gancho, el recordatorio de que los hombres de Thianna, y algunas de sus mujeres, son soldados. La gente de Thianna ha aprendido con los años. Todos los soldados tendrán su mochila, su uniforme y su espada a mano, esperando ser movilizados. Seguirán trabajando hasta entonces.

Un viajero de Rohan que visita la ciudad para comprobar si los caballos de Harad son tan impresionantes como dicen y con suerte ver de lejos a ese al que llaman Kareas, "El que no envejece", se detiene en una panadería a comprar algo que desayunar. Lleva unos días en la ciudad, esperando poder comprar algunos buenos caballos para llevar a Rohan y cruzar con los mearas. El hombre, cuyo nombre no importa, estuvo en la batalla del Abismo de Helm, durante la Guerra del Anillo, siendo joven. También fue soldado.

Durante unos segundos mira hacia una esquina, al otro lado del mostrador de la panadería. Ve la espada, colgada del cinto, con la mochila y la guerrera, con el escudo de los Sheda semioculto entre las arrugas. No estaban las dos veces que vino en días anteriores.

El panadero se da cuenta de la mirada del hombre de Rohan, y por un momento se tensa, pero reconoce los rasgos de un Hombre Libre, y se relaja lo suficiente para que el otro hombre no se ponga nervioso. El hombre de Rohan mira al panadero y ve en sus ojos lo que vio hace tanto en Helm: La mirada de alguien que espera la llegada del enemigo. Cuando este tratante de caballos, veterano del Abismo de Helm, regrese a Rohan con los Caballos de las Arenas, los Khasas, como los llaman los Baakun, recordará como buen soldado comentar lo que ha visto con algunos viejos amigos, todos veteranos de Helm. Rohan sabrá que Thianna está en guerra.

¿Y la gente del campo? Lo sabrán al atardecer. Los primeros campesinos ya han llegado a la ciudad al amanecer, a vender sus productos. Y ya se han cruzado con el regimiento que va de camino a Taryn y han visto a sus compañeros preparados para cuando sean llamados a filas. Si, los pueblos y granjas de los alrededores lo sabrán al atardecer. En cuanto al resto, no importa. Un cambio en la luz de la Torre, que además de hacia el mar también ilumina tierra adentro, y todos los puestos de los alrededores lo sabrán. Y ellos avisarán a los que estén más lejanos, y estos a los siguientes... Mañana toda Thianna sabrá que se prepara para la guerra.

Bien. Akon sabe que su pueblo funcionará como lo que es, un ejército bien entrenado. No hay pánico en las calles, ni unas voces más altas que otras. No hay soldados corriendo de un lado a otro dando alarmas, ni haciendo sonar campanas, cuernos o tambores. La calma antes de la tormenta. Las carreras y los gritos llegarán cuando todo ya esté listo, con las espadas desenvainadas y el enemigo mirándote, enfrente de ti.

Akon abre las puertas del Salón Principal. Un toque dramático, pero necesario para llamar la atención del Embajador, sentado desde hace 10 minutos en una silla, frente al vacío sillón del Duque que preside la mesa del Salón. Sus guardias le rodean instintivamente, más para protegerse a sí mismos ("¿Quién osaría atacar al Embajador de Umbar?", piensan) que a su jefe. Y la Guardia Ducal flanqueando las paredes y entradas del Salón. Noa espera junto al sillón del Duque. Ha escogido a los más fuertes y con aspecto más amenazador, sabiendo lo que su Duque se propone.

El Duque observa al Embajador sin decir nada mientras se acerca a su sillón (que casi nunca utiliza). Aman Fadhir no se levanta. No se siente amenazado (al contrario de su escolta). Es un diplomático profesional. Si firmó el Tratado de Kalem en nombre de Umbar, ¿por qué iba a ponerse nervioso por ser traído casi a rastras ante este... aprendiz de Duque? Pero entrecierra ligeramente los ojos cuando ve la indumentaria de Akon. Nada de trajes elegantes o escandalosos. "¡Se prepara para la guerra!". Ese pensamiento atraviesa la mente de Aman como una flecha, y a duras penas oculta su sorpresa. "¿Qué está pasando?".

Akon se sienta con calma en el sillón, desparramando la capa, como una gran ave de presa... como el halcón que preside su estandarte. No habrá rodeos.

- Taryn ha sido atacado, Embajador Fadhir - Akon observa la reacción de Aman, que tras la aparición de Akon en uniforme de batalla ya no está tan tranquilo. "No lo sabía, él no ha sido informado", es la conclusión de Akon.

- Duque... - El Embajador nunca diría 'Mi Señor' o algo así - ...estoy seguro de que se trata...

- ¿...de bandidos? - Akon mira seriamente al Embajador. Ambos saben que no han sido bandidos. El Duque no traería aquí al Embajador de Umbar del modo en que lo ha hecho de ser así. Akon observa de nuevo la reacción del Embajador. "Ya no soy tan joven e inexperto, ¿verdad?". Incluso encuentra divertido el aspecto del Embajador. Cuando le dijo a Noa que lo sacase del burdel en que estuviese metido parece que dio en el clavo.

- Bueno... - Definitivamente ya no está tranquilo - ¿...estáis seguro de que...?

- Unos 500 hombres de Harad... y 2 mumakil - El Embajador sabe que en teoría sólo Thianna y Umbar poseen mumakil - La guarnición de Taryn ha perdido más de la mitad de sus efectivos antes de conseguir rechazarlos. Los mumakil fueron abatidos después de atravesar las puertas. Y parte de la ciudad ha sido destruida por el fuego. La población está huyendo a Korias en busca de refugio.

- Yo... - "No sabes que decir, ¿verdad? No estabas informado", piensa Akon mientras contempla la duda en los ojos del Embajador - ...estoy seguro de que vuestros soldados ya controlan la situación... ¿verdad? - "¿Quieres saber si he perdido el control de una sección del Muro de Arena? ¿Es eso?", se dice Akon

- Si, así es. He enviado un regimiento de la Guardia de Arena a Taryn, y Korias ha mandado refuerzos - "Si, querido Embajador, mi ejército se está moviendo... por eso Noa te ha traído hasta mí por las calles, para que veas al Primer Regimiento salir de la ciudad". El Embajador también 'escucha' el pensamiento de Akon.

- También he enviado dos galeones a proteger el comercio con Umbar - Esa es la apuesta más fuerte. El Embajador sabe que eso quiere decir que los dos galeones van directamente a Umbar - Supongo que comprende que desee que el... incidente de Taryn no afecte a nuestras relaciones comerciales - Una concesión. "No estoy tan enfadado", eso es lo que creerá el Embajador.

- Yo... estoy seguro de que... - La mente del Embajador trabaja a toda prisa. Lo que diga ahora puede fijar la postura de Umbar respecto al incidente - ...de que Vos hacéis lo posible por llevar este asunto del mejor modo posible - "Que viene a ser lo mismo que decir que no sabes que hacer", piensa Akon.

- Por supuesto, Embajador. En breve mi hermana Lady Ayorel y su Esposo - "Ya sé que el Jinete no te cae bien..." - regresarán a Thianna y consultaré con ellos sobre otras iniciativas. Entre tanto, le agradecería que comunicase a Umbar mi deseo de que ambas partes colaboremos para aclarar este asunto - "Más vale a Umbar que no haya ayudado al responsable", quiere decir realmente Akon

- ¿Deseáis algo más, Duque?

- No, nada más. Os mantendré informado. Y espero que Vos me traigáis noticias de Umbar lo antes posible

- Así se hará, Duque

Sin más, Akon hace una seña a la Guardia, que abre las puertas del Salón para que el Embajador y su escolta se vaya. Cuando lo ha hecho, la Guardia sale y Akon se queda a solas con Noa Skolem.

- Umbar no aceptará un ultimátum

- No les he dado un ultimátum

- Pero lo tomarán así. Dos galeones frente a sus costas, soldados de camino a la frontera... Puede que en lenguaje diplomático sea otra cosa, pero no deja de ser un ultimátum.

- Por eso es 'lenguaje diplomático', Noa. Mientras no les amenaces expresamente se perderán en palabrería. ¿Y mi hermana?

- Lady Ayorel y el Jinete están de camino. Dos dragones los traen hacia aquí

- ¿Y el Segundo Regimiento?

- Estará listo por la tarde. Hay problemas con los carros - Que el ejército de Thianna sea competente no quiere decir que esté exento de imprevistos.

- Que esperen. En cuanto haya buques disponibles que embarquen y vayan a Kiatar. Quiero reforzar todo el Muro de Arena

- ¿Y Kalem? - Noa pregunta por la tercera ciudad que forma el Muro de Arena, de hecho por la más importante, al extrañarse de que Akon quiera 'reforzar todo el Muro' y no la haya nombrado

- Por el momento Aryadel tendrá que arreglárselas sola. Cuando pueda enviaré lo que haya. Además, están los Baakun - A Akon no le gusta mentir a su lugarteniente, pero no puede decirle que Lia le ha avisado de que puede haber un ataque sobre Kalem.

- No sabemos cuantos son, en realidad - Noa se da cuenta de que Akon trama algo respecto a Kalem, pero se calla sus sospechas. Si Akon no se lo ha dicho, es que no necesita saberlo... aún.

- Nunca lo hemos sabido. Y dudo que alguna vez lo sepamos. Ni siquiera mi cuñado debe saber cuantos Baakun hay en realidad. Pero es igual. Kalem tendrá que esperar - "Y yo no puedo reforzarlo así por las buenas si es cierto lo que dijo Lia... tengo que preparar una trampa a Kadom" - Además, Kalem sigue siendo nuestro bastión principal después de la capital. Se apañarán por el momento. Bien, Noa, eso es todo. En cuanto llegue mi hermana que venga a verme

- Si, Mi Duque

Ahora Akon se queda solo de nuevo. "Bueno, las cosas ya están en marcha", piensa un poco más relajado. Ahora solo faltan las noticias que traiga su hermana Ayorel de Minas Tirith (aunque ya se imagina cuales son) y preparar Kalem por si lo que dijo Lia es cierto. "Lia...". Akon sigue sin hacerse a la idea de que sea verdaderamente la hija de Kadom, pero algo le dice que es cierto y, para sorprenderse aún más a si mismo, algo también le dice que puede confiar en ella.

Akon tendrá que hablar con el Sargento Mayor sobre ella. Si de veras quiere ser soldado... "Al menos está instruida". Akon hace una mueca al recordar que no se le da demasiado bien el manejo de la espada. "Pero un soldado no solo puede manejar espadas...". A lo mejor se le puede encontrar un trabajo más acorde con sus habilidades.

Mientras medita al respecto, y el General y el Duque hacen lo propio con sus respectivos asuntos, Akon se levanta y sale del Salón. "Es hora de sacar a Kareas del establo...".

Jardín Silencioso

Como casi siempre que necesita estar sólo, Akon ha acabado sentado ante el sauce del Jardín Silencioso, bajo el que descansan (en paz, o al menos eso ha deseado siempre Akon) sus padres y su prometida.

Sentado en el banco de piedra observa la bahía, mientras dos galeones salen lentamente de puerto en dirección a Umbar. Espera no equivocarse. Enviar esos buques es una muestra de poder que el gobierno de Umbar podría interpretar como una amenaza. Pero, ¿qué remedio tiene?

Si Kadom ha decidido dejar de jugar al bandido y atacar Thianna, necesitará que los Haradrim se mantengan, cuando menos, al margen. ¿Y si deciden unirse a Kadom? ¿Y si se equivoca y su agresividad provoca que Umbar y Gondor entren en guerra?

"No", decide Akon. "Esto es entre Thianna y Kadom. Si los nobles y el Rey han decidido que esto sólo es un asunto de 'bandidos', que así sea. Lo arreglaré sólo, y Gondor permanecerá a salvo al otro lado del Anduin".

"Sólo...". Akon sabe que si tiene que enfrentarse sólo a Kadom y a los Haradrim, si es que estos le apoyan, Thianna se enfrentará al mayor conflicto desde la Guerra del Anillo. Su padre sabía que esto podía ocurrir, por eso convirtió el ejército de Thianna en lo que es. Akon controla el ejército más grande de Gondor, y por extensión, prácticamente de toda la Tierra Media. Eso no le ha granjeado muchas amistades, precisamente. Muchos le consideran un aspirante a Tirano, alguien que aspira a tomar el puesto del Rey. Pero se equivocan.

El ejército de Thianna pertenece, en última instancia, a Gondor y a su Rey, y Akon juró, igual que su padre, lealtad al Rey. Si el Rey y sus nobles deciden mantenerse al margen, mejor. Sólo pondrá en peligro Thianna. Más de uno se alegrará...

Pero algo más preocupa a Akon. "Esa muchacha...". Alguien dijo una vez, en realidad muchas veces, que las desgracias nunca vienen solas. "La hija de Kadom...". Por enésima vez Akon trata de hacerse a la idea. Espera no haberse equivocado confiando en ella. Su corazón y su instinto le dicen que puede confiar en Liahnne, pero... ¿Puede permitirse Akon arriesgar a su pueblo por una corazonada?

El Joven Duque ha decidido que si. Ella podría haber huido, o mentirle, pero no lo hizo. Tuvo mucho valor al contarle la verdad. Más de uno la hubiese matado allí mismo. Akon frunce el ceño. Nadie debe saber la verdad. Y debe decirle a Skolem y al Sargento Mayor que no investiguen. Eso pondría en peligro a la muchacha.

Akon se frota los ojos. Tiene que hacer que Lia no tema su mirada. Sus ojos... desentonan tanto con el resto de él. Ojos de elfo en un cuerpo de hombre. "Sayëan...". Akon repite mentalmente su nombre Ëaressi. "...Mirada de Elfo"

"Bien, se acabó el tiempo de compadecerse... tengo una guerra que evitar... o que ganar". Akon se levanta y hace una lista mental de sus siguientes pasos. No puede revocar la orden de enviar tropas a Taryn aunque sepa que Kadom está interesado den Kalem. Es seguro que Kadom tendrá espías en Thianna y se daría cuenta de que sabe algo más de lo que parece. No, no cambiará la orden. El regimiento saldrá para Taryn.

Pero no puede dejar desprotegido Kalem... Avisará a Aryadel, y le enviará ayuda discretamente. Después de todo, Kalem sigue siendo el fortín más grande del ducado después de Thianna. Y los Baakun tienen muchos hombres cerca. Hablará con Halad en cuanto él y Ayorel lleguen desde Korias. Además, Ayorel traerá noticias de la Corte. Para eso la mandó a Minas Tirith con Halad.

Akon sonríe ligeramente cuando recuerda que mandó al Señor de los Baakun con su esposa en misión diplomática. Halad refunfuñó como un camello enfadado ante la idea de viajar al norte. Un habitante del desierto en la Corte. Los nobles le habrán visto como un salvaje y un bárbaro, probablemente. "Y casado con mi hermana...". Muchos lo tomarán como otra de las locuras de los Sheda.

Algo más tranquilo, Akon sale del Jardín Silencioso y se dirige a los cuarteles para supervisar la salida del regimiento. Está a punto de amanecer.

Malas noticias

- Mi Señor...

El tono de la voz de Noa hace que Akon sepa que algo va mal antes de levantar la vista de sus papeles y ver la cara de su lugarteniente. Cuando los ojos de su más fiel soldado se cruzan con los suyos, el Joven Duque deja con cuidado la pluma en el escritorio.

- ¿Qué sucede, Skó? - Akon sabe que nada bueno

Noa Skolem deja un papel ante Akon, sobre su mesa. Está escrito en Lengua de Batalla, el 'idioma' que su padre adaptó para sus tropas a partir de la lengua de los Baakun, y que sólo se utiliza para guardar importantes secretos... y para la Guerra.

Akon lee el papel con cuidado. Sólo los que hayan servido en la Guardia Ducal, y algunos Baakun, saben leerlo. Cuando acaba mira a su lugarteniente y repasa algunas líneas del documento.

- Las cifras... ¿son correctas? - La voz de Akon no denota emoción alguna, una consecuencia de la muerte de sus padres, y que junto a su mirada, única marca visible de su herencia Ëaressi, confirman a Noa que su Duque comprende perfectamente el significado del documento.

- Kassan es un buen oficial. No exageraría.

- Dos Mumakil

- Si. Al parecer derribaron a uno, e hirieron al otro antes de que los atacantes se retiraran. El Embajador no podrá llamarlo 'incursión de bandidos'

- Tráemelo. Tráeme al Embajador - Por un instante la pétrea expresión de Akon se agrieta y deja ver su ira - ¿Qué podemos mandarle a Kassan?

- Podríamos tener un regimiento listo para el amanecer. Otro tal vez a última hora de mañana.

- Quiero ese regimiento en marcha antes de que salga el sol. Y el segundo antes de la tarde. Y moviliza a la reserva - Noa hace una mueca, pero si el Duque lo ordena, se hará - ¿Se sabe algo de mi hermana?

- Lady Ayorel y Lord Halad están en Korias. Saldrán hacia aquí por la mañana...

- Manda dos dragones. Que traigan a Ayorel y al Jinete. Que Korias mande todo lo que pueda a Taryn y se prepare para recibir a los refugiados. Mándales todas las provisiones de las que podamos prescindir. ¿Hay 6 galeones en puerto, no?

Noa asiente y se abstiene de fruncir el ceño. Sabe lo que Akon trama.

- Mi Señor... - El tono de Noa lleva un "¿Estáis seguro?" implícito.

- Que dos zarpen hacia Umbar, y dos escuadras de dragones. Ordena que la Flota se reúna aquí.

- Señor... el Tratado... - Sabe que Umbar puede interpretar eso como una amenaza.

- De eso ya me ocuparé yo, con el Embajador. Manda con el primer regimiento a dos compañías de la Guardia

- ¡Señor! - Noa sabe que el tono no gustará a Akon, pero se impone su deber como Capitán de la Guardia - ...eso supone la mitad de la Guardia... - El tono de Noa se suaviza.

- Para mañana por la noche Thianna estará en pie de Guerra. Habrá muchos soldados para 'protegerme' - El tono de Akon también dice "Ya no soy un niño, puedo cuidarme solo" - Envía un halcón a Aryadel, que esté preparada. No la des detalles, es capaz de ir ella sola a Umbar - Akon conoce el carácter de su hermana mayor. - Ahora saca al Embajador del burdel en que esté metido y tráemelo inmediatamente.

- Mi Señor... - Noa sabe que Akon tiene razón, pero él ya es viejo, y las cosas se mueven muy aprisa.

- Eso es todo, Noa. Retírate - No hay nada más que decir - ...y gracias - "Lo sé, amigo mío, lo sé..."

Amanecer

Aún no ha amanecido. Los centinelas recorren los muros de Taryn, como cada noche y día desde que fue construido el bastión. Aún no se siente el calor procedente de las tierras de Harad, pero la claridad del cielo dice que hoy será un día caluroso. Uno de los centinelas agradece que su turno esté a punto de acabar. Lleva tres meses aquí y aún no se ha acostumbrado a esta guarnición. Frente a él, Harad y el desierto, aunque en esta zona no se note completamente su hostilidad. Tras él, el Poros, que a pesar de refrescar el ambiente no inspira mucha confianza, debido a su origen.

El centinela ‘mira’ mentalmente hacia su izquierda, hacia las montañas donde nace el Poros… y hacia Mordor. Siente un escalofrío al pensarlo. Taryn es el puesto más oriental de Thianna, y por tanto, el más cercano a Mordor. Después de 30 años, pasada la Guerra del Anillo, aún tiene un aura tenebrosa. Y probablemente siempre la tendrá. El centinela suspira, tal vez algo más ruidosamente de lo que debería, pero su compañero de vigilancia, unos metros a su derecha, no parece percatarse. “Al menos Ithilien es nuestra vecina”, piensa. Faramir gobierna allí, por orden del Rey.

Faramir siempre ha apoyado a Thianna. Ambos territorios son fronteras, muros que protegen Gondor de sus enemigos, aunque estos permanezcan tranquilos desde hace décadas. El centinela suspira de nuevo. Sorprendido, su compañero se gira y lo mira. Ambos se miran. Eso ha sonado demasiado fuerte para ser un suspiro. Ambos fruncen el ceño. “¿Qué diablos ha sido eso?”, piensan al unísono.

El sol empieza a surgir por el este cuando los dos se giran para mirar más allá de los muros, al sureste. “¿Qué…?”. El pensamiento no llega a formarse del todo y ambos abren mucho los ojos. La nube de polvo y las siluetas que se mueven en su interior no presagian nada bueno.

- ¡Despierta al Capitán Kassan! – grita el centinela a su compañero mientras sus manos aprietan instintivamente el cuerno con el que dará la alarma.

Regreso a casa

Los Arlequines cumplieron su palabra... a su manera. Sayëan observó el campo de batalla. Aún resonaban disparos esporádicos mientras sus Guardianes eliminaban los últimos focos de resistencia. Su escolta observaba atentamente los alrededores mientras él caminaba con aparente descuido entre los cadáveres y los restos de vehículos. Las torres de los dos Falcon que le acompañaban giraban de un lado a otro en busca de blancos.

Las tropas del Caos habían sido cogidas por sorpresa. No esperaban un asalto desde la Telaraña. En realidad no lo esperaban desde ninguna parte. Sayëan conocía lo suficiente a los Arlequines como para saber que en cuanto sus tropas saliesen de la Telaraña se encontrarían con alguna desagradable sorpresa. Y así fué. Sin embargo, la previsión de Sayëan había convertido el traslado de sus tropas en un asalto contra las tropas de marines traidores.

Aunque mucho habían tenido que ver sus aliados, sin embargo. A su lado caminaba el líder de los Baakun. Tras varios años de alianza el veterano kroot había aprendido a respetar los silencios pensativos de su patrón. La escaramuza guerrillera de Brokaar se había convertido en una batalla en toda regla cuando los transportes de los Ëaressi rompieron la Telaraña, irrumpiendo en medio del combate entre kroot y la avanzadilla del Caos. Ambas fuerzas, combinadas, exterminaron en pocas horas el destacamento renegado.

Varios Falcon zumbaron por encima de la selva, atrayendo la atención del grupo. Sayëan levantó la cabeza y recordó que sus naves aún no habían llegado. El Vidente Arlequín dijo que se reunirían con él cuando llegase el momento. Apretó los labios, reprimiendo su disgusto por las manipulaciones de los Arlequines, y la visión que presidía el cielo, como fondo de las patrullas Ëaressi que ahora sobrevolaban la zona controlada por sus tropas, no hizo sino aumentar su desasosiego. El Ojo del Terror ocupaba todo el firmamento.

Consejo

- ¡Silencio! - La voz del Kano Ëaressi se impuso sobre la de sus subordinados. No le gustaba levantar la voz ante ellos, pero la discusión se había acalorado más de lo necesario. Como para reafirmar la exclamación de su patrón, Brokaar gruñó ligeramente tras Sayëan.

Varios de los exarcas del Consejo miraron con recelo tras su comandante, donde el kroot permanecía de pié escuchando las discusiones de sus aliados con cierta condescendencia. Sayëan retomó la palabra para encauzar de nuevo el debate.

- Está claro que los Arlequines nos trajeron aquí por alguna razón. Que no alcancemos aún a verla no implica que sea un capricho sin sentido.

- Pero Kano, en cuanto llegamos desaparecieron. Ni siquiera se quedaron a ayudar en la lucha - El capitán de Purificadores sacudió la cabeza con disgusto una vez más en aquella noche. Había perdido algunos guerreros durante el asalto inicial, y la espantada de los Arlequines le había disgustado mucho.

- No los necesitábamos. Un puñado de renegados monkeigh no son rivales para nuestros soldados - Gruñó el capitán de los Escorpiones, tan agresivo como siempre.

- He dicho que ya basta - Sayëan no necesitó levantar la voz esta vez para hacer silencio - El destacamento de marines traidores estaba aquí por alguna razón, y los Arlequines nos trajeron aquí por ello. Si hubiesen dudado de nuestra capacidad para hacerles frente se hubiesen quedado. Ahora debemos averiguar esa razón, no discutir sobre si debieron o no quedarse.

- Un mundo deshabitado, con un pequeño destacamento de las Legiones Traidoras. El Saqueador no enviaría un grupo tan reducido si no quisiera mantener en secreto su presencia aquí - Los miembros del Consejo asintieron ante el comentario del viejo Guardián Veterano, que había permanecido en silencio hasta ahora - Es posible que tuviese algo que ver con la misión de nuestro viejo Brokaar.

Sayëan miró por encima de su hombro para observar la reacción del Kroot. Como esperaba, no hubo tal reacción.

- Brokaar fué enviado aquí en busca de nuestros Hermanos, y de un posible nuevo asentamiento...

- ¡Pero no ha encontrado nada especial! - Sayëan miró fijamente al capitán Escorpión, disgustado por sus contínuas salidas de tono.

- Pero debería. Sabíamos que en este mundo hubo un asentamiento Exodita. Sin embargo no encontramos rastro de él - El Guardián Veterano acalló la protesta de su impetuoso colega para evitar que el Kano tuviese que reprenderle de nuevo. Sayëan asintió levemente al Veterano, dándole las gracias.

- Es obvio que alguien ocultó el rastro del asentamiento - Sayëan habló sin dejar de observar por el rabillo del ojo al kroot - Y lo hizo francamente bien.

- Pero eso no explica la presencia de las tropas del Caos. ¿Por qué iban ellos a buscar Exoditas? - Razonó el Purificador.

- Ambos hechos han de estar relacionados forzosamente. Nosotros buscamos un asentamiento de nuestros Hermanos Perdidos en un mundo en el que el Caos tiene una avanzadilla secreta. No existen casualidades, y menos tan cerca del Ojo de Terror - Sentenció el Kano, volviéndose hacia Brokaar - Haz que tus partidas de caza amplíen su radio de exploración. Nos quedaremos aquí durante un tiempo.

Sin decir una palabra, el kroot rodeó la mesa caminando hacia la salida, pasando tras los miembros del Consejo. Algunos se revolvieron nerviosos en sus sillas. Todos habían visto alguna vez lo que Brokaar y su gente hacía a los enemigos, y los silencios del kroot siempre eran motivo de nerviosismo.

- Ahora que estamos aquí deberíamos buscar nosotros mismos - Protestó el Escorpión.

- Los Baakun son nuestros mejores exploradores. Si no han encontrado nada hasta ahora, es que nada ahí aquí, así que ampliaremos la búsqueda - Sayëan zanjó cualquier posible réplica - Ahora debemos alejarnos de esta zona. Tal vez el Saqueador se pregunte qué ha pasado con sus guerreros. Preparen todo para trasladarnos a las montañas.

El Kano se levantó de su silla, dando por concluida la reunión del Consejo, para disgusto de algunos de sus miembros, pero no se oyó protesta alguna. Caminó lentamente fuera de la tienda, seguido por su escolta, a la que despidió con un gesto.

- No te ofendas, viejo amigo. Ya sé que has hecho cuanto has podido - Sayëan susurró a las sombras que rodeaban el campamento.

- Si Baakun no encontrar Hermanos de Patrón, Hermanos de Patrón no estar aquí. No ser culpa de Baakun - A Sayëan siempre le resultaba extraño escuchar la voz de Brokaar. Nunca se acostumbraba a la especie de chillido susurrante del kroot.

- Lo sé, lo sé. Pero han de estar en alguna parte. Debe quedar algún rastro - Al Baakun no le gustaban las alusiones a un posible fallo en sus habilidades - Tal vez nos equivocamos con la zona.

- Historias del Patrón decir que estar aquí, y aquí buscar. ¿Historias del Patrón equivocadas?

- Tal vez, viejo amigo. Ha pasado mucho tiempo. Las leyendas a veces son demasiado vagas y ambiguas... - El kroot gruñó entre dientes. Algunas palabras se le escapaban - ...quiero decir... las leyendas a veces cambian con el tiempo y la gente que las cuenta. Al final no son exactamente como fueron contadas por primera vez - Sayëan sonrió a medias cuando vió que el kroot comprendía.

- Baakun buscar más lejos - Dijo por fín Brokaar tras pensárselo un rato - Si Hermanos de Patrón estar aquí, Baakun encontrar - Brokaar hizo una mueca, supuestamente una sonrisa (si es que los kroot podían sonreir), satisfecho.

- Gracias viejo amigo.

Iniciando un viaje

Sayëan observaba como sus transportes entraban en la Telaraña, precedidos por los vehículos de los Arlequines que les hacían de guía. Los seguidores del Dios Que Ríe dejaron claro que no permitirían que se hiciesen nuevos túneles, y se empeñaron en usar un camino ya conocido... por ellos.

Al Kano Ëaressi no le gustaba enviar a su gente sin conocer su lugar de destino, pero había aprendido (o no había tenido otro remedio) a confiar en los Arlequines. Al fin y al cabo también eran Eldar. Tampoco le gustaba tener que enviar la mayor parte de sus tropas, dejando el equipo pesado para ser transportado por sus naves, ya que no podría ser transportado a través de la delicada Telaraña.

- Kano, los últimos transportes han salido – dijo uno de los exarcas de su consejo de guerra, interrumpiendo sus pensamientos – Sólo queda vuestra escolta, y la Flota a la espera de órdenes.

- La Flota debe esperar a la señal de los Arlequines – A su subordinado eso le gustaba tan poco como a él – Vámonos.

El Kano Ëaressi se dejó guiar por su exarca hasta su trasporte personal, rodeado de varias naves de escolta y dos motos de los Arlequines, que les guiarían junto al resto del convoy. Echó una última mirada a la superficie del planeta. Llevaban dos años instalados aquí, y el lugar había acabado por gustarle. Siempre era una lástima abandonar un lugar tranquilo, pero estaba acostumbrado. Rara vez permanecían más que unos meses en un lugar.

La puerta del transporte se cerró a su espalda con un siseo, presurizando la cabina, y mientras se sentaba en su lugar sintió la suave vibración del campo que se activó para rodear el vehículo, permitiéndole atravesar la Telaraña como si de agua se tratase. Cuando el vehículo se adentró en el portal, nada más quedó en la superficie. Segundos más tarde el propio portal se consumiría, sellándose gracias al campo del vehículo, devolviendo ese mundo al silencio al que pertenecía cuando los Ëaressi llegaron a él.