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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2004.
07/12/2004
Sayëan conocía aquel símbolo. Recordaba su descripción de algún viejo cuento, pero siempre lo había considerado eso, un cuento. Pero de algún modo ese 'cuento' había llegado a este mundo Exodita. Considerando que según todos los indicios este mundo había permanecido aislado durante siglos el hecho era, como mínimo, desconcertante.
Ahora estaba solo en el templo. Había enviado a Brokaar a explorar una zona de las montañas, al norte, esperando encontrar más indicios sobre los desaparecidos habitantes del asentamiento. Mientras tanto Sayëan continuaba examinando las ruinas en busca de otras pistas. De todos modos, la presencia del kroot no habría servido de mucho. Su aliado apenas conocía la historia de los Eldar, así que era dudoso que pudiese aportar gran cosa sobre el misterio que ahora intrigaba a Sayëan.
Aquello no era posible, pero allí estaba. Siguió con los dedos la media luna, como para asegurarse de que era real y no lo estaba imaginando. Sintió un escalofrío cuando rozó la fría roca. "Sólo es un viejo cuento para asustar a los niños", se dijo. Aun así, a juzgar por los grabados de los muros, los Exoditas que habitaron este asentamiento se lo tomaron muy en serio.
De pronto, Sayëan se sintió observado, como si algo hubiese despertado de pronto dentro del Templo. Con cautela miró a su alrededor. Su gente había registrado palmo a palmo las ruinas sin encontrar nada, y custodiaban férreamente los alrededores para evitar que nada se acercase sin ser detectado. Pero la presencia persistía. Algo o alguien había despertado entre esos muros, y ahora acechaba al Señor de los Ëaressi.
Sin embargo, no se sentía amenazado. Fuera lo que fuese, la presencia se limitaba a observarle con curiosidad. Sayëan podía sentir una 'mirada' clavándose en él, inquisitiva, pero tan desconcertada como él, puede que más. Lentamente caminó hasta el centro de la sala, dejándose ver pero manteniéndose en guardia. El misterioso observador parecía tener más miedo de Sayëan que él de la presencia.
09/12/2004
La presencia continuaba observándole, dando vueltas a su alrededor. Sayëan sentía algo familiar en ella, una extraña sensación de dejá vu. Paciéntemente dejó que la presencia venciese su timidez, y sintió que esta se acercaba poco a poco, oculta entre las sombras. El aire se enfrió cada vez más, y el aliento de Sayëan empezó a condensarse al salir de su boca.
Las sombras parecieron moverse. Un girón de niebla gris se separó de ellas y se movió libremente a pocos metros, dudando. Sayëan ladeó la cabeza con curiosidad, mirando la etérea figura. Esta también le miró, o al menos eso le pareció a Sayëan. La presencia no tenía rostro ni cuerpo, y sólo parecía formada por una ligera nube de polvo gris que se mantenía inmóvil a un metro de altura. Sayëan dió un paso hacia la presencia, y esta se revolvió intranquila, retirándose unos metros.
- No voy a hacerte daño - Sayëan casi se sorprendió de haber dicho eso.
La presencia pareció entender, porque avanzó unos metros, quedando a unos pasos de Sayëan. Este pudo escuchar un leve murmullo procedente de la presencia. Dió otro paso, pero esta vez la presencia no se retiró. El murmullo aumentó poco a poco, y pasó de un susurro a lo que parecía una lejana discusión. La presencia se movió adelante y atrás varias veces, como si no se decidiese a acercarse.
Sayëan extendió el brazo lentamente, hasta que la punta de sus dedos rozaron la nubecilla. Sintió frio, y la presencia se estremeció al contacto. Inmediantemente los murmullos cesaron y la nube quedó inmóvil, como congelada en un campo de estasis.
De pronto una especie de rugido surgió de la informe presencia y se abalanzó sobre Sayëan. Este apenas pudo reaccionar, y sólo fue capaz de sentir como el gélido contacto de la presencia lo atravesaba mientras el atronador rugido se convertía en un poderoso grito que inundó la sala. Sayëan cayó inconsciente antes de darse cuenta que era su propia voz la que gritaba.
13/12/2004
- ¿Kano? ¿Os encontráis bien? - El rostro del sanador mostraba una gran preocupación.
- ¿Qué... qué ha pasado? - Sayëan miró a su alrededor, reconociendo la sala médica de una de sus naves - ¿Por qué me habéis traido a la Flota? - Su mal humor asustó al sanador.
- Kano... yo... - El sanador miró hacia la puerta, como si esperase la llegada de alguien.
- ¡Habla! - Sayëan se apoyó fatigosamente en el codo, sobre la cama. Su cuerpo estaba adormilado y se negaba a obedecer correctamente.
- Kano, tranquilizaos - Sayëan se giró brúscamente, mirando a su espalda. Durante un instante la oscura figura de la Ejecutora hizo que se asustase - Os trajeron aquí cuando no lograron despertaros. Esto es más seguro, y las instalaciones médicas son más avanzadas - La voz de la Ejecutora sonaba monótona y carente de emociones a través de su máscara, pero aún así Sayëan notó cierto tono de preocupación mezclado con alivio.
La puerta de la sala se abrió para dejar paso al veterano Capitán de Guardianes, que entró en tropel. Durante un instante Sayëan pudo ver a través de la puerta a otra Ejecutora que vigilaba la entrada. Empezó a comprender.
- ¡Sayëan! ¡Khaine sea loado! ¡Empezaba a pensar que no despertarías! - El viejo mentor de Sayëan usó un tono alegre y despreocupado para restar importancia al comentario, pero era obvio que se sentía muy aliviado de que su pupilo hubiese despertado.
- Seguro que ya estabas pensando en un sustituto... - Sayëan forzó una sonrisa para seguir con el chiste, aunque seguramente estuviese en lo cierto.
- Bueno, no sería difícil encontrar a alguien - mintió el viejo Capitán. La elección del Primer Guardián nunca era tarea fácil - ¿Cómo te encuentras? - El Capitán dejó que un atisbo de preocupación asomase a sus ojos.
- Estoy bien, Viejo - Sayëan intentó incorporarse. El sanador trató de impedírselo y miró al Capitán como esperando órdenes - ...aunque algo agarrotado. ¿Cuánto tiempo he estado... inconsciente? - Vió como el Capitán asentía al sanador y este le ayudaba a sentarse en la cama.
- 3 días, Kano - El sanador respondió mientras se concentraba en los monitores que controlaban las constantes de su Comandante - ...todo parece en orden - El tono indicaba que hasta hace bien poco no todo estaba en orden.
- Bien. Déjanos sólos. El Kano y yo debemos hablar - El sanador echó una última ojeada al monitor y se fue, obediente. Con un gesto, el Capitán también hizo marchar a la Ejecutora, aunque sabía que no se iría muy lejos.
- ¿Qué ha pasado? - Sayëan se alcanzó un vaso y una jarra de agua que había junto a la cama.
- Dímelo tú. Cuando te encontramos estabas inconsciente y helado, como muerto. Los sanadores apenas lograron encontrar tus constantes vitales. ¿Qué pasó allí dentro?
Sayëan miró a su viejo mentor, y este comprendió que la explicación no sería sencilla. Decidió dejar que Sayëan se lo callase, por el momento. Ya se lo explicaría en su momento.
- Registramos el Templo, pero no encontramos nada extraño. Las Ejecutoras estaban muy alteradas.
- No les gusta no encontrar algo que golpear - ironizó Sayëan. Conocía el celo con que las Ejecutoras llevaban a cabo su trabajo. Y de paso dió a entender a su Capitán que no le extrañaba que las Ejecutoras no encontrasen nada, lo cual no contribuyó precisamente a tranquilizar al Viejo Guardián.
- Se preocupan por tu seguridad.
- Sé cuidarme... - El Viejo levantó una ceja, y Sayëan se dió cuenta de que esta vez eso no era del todo exacto - ...bueno, puede que esta vez... - sacudió la cabeza, para despejarse. ¿Habría sido un sueño? Lentamente puso los pies en el cálido suelo (los sanadores se cuidaban de esos detalles) y empezó a levantarse.
- Deberías descansar - dijo con tono paternal.
- Estoy bien - Sayëan vio cierto excepticismo en la mirada de su mentor - Lo ha dicho el sanador - dijo como para justificarse. Resultaba curioso ver como el líder de los Ëaressi parecía pedir permiso a un subordinado para levantarse de la cama. Si no hubiesen estado solos ninguno de los dos hubiese usado un tono tan familiar.
- Está bien. La verdad es que hay mucho que hacer - Sayëan leyó "Problemas".
- ¿El Escorpión? - El tono ya no era tan familiar.
- Y los Videntes. Cada cual por sus razones, ya los conoces - El impulsivo Capitán de Escorpiones no era demasiado reflexivo en los momentos de crisis, y los Videntes... Sayëan hizo una mueca que su mentor entendió al instante.
- Sospechan de alguna... 'influencia', ¿verdad?
- El Escorpión está muy disgustado. Que su gente vigilase cuando te... bueno, no le deja en muy buen lugar. Ni que decir tiene que a las Ejecutoras tampoco les ha hecho gracia. Ahora no dejan que ningún escorpión se acerque, acusándoles de incompetencia para protegerte - Ladeó la cabeza señalando a la puerta. Las Ejecutoras estaban vigilando al otro lado.
Sayëan hizo un ademán con la mano, desestimando el tema. Odiaba las luchas internas entre sus subordinados. Además, le preocupaba más el tema de los Videntes.
- Los Videntes... ¿tienen alguna teoría? - El Viejo sabía que se refería al incidente del Templo, y que esto preocupaba mucho a su pupilo.
- Aún no se han puesto de acuerdo, por suerte, pero tienen varias ocurrencias, algunas... - Sayëan sabía a dónde quería llegar.
- No fue desde la Disformidad. Era... otra cosa - Sayëan miró fijamente al Viejo, y este asintió, aceptando la palabra de su Comandante - No estoy seguro de qué era, pero no era una amenaza - El Viejo sabía que había algo más, pero no preguntó.
Sayëan empezó a vestirse, espabilando poco a poco y recuperando la compostura propia de su cargo. El Viejo Capitán no dijo nada mientras su Comandante terminaba de colocarse la armadura. Sus armas no estaban, y Sayëan miró con el ceño fruncido al Viejo.
- Las Ejecutoras las guardan. No querían que hubiese nada en la habitación que alguien pudiese usar como arma - Sayëan levantó una ceja. En un hospital había multitud de cosas potencialmente mortales - Al menos nada obvio - Ambos sonrieron mientras Sayëan se dirigía a la puerta. Antes de abrirla se puso serio.
- Traed mis armas - dijo con tono autoritario a las Ejecutoras que vigilaban su habitación. Inmediatamente una de ellas hizo un gesto, que Sayëan interpretó, correctamente, como una conversación a través de la radio incorporada a su casco. El Viejo salió también de la habitación.
- ¿Y bien? ¿Ahora qué? - preguntó el Viejo Capitán mientras dos Ejecutoras más aparecían con las armas de Sayëan.
El Kano meditó la respuesta mientras se colocaba las armas. Cogió su casco, que una Ejecutora sostenía, y miró a su subordinado durante un momento. Parecía no estar seguro de que lo que iba a decir gustase al Viejo Capitán.
- Vamos a buscar a un humano - dijo con resolución. Hasta las Ejecutoras salieron de su aparente indiferencia y miraron sorprendidas a su Comandante. La jefa de la escuadra se alegraría más tarde de que la máscara ocultase su expresión.
15/12/2004
M'Yen observaba el espacio circundante desde la portilla principal. Estaba de pie, con su llamativa túnica azul y verde destacando sobre el fondo oscuro del espacio. A sus pies empezaba a verse la curvatura del desértico planeta al que se dirigían.
- Bonito lugar, ¿verdad Shas'El? - dijo sin volverse.
- No parece especialmente atractivo, Honorable Por'El - contestó a sus espaldas una voz con tono seco y... "Aburrido", pensó M'Yen. Como de costumbre su agregado militar no lo sorprendía. Se había acostumbrado ya al monótono y serio Yen, como él lo llamaba para sus adentros. Sonrió al preguntarse qué pensaría el comandante si se enterase que le llamaba con el antónimo de su propio nombre. "Bueno, él me llama Por'Fio, aunque no sepa que lo sé".
- Vamos, vamos, amigo mío. Nunca se sabe qué puede depararnos un nuevo mundo. Tal vez encontremos interesantes sorpresas - M'Yen sabía que el comandante odiaba las sorpresas, aunque irónicamente en combate se adaptase magistralmente a ellas. En la vida social era otro cantar.
- Entrando en órbita de vigilancia - Susurró mecánicamente el Piloto, que grácilmente manejaba los controles de la nave como si de una danza se tratase.
- Gracias Kais - Al Piloto si podía llamarlo por su nombre común. Llevaban mucho tiempo viajando juntos - ¿Qué puedes decirnos de...? - consultó el lector que tenía en la mano - ¿...por qué siempre les ponemos estos códigos tan complicados a los nuevos planetas? ¿Es que no podemos ponerles un nombre normal? - M'Yen fingió disgusto.
Sabía que nadie respondería a su por otro lado retórica pregunta. Su enésimo intento de hacer un chiste que 'despertase' a su agregado militar había fallado, como siempre. Después de seis meses de viaje seguía siendo el mismo duro e inexpresivo trozo de roca.
- Bien, que sus tropas se preparen, Shas'El. Vamos a descender... - M'Yen se volvió para mirar al comandante - ...porque supongo que no me dejará bajar solo, ¿verdad? - Fingió ansiedad, como un niño que espera un regalo sorpresa.
- Por supuesto que no, Honorable Por'El. Prepararé mis tropas - "Al menos siempre es sincero", suspiró resignado M'Yen mientras volvía a mirar por el ventanal. El Shas'El giró sobre sus talones y salió del puente para dirigirse a la zona de tropas. En cuanto la puerta se cerró M'Yen pudo oir la suave risita del Piloto.
- No te rías de nuestro protector, Kais, sólo hace su trabajo... - el tono era obviamente burlón.
- Como tú, M'Yen... como tú - contestó el Piloto sin apartar los ojos de los controles de la nave, y el Crucero Kor Run'Al empezó a maniobrar obedientemente mientras sus dedos le ordenaban colocarse sobre el planeta.
17/12/2004
La fragata Ëaressi salió de la Telaraña a la negrura del espacio en los límites del sistema y maniobró hasta ocultarse tras una desolada luna. Tras asegurarse de que no había sido detectada envió la señal convenida y esperó.
- ¿Kano? - El oficial de comunicaciones llamó a su comandante - El Regos está contestando.
- Es puntual, como siempre - pensó Sayëan en voz alta - Envíale mis saludos y pídele sus coordenadas.
Treinta minutos más tarde.
- Kano, ahí está... - El capitán de la fragata señaló un punto entre las estrellas. Una sombra en movimiento tapando las estrellas advertía que algo se desplazaba lentamente hacia la fragata. Algo enorme.
Sayëan ya lo conocía, pero no dejaba de sorprenderle. Las construcciones Eldar, y por extensión las Ëaressi (aunque fuesen más funcionales), eran gráciles y delicadas, aunque ocultasen una resistencia mayor de la aparente. Pero aquello era distinto.
La descomunal mole del Regos iba llenando poco a poco la portilla principal del puente de la fragata. Sus siniestras líneas disgustaban a la mayoría de los Eldar, pero Sayëan sentía cierto interés, que algunos consideraban morboso, por las construcciones humanas. Las grandes estructuras góticas de sus naves, similares a catedrales, le fascinaban.
- Kano, el Regos se está colocando en posición - Sayëan vio como una enorme compuerta se abría en un lateral del mercante.
- Bien. Pide permiso al Regos para abordarlo - Sabía que no era necesario. La enorme boca de la bodega ya les esperaba.
- El Regos da su permiso.
- Entonces entremos - Sayëan señaló con la cabeza hacia la abertura.
El piloto manipuló los controles. Las velas solares de la fragata se plegaron, ocultándose en sus compartimentos dentro del casco. Lentamente la fragata fue desplazándose lateralmente hasta entrar en el interior de la gigantesca nave. Sayëan oyó como el tren de aterrizaje de la fragata se desplegaba. Un seco golpe anunció que acababan de tocar el suelo del mercante.
- Todo parado, Kano. La puerta de la bodega ya se está cerrando. Detectamos presurización del compartimento. Todo en orden.
- Bien. Voy a desembarcar. Solo - Inmediantemente escuchó un ligero murmullo a su espalda y giró levemente la cabeza. El murmullo cesó en cuanto miró a la Ejecutora - Tú vendrás conmigo - dijo con un leve tono de disgusto, sabiendo que nada de lo que dijese evitaría que le acompañase de todos modos.
Minutos más tarde, una compuerta en el lateral de la fragata se abrió mientras una rampa en forma de puente se extendía desde la bodega hasta detenerse a unos centímetros del casco de la nave Eldar. La diferencia de temperatura entre el interior de la bodega y el de la fragata provocó una ligera brisa, que arrastró el aliento helado de Sayëan. El aire de la bodega aún conservaba parte del frío del vacio del espacio.
Un hombre esperaba frente a la compuerta, sobre la rampa. Su sobria y gris indumentaria hacía juego con la cavernosa penumbra de la bodega, solamente rota por pequeños focos a lo largo de la rampa, y con los dos hombres de uniforme que le acompañaban, ambos armados con sendos rifles láser colgados del brazo. Al verse mutuamente, la Ejecutora y los guardaespaldas se tensaron. Sayëan hizo un gesto de calma a su guardiana, que hizo que todos se relajaran visiblemente, aunque sin perderse de vista.
- Bienvenido de nuevo al Regos, Sayëan de los Ëaressi. Es un placer volver a verte - dijo amistosamente el hombre mientras tendía su mano hacia Sayëan.
- Saludos, Seamus - Sayëan estrechó la mano con el humano, y ambos se dieron un fuerte apretón - Ha pasado mucho tiempo.
20/12/2004
Sayëan había aceptado la copa por cortesía, como siempre. Y como siempre, no la había probado, quedándose con ella en la mano mientras conversaban. La sala estaba suntuosamente amueblada y decorada. Obras de arte, sin duda tremendamente valiosas, cubrían dos de las paredes de la sala. Los otros dos estaban cubiertos de altas estanterías, que llegaban hasta el techo, formando dos niveles. En el superior, un servidor ordenaba viejos volúmenes sin interesarse por lo que ocurría a su alrededor. La Ejecutora, de pie junto a la puerta, lo vigilaba atentamente. No había ninguno de los guardias vessoritas de Seamus en la sala. Sayëan miraba con curiosidad algunas de las obras de arte mientras su interlocutor narraba algunos de sus últimos viajes por Ultima Segmentum.
- No son enemigos del Imperio, al menos no en el sentido de los orkos o el Caos - Sayëan giró levemente la cabeza hacia Seamus al escuchar la palabra 'Caos' - Son buenos comerciantes, y ya me gustaría que muchos humanos hiciesen gala de su educación.
- ¿Y qué opinaría vuestra Ordo Xenos si te escuchase decir eso, Seamus? - preguntó Sayëan con ironía mientras volvía a observar los detalles de una bella escultura talassana. A veces admiraba el sentido estético de los humanos.
- Supongo... - Seamus ya sabía por dónde iban los tiros, pero fingió que meditaba profundamente la respuesta - ...que lo mismo que si se enterasen de nuestras reuniones. - Seamus esbozó una burlona sonrisa.
- A veces me pregunto por qué nos ayudas - esta vez el tono era más serio.
- Incluso los comerciantes tenemos honor, amigo mío.
- Pero tu Imperio nos califica de Enemigos - Sayëan pasó su atención a la siguiente pieza: Un cuadro conservado en un campo de estasis.
- No sois todos iguales - Instintivamente Seamus se pasó la mano por el cuello, cubierto por un pañuelo de seda de Gudrun - Yo decido quien es mi enemigo y quien no lo es.
- Ojalá más pensasen como tú - Los trazos del cuadro, casi infantiles a los ojos de Sayëan, tenían una fuerza visual desconcertante.
- Mmmmm... ya sabes que siempre he sido un bicho raro.
- Ambos lo somos entre los nuestros - El cuadro tenía algo extraño. Sayëan se preguntó cómo sería el humano que lo pintó.
- Girasoles.
- ¿Qué? - Sayëan miró a Seamus con extrañeza. La Ejecutora se tensó.
- Esas flores. Se llamaban girasoles. Ya no existen.
- Una lástima - realmente había cierto tono de tristeza en la voz de Sayëan.
- Pero no has venido a admirar mis obras de arte, ¿verdad? - Sin embargo, Seamus sabía que Sayëan siempre se daba cuenta cuando, como ahora, había una nueva pieza en su colección.
- Necesito tu ayuda - dijo Sayëan sin dejar de observar el cuadro.
- ¿Y qué puede hacer por ti este humilde miembro del Gremio de Navegantes?
- Seamus Fansworth, no creo que 'humilde' sea un adjetivo que te describa adecuadamente - Sayëan abarcó la sala con un gesto de su mano.
- Bueno, no creo que el hecho de que posea una flota de mercantes y una considerable fortuna implique que no pueda ser humilde - ironizó Seamus.
- Y muy modesto - Ambos rieron.
- Necesito transporte al interior del Imperio - Ambos dejaron de reir.
- Tus naves... - Seamus levantó una ceja.
- No pueden llegar a donde quiero ir - Ambos se miraron - No puedo usar la Telaraña - dijo respondiendo a la pregunta que Seamus no hizo.
- ¿Y a dónde quieres ir? - Seamus estaba intrigado. Sabía que la Telaraña era el principal medio de tránsito de la gente de Sayëan. Vio que Sayëan dudaba un momento.
- ...a Cadia - La copa de Seamus tembló ligeramente en su mano durante un instante.
21/12/2004
Era la segunda vez que Seamus veía tantos Eldar juntos. Y la primera no le traía buenos recuerdos. No pudo reprimir un ligero temblor cuando empezó a sentir ese viejo hormigueo en el cuello. Esta vez fue descendiendo por su espalda, sin detenerse, y tuvo que recurrir al pequeño inyector de su muñeca para acallar los temblores. El sargento vessorita que le acompañaba ya estaba acostumbrado a ellos, pero se tensó cuando se dio cuenta de que esta vez eran más violentos.
- ¿Se encuentra bien Señor? - Era curioso ver al rudo hombretón preocupándose de ese modo.
- No es nada. Sólo una corriente de aire - Seamus dejó que el calmante se extendiese por su circulación, adormeciendo sus nervios.
- Siento todo esto, Seamus - El sargento se giró como el rayo, echando mano de su rifle láser recortado. Se sorprendió cuando vio al alto comandante de los Eldar y maldijo por lo bajo su sigilo.
- Tranquilo Jarr. Déjanos solos, por favor - El sargento saludó a su señor con un asentimiento y se marchó a regañadientes - Deberías intentar hacer un poco de ruido, Sayëan - dijo en un susurro - Los vessoritas pueden ser muy susceptibles, y no reaccionan bien a las sorpresas.
- Lo sé. Los conozco - Sayëan siguió con la mirada a soldado mientras se alejaba, y luego dirigió sus ojos hacia el pequeño inyector en la muñeca de Seamus. Por fín, miró a Seamus a la cara - Hicimos lo que pudimos - dijo con cierto reparo.
- ...lo sé, amigo mio. No es culpa tuya... bastante hicísteis - Seamus forzó una sonrisa para tranquilizar a Sayëan - Veo que tu gente se prepara para algo importante - dijo cambiando de tema y señalando con la cabeza la enorme bodega.
Bajo ellos, que estaban en una pasarela a media altura, podía verse la actividad del destacamento que Sayëan había hecho traer. Dos fragatas Ëaressi, además de la que trajo al Kano Ëaressi, descansaban agazapadas sobre el suelo metálico como aves rapaces. Seamus conocía aquellas naves, y las había visto actuar. Su delicado aspecto, típico de los Eldar, escondía una brutalidad abrumadora, incluso para los estándares Eldar.
Sin recursos suficientes para mantener una gran flota, los Ëaressi se habían visto obligados a concentrarse en unos pocos modelos de naves. De hecho, aparte de las fragatas y cruceros, unos pequeños cazas y las grandes naves-hogar (y factoría), Seamus sabía que no había ninguna más. Sin embargo, en contra de lo que se podría pensar, su capacidad naval era sorprendente.
Seamus sabía, porque lo había visto, que las fragatas podían enfrentarse con bastantes garantías y un buen capitán a naves del doble de su tamaño. Sólo había visto una vez un crucero, protegiendo una nave-hogar, pero a juzgar por su tamaño (casi el de su mercante, que tenía más de 2 kilómetros de longitud, y 15 veces superior a las fragatas) serían rival para cualquier nave imperial.
Y no eran sólo las naves. Seamus observó la actividad alrededor de las fragatas. Los casi doscientos guerreros eldar del destacamento se afanaban por prepararse. Unos revisaban sus armas, otros practicaban con ellas en una galería improvisada. Un pequeño grupo, sin duda los oficiales de Sayëan, se habían instalado bajo un ala de una fragata a deliberar sobre sus todavía enigmáticos planes. "¿Para qué vas a Cadia, Sayëan?", pensó Seamus.
Un tumulto llamó su atención. Su mayor sorpresa. Había oido a los comerciantes Tau hablar de ellos, pero nunca había tenido la oportunidad de verlos. Los eldar de Sayëan estaban reforzados por Kroot. El medio centenar que formaban el grupo ahora se agolpaban alrededor de lo que parecía una pelea. En un círculo vacío, dos de aquellos seres altos y fibrosos se gruñían (al menos eso parecía por los gestos) el uno al otro. Sayëan farfulló una maldición en su propio idioma. No quería altercados tribales entre sus aliados.
Seamus apenas sintió cómo su amigo eldar se apartaba de su lado como una exhalación hacia las escaleras. La velocidad del Kano Ëaressi era sorprendente, y en combate... durante un segundo Seamus recordó la primera vez que le vio combatir. Tuvo que administrarse otra dosis de calmante cuando los recuerdos pugnaron por salir de las profundidades de su mente, donde los había confinado desde entonces. Mientras el calmante hacía efecto caminó hacia las escaleras en pos de su amigo.
Cuando llegó abajo el tumulto ya había cesado. El corro de Kroot se había abierto para dejar paso al comandante Ëaressi, que estaba plantado entre ellos sin mostrar ningún temor. Seamus no estaba seguro de que él fuese capaz de eso. Pudo apreciar más de cerca (lo más que había estado hasta ahora) el aspecto de los Kroot. Brutales, salvajes, casi animales. Uno de ellos se giró y le vio observarles.
Todo sucedió muy deprisa, tanto que para que cuando fue consciente de lo que ocurría todo había terminado. Sayëan estaba inclinado junto al kroot, que estaba en el suelo. Y estaba muerto. El ángulo que su cabeza formaba con el cuerpo indicaba claramente que su cuello había sido partido. Sayëan se levantó lentamente y sin mirar alrededor dio dos pasos hacia Seamus. Los kroot que les rodeaban murmuraban.
- ¿Estás bien? - dijo Sayëan preocupado. Seamus aún miraba el cadaver, absorto - Seamus, ¿estás bien? - repitió Sayëan.
- Ssss... si - Seamus miró por fin a su amigo.
- Debiste quedarte arriba - susurró - Son peligrosos.
- Le... le... mataste - Seamus no salía de su estupor - Era de los tuyos y... lo mataste... - Seamus miró de nuevo el cadaver y luego a Sayëan.
- Patrón no matar - el gruñido procedía de la espalda de Seamus, que sin atreverse a volverse miró a Sayëan.
- Tranquilo - Sayëan señaló con la cabeza tras Seamus, que lentamente se volvió. El kroot sólo era ligeramente más alto que él, pero su complexión le recordó... "Orko...", se dijo mentalmente. Parecía claro que la dieta del kroot (Seamus conocía sus costumbres alimenticias por los Tau) había incluido a muchos de esos bestiales seres - Es un amigo.
Seamus hubiese retrocedido varios pasos para alejarse del kroot si no hubiese topado con Sayëan, que delicadamente le puso una mano en el hombro para calmarlo. Una punzada de dolor le atenazó al contacto, pero esta vez ni siquiera intentó tocar el inyector. Sólo tenía atención para los ojos del kroot, que le observaban con curiosidad, parpadeando rápidamente.
- ¿Amigo del Patrón estar bien? - dijo mirando a Sayëan.
- Si Brokaar, está bien. Sólo está algo asustado - respondió con calma sin levantar la mano del hombro de Seamus. Este empezó a reaccionar - Gracias por tu ayuda.
- Patrón ordenar no problemas en nave - Brokaar emitió un sonido impronunciable para un humano, una mezcla de chasquidos y chirridos - ...desobedecer - Otra vez los mismos chasquidos - ...muerto.
- Gra... gracias - Seamus tendió la mano hacia el kroot, que le miró extrañado - Me has salvado la vida.
- Ser Ley - Otra vez los chasquidos - ...romper Ley. Y ahora estar muerto - Hizo un brusco gesto con la cabeza y emitió más chasquidos, esta vez diferentes. Dos kroot rompieron el corro y se llevaron el cadaver. Seamus recordó su mano y la retiró. Parece que el kroot no conocía ese tipo de saludos - Ahora nosotros honrar a... - otra vez los chasquidos, dirigiéndose a Sayëan. Seamus acabó por comprender que los chasquidos eran el nombre del kroot muerto.
Sin más, los Kroot se dispersaron y Brokaar fue tras el cadaver junto a otro kroot que portaba un largo bastón muy adornado. Sayëan se quedó junto a Seamus, que de pronto hizo una mueca y miró la mano del eldar en su hombro. Este la retiró con delicadeza.
- Lo siento - Sayëan se miró la mano y se reprochó el descuido mientras Seamus se administraba otra dosis de calmante.
- No importa - dijo todavía aturdido, en parte por la impresión y en parte por las excesivas dosis de calmante - ¿Quién es? - señaló con la mirada a Brokaar, que se alejaba hacia el rincón que los Kroot habían tomado como su campamento.
- Un aliado... y un amigo.
- No parecía muy contento conmigo - dijo sin dejar de mirar al kroot.
- Acaba de matar a uno de sus guerreros, es lógico - dijo Sayëan gravemente - ..de todos nunca parece muy contento - trató de quitarle importancia para calmar la inquietud de Seamus.
- Dijo algo de su Ley...
- Un kroot nunca ha de dañar a sus patrones sin romper antes formalmente su vínculo contractual.
- Pero yo no soy su patrón... - replicó Seamus
- Pero sí mi amigo - Seamus aún no lo entendía - Y los Kroot identifican amistad con hermandad. Y el hermano del Patrón también es un patrón - aclaró por fin Sayëan.
- Comprendo... - Seamus meditó durante un momento - ¿Esto te traerá problemas con ellos? - No quería perjudicar a su amigo y... ¿hermano?
- No lo creo - Sayëan observó a los Kroot, que actuaban como si nada hubiese ocurrido - Sólo el líder del Clan puede romper un contrato, y matando él mismo a... - Sayëan dudó y optó por no intentar pronunciar el nombre. De todos modos no podría - ...a ese kroot, Brokaar ha dejado claro que hará lo necesario para que las normas se cumplan.
- Pero, ¿no podría alguno de ellos estar en contra y...? - Sayëan le detuvo con un gesto de la mano.
- Lo dudo mucho. Lo más probable es que entonces tendríamos dos kroot muertos... y un Brokaar muy enfadado - Seamus admiró la aparente confianza que el eldar y el kroot parecían tenerse mutuamente - Será mejor que subamos - claramente aludía a los aposentos de Seamus - Tanta tensión puede hacerte daño - otra alusión, esta vez al inyector.
- Tienes razón. Será mejor - Seamus se giró para dirigirse a las escaleras - ...recuerdame que a partir de ahora me quede en la pasarela...
27/12/2004
M'Yen observaba a los pilotos con desinterés. A su espalda las tropas del Shas'El se preparaban para desembarcar. Desde su sitio, normalmente reservado para un Etéreo, podía ver lo que ocurría tanto dentro como fuera del transporte Orca. Dentro, el Shas'El y los suyos revisaban las armas y el plan de despliegue, pero a M'Yen no le interesaban los preparativos militares. Así que poco le importaban tampoco el transporte Mantarraya y la cañonera Cabezamartillo que les escoltaban, o el Barracuda que iba delante, asegurándose de que no les esperaba ninguna sorpresa.
Lo que realmente le interesaba eran las señales recibidas después de colocarse en órbita. Se suponía que el mundo no estaba habitado. Sin embargo había signos de civilización en la superficie. No muy avanzada, a juzgar por las lecturas, pero civilización al fín y al cabo. ¿Habría llegado el Imperio Humano antes que los Tau a este remoto mundo?, se preguntaba M'Yen. Pero las señales no eran las propias de los asentamientos humanos. Eran más... "...refinadas", pensó M'Yen.
- Tres minutos para zona de aterrizaje - informó el piloto con profesionalidad - Lanza Uno informa que todo está despejado - Por las imágenes de las pantallas M'Yen dedujo que 'Lanza Uno' era el Barracuda que actuaba de explorador. Oyó al Shas'El ladrar las últimas órdenes a sus tropas en el compartimento de carga.
- Listos para el desembarco, Por'El - escuchó la voz del Shas'El por sus auriculares, siempre tan profesional... "y aburrido", pensó M'Yen.
- Bien, bien... adelante - respondió con desgana M'Yen.
Sintió la aceleración de la nave en estómago cuando esta empezó a seguir el terreno a baja altura. En las pantallas tácticas a su disposición observó como el Mantarraya y la Cabezamartillo se apartaban y aceleraban aún más para adelantarse y asegurar la zona mientras el Orca esperaba la señal de despejado.
El Mantarraya descendió al nivel del suelo y los exploradores saltaron de él, desplegándose rápidamente hasta los bordes del claro mientras el Cabezamartillo les cubría desde el aire. M'Yen escuchó más órdenes del Shas'El. La compuerta trasera del Orca se abrió y el rugido del viento llegó el compartimento de carga. Las tres primeras Crisis, junto a su apoyo de drones, saltaron de la nave desde más arriba de las copas de los árboles.
- Despejado - informaron los exploradores mientras las Crisis se desplegaban planeando hasta sus posiciones. M'Yen sintió cómo el estómago le subía a la garganta cuando el piloto del Orca lo hizo descender de golpe. Las Crisis tocaron el suelo al mismo tiempo que el Orca.
Cuando M'Yen descendió por la rampa las tropas del Shas'El ya habían asegurado todo el claro y los alrededores. Se cubrió los ojos para protegerlos del sol. La Crisis del Shas'El le esperaba al pie de la rampa mientras el Cabezamartillo daba vueltas sobre el claro. El zumbido de sus motores asustó las pocas bandadas de pájaros que quedaban en los alrededores.
- Posición asegurada, Honorable Por'El - informó el Shas'El, señalando lo obvio.
- Ya lo veo, ya... - Tanta demostración de eficiente inutilidad militar le repelía - ¿Cuándo podremos acercarnos al asentamiento?
- Su transporte está listo - La cabeza de la Crisis señaló el Mantarraya posado a unos metros del borde del claro, rodeado de exploradores que no dejaban de vigilar la espesura.
M'Yen se preguntó por un momento por qué no le dejarían bajar directamente en el Mantarraya en lugar de tener que montar todo este estrafalario espectáculo marcial, pero estaba seguro de que el Shas'El tendría una explicación muy completa y reglamentaria al respecto, así que se abstuvo de preguntar. En silencio caminó hasta el Mantarraya.
Un explorador bajó la pequeña rampa del transporte y M'Yen se dispuso a subir por ella. De pronto la Crisis del Shas'El, que hasta ese momento había caminado a su lado, se tensó y dio un giro brusco. Un instante después un crujido de árboles rotos llegó a los oidos de M'Yen. El Honorable Por'El sólo atisbó a ver el origen del sonido durante un segundo, antes de que uno de los exploradores le empujase dentro del compartimento de carga. Ni siquiera escuchó el 'Disculpe, Honorable Por'El' de disculpa del soldado que le empujó. En su mente sólo veía el enorme reptil que surgió de entre la espesura, y una armadura Crisis entre sus mandíbulas. Sayëan se revolvió una vez más en su camastro. No podía dormir. Desde que se enteró de la muerte de Eldrad, hace unos meses, sus noches eran cada vez más intranquilas. El recuerdo del viejo Vidente, amigo y enemigo a la vez, le acosaba constantemente. Todo, el aviso de los Arlequines, las marcas de los Cazadores, las ruinas abandonadas, el viaje a Cadia... todo partía del mismo punto: La muerte de Eldrad Ulthran.
Se levantó. Si no podía dormir al menos haría algo constructivo. Se vistió y salió al pasillo de la zona de descanso de la fragata. Había rehusado el ofrecimiento de Seamus de utilizar camarotes en el Regos. Prefería estar junto a sus hombres. Además, Seamus o, mejor dicho, sus guardias no veían con buenos ojos la presencia de las Ejecutoras que contínuamente acompañaban a su Kano. Y el incidente con los Kroot no había contribuído precisamente a apaciguar los ánimos.
Salió a la cavernosa bodega del Regos donde se habían acuartelado sus tropas. La Ejecutora que lo seguía ni siquiera preguntó y se limitó a caminar dos pasos tras él. En un rincón de la enorme cavidad estaban instalados los Kroot. Al menos estaban utilizando los calentadores de campaña que les había proporcionado, aunque sospechaba que si hubiesen encontrado algo combustible en estos momentos se estarían apelotonando alrededor de hogueras. También agradeció que Seamus no tuviese animales sueltos por la nave.
Pausadamente caminó hasta la puerta principal, donde una guardia permanente de Veteranos vigilaba la entrada por el lado interior. Por el lado exterior tuvo que detenerse para identificarse a los guardias Vessoritas de Seamus. Sabía que no les gustaría que caminase por la nave durante el ciclo nocturno (tampoco es que les gustase durante el diurno), pero Seamus había dejado claro que era libre de campar por el Regos sin ser molestado, siempre y cuando su escolta se limitase a su guardaespaldas personal ...y al pequeño grupo de vessoritas que le seguía a donde quiera que fuese.
- Voy a ver al Navegante Fansworth - dijo a los guardias, refiriéndose a Seamus. El sargento vessorita asintió y se limitó a seguirle junto a tres guardias más.
"Eldrad, Eldrad... ¿por qué me has cargado con esto?", se lamentó para sus adentros mientras caminaba por los interminables corredores del Regos. Evocó una de las primeras e infructuosas reuniones que tuvo con el Gran Vidente de Ulthwé. Su expresión solemne, su altivez, su seguridad. Recordó cómo admiró su voluntad para guiar a los suyos, aunque Sayëan no compartiese su manera de hacer las cosas. Las largas discusiones, los debates, las posturas irreconciliables.
Se habían reunido en unas viejas ruinas Exoditas, muy similares a las que hacía poco había abandonado Sayëan y su grupo, hecho que el Kano Ëaressi sospechaba no era casual. Los séquitos de ambos ocuparon las antaño gloriosas ruinas, protegiendo a sus líderes. Sayëan con sus exarcas y soldados, y Eldrad con sus Lágrimas Negras y sus Videntes...
...sus Videntes. "Qué extraño", se dijo Sayëan al pensar en los subordinados de Eldrad. Apenas recordaba sus rostros y nombres, pero algo le llevó a pensar en ellos. En ellos... ¿o en alguno en concreto? Se detuvo ante uno de los miradores del Regos, de camino al puente de mando. A través del ventanal se extendían los informes e inquietantes torbellinos de la Disformidad.
Sayëan meditó durante un momento, apoyado en la baranda del mirador, mientras los guardias de Seamus e incluso su Ejecutora se impacientaban. Oyó al sargento vessorita susurrar algo por la radio de su casco, pero no prestó atención. Estaba sumido en sus cavilaciones, absorto en los remolinos de la Disformidad. "Lilith..."
El nombre sorprendió a Sayëan. Se había abierto paso a través de sus recuerdos. Recordó a la por aquel entonces joven vidente del séquito de Eldrad. Una más entre los varios que acompañaban al Gran Vidente. No acertaba a comprender por qué recordaba ese nombre de entre los demás. Tal vez tenía algo que ver con este viaje, con la muerte de Eldrad... con la Presencia que sintió en el Templo. Tendría que meditarlo con más detenimiento, y consultarlo con sus videntes consejeros. Se preguntó qué sería de aquella joven Vidente...
- Un penique por tus pensamientos - la voz provenía de un corredor. La Ejecutora ya estaba en guardia cuando Sayëan se tensó, pero al unos instantes reconoció la voz, deformada ligeramente por los cavernosos corredores. "Seamus...".
El Noble Navegante Seamus Fansworth tenía un aspecto casi cómico, con su túnica y su expresión jovial. Miró a Sayëan, que apenas había cambiado la tosca expresión de su cara, pero que se había relajado perceptiblemente. Sayëan tomó nota de no distraerse con tantos pensamientos desconcertantes.
- ¿Qué has dicho...? ¿'penique'? - Seamus siempre le sorprendía con aquellas rarezas culturales, extrañas incluso para un humano.
- Es una vieja... muy vieja, expresión humana. Es una manera de sacar a las personas de sus cavilaciones - Seamus puso un tono ligeramente sarcástico.
- Estaba meditando... - Sayëan frunció el ceño ligeramente, algo molesto por la interrupción.
- Espero que no fuese nada demasiado importante - dijo Seamus para disculparse. Era sincero.
- Sólo algunos recuerdos - ambos se volvieron para mirar la Disformidad.
- Ahí afuera las cosas están muy revueltas - dijo Seamus para cambiar de tema, aunque sin dejar claro si se refería a la Disformidad o a otra cosa.
- Lo sé. E irán a peor, me temo - Sayëan miró de reojo a su amigo humano, que miraba atentamente los remolinos - Desearía no haberte metido en esto.
- No tienes que disculparte. A nadie le gusta volar a ciegas, pero estoy seguro de que tienes una poderosa razón para hacer todo esto.
- Así es... ojalá pudiese explicártelo - "Y a mi mismo", pensó Sayëan, avergonzado por tener que ocultarle tantas cosas a su amigo.
- Cadia no es un destino turístico muy popular últimamente, Sayëan - Dijo Seamus dejando entrever cierta preocupación.
- Dejaremos el Regos en el exterior del Sistema. No quiero que arriesgues tu nave. Seguiremos solos - Trató de disipar las preocupaciones de Seamus.
- Siempre solos, ¿verdad? - Seamus se volvió para mirar a Sayëan - ¿Por qué siempre sois tan cabezotas? - Sayëan hizo un gesto a la Ejecutora, que se había tensado al escuchar el tono de Seamus, que hizo lo mismo a sus guardias, recordando de paso lo inútiles que eran dadas las circunstancias. Si la exarca Ejecutora o Sayëan quisieran hacerle daño se necesitarían bastante más de cuatro guardias, por muy vessoritas que fuesen.
- Nadie es perfecto - dijo Sayëan con una suave risa para relajar el ambiente - Tú también eres un cabezota. Un cabezota que ha aceptado meter su nave - Sayëan abarcó con un gesto la sala del mirador - en el rincón más peligroso de la Galaxia.
- Sólo hasta las afueras - Seamus hizo un gesto con la mano como quitando importancia al asunto - Eres tú el que va a la boca del lobo con esos tres cascarones - Bromeaba. Sabía que esos tres 'cascarones' podrían hacer trizas su nave en cuestión de minutos - ¿Cómo lo harás? ...si puede saberse - El tono era más serio.
- Apretando los dientes y cruzando los dedos - respondió Sayëan utilizando una expresión que había escuchado al propio Seamus, aunque era una manera de decir que no podía explicárselo.
- Está bien... sólo era curiosidad. - era sincero - No me gustaría que te pasase nada. Cadia es un lugar peligroso. El Caos está a punto de tomarlo.
- No lo harán - dijo Sayëan con seguridad - No me mires así. Mi presencia no va a cambiar lo que pase. Sólo somos figurantes en esta historia - Sayëan incluía a Seamus.
- Pero algo tendrá que ver, ¿no? - dijo Seamus sabiendo la respuesta.
- Quien sabe... - respondió Sayëan encogiendo los hombres - ...las cosas... - Seamus interrumpió a Sayëan levantando la mano. Parecía escuchar algo. Sayëan sabía que el Navegante llevaba numerosos implantes que le conectaban, incluso ahora, con su nave. Permaneció en silencio hasta que Seamus bajó la mano - ¿Noticias? - Ya sabía lo que iba a decir.
- Llegaremos en 12 horas - Se miraron fijamente - Deberías preparar a tu gente...y yo a la mía.
- Así es... - Sayëan dudó un momento. No estaba seguro de si volvería a ver a su amigo.
- Suerte amigo mío - Se adelantó Seamus, tendiendo la mano. Sayëan suspiró con resignación. Ambos sabían lo peligrosa que era la situación.
- Suerte Seamus - Sayëan estrechó la mano de Seamus - Cuídate... y saca el Regos del Sistema en cuanto salgamos de tu bodega, ¿entendido?
- Oh, vamos... ¿voy a tener que perderme el espectáculo? - Ambos rieron suavemente - Adios Sayëan. Que el Emperador sea contigo - Sayëan pareció sorprenderse por el ruego.
- Y que... - dudó un momento - ...que Isha sea contigo - No iba a encomendar a su amigo a Khaine, y ambos lo sabían.
Sin más, ambos se dieron la vuelta y caminaron hacia sus respectivos puestos. Sayëan a sus naves, en la bodega del Regos, y Seamus a su puesto en el puente del mercante.
Horas más tarde, tras los últimos preparativos, el Regos salió del Espacio Disforme en los límites del sistema cadiano y la compuerta principal de la bodega del Regos se abrió al espacio. Seamus Fansworth estaba postrado en su sillón de Navegante, boca abajo. Todas las conexiones que le unían a su nave salían de su columna vertebral. En su mente vió como las tres fragatas abandonaban el Regos para desaparecer de sus sensores ocultos por su camuflaje.
En las profundidades de las salas de máquinas del Regos unos paneles de circuitos se fundieron entre chispas eléctricas en respuesta al temblor que asaltó a Seamus, transmitido por las conexiones cibernéticas. Por una vez rogó para que Khaine, el Dios de la Guerra Eldar, acompañase a su amigo el Kano Ëaressi. Luego se administró una dosis de calmantes para aliviar el dolor que ese deseo le causaba mientras un servidor le limpiaba las heridas que en su espalda, en carne viva, nunca cicatrizarían 'gracias' a otros seguidores de Khaine. "Afortunadamente no todos son iguales", pensó Seamus cuando las fragatas desaparecieron completamente de sus sensores.
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